Edición Nº 1660

 

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    ARTICULO

    8 de marzo de 2001

    ¿Canta Venero?
    Alberto Venero Garrido continúa hablando ante las autoridades en el penal San Jorge. Salen a la luz más detalles de sus vínculos con Vladimiro Montesinos.

    El cusqueño Alberto Venero hacia fines de los años '70, con su esposa Luz Nazzar y sus hijos Rosa, Patricia y Alberto (en brazos). Entonces ya tenía una fábrica de confecciones y era proveedor de la Policía Nacional.

    AL cierre de esta edición, Víctor Alberto Venero Garrido había pasado ya más de 24 horas declarando ante el juez Saúl Peña y la fiscal Ana Cecilia Magallanes, en la sala de audiencias del penal San Jorge. El martes pasado, por añadidura, llegaron allí los integrantes de la Comisión Waisman y, durante más de 10 horas, también interrogaron al presunto testaferro de Vladimiro Montesinos.

    ¿Está Venero revelando todo lo que sabe? ¿Ha decidido "cantar" y está realmente arrepentido? Por ahora, a nivel judicial se ha decidido escuchar toda su versión, desde sus esforzados orígenes en el negocio de las confecciones hasta la época en que empieza a tratar con "Los gordos" (así es como él llamaba a sus socios en la compra de armas).

    Como un gesto frente a su ofrecimiento de colaboración, el pasado jueves 1ro. las autoridades judiciales aceptaron el pedido de Venero para que lo sacaran del penal y lo llevaran hasta una oficina ubicada en la avenida Caminos del Inca de Surco, donde, según él, había documentación importante.

    Escoltado por doce vehículos policiales, fue llevado a dicho lugar y, en efecto, se encontró papeles contables de las inversiones que hizo en construcciones y adquisiciones, recibos de depósito de dinero y otros documentos que manejaba su contador, Julio Aranda Ramírez.

    Esta información, según fuentes judiciales, es valiosísima, pues registra todo el movimiento de las inversiones que realizó Venero a través de la Caja de Pensiones Militar Policial, así como las ventas que realizaba a las Fuerzas Armas y Policía Nacional como proveedor. También guarda la relación de las entregas de dinero que hacía a Montesinos por comisiones, las que sumarían 36 millones de dólares.

    Venero, además, admitió haberle regalado un Mercedez Benz al ex asesor en 1992, año en el que según él lo conoció. Luego le regaló dos camionetas blindadas y, más tarde, él y "Los Gordos" le regalaron un Volvo y un Mercedes Benz blindados.

    En un ambiente del penal San Jorge. Al ritmo de sus declaraciones empiezan las revelaciones. A Montesinos, por ejemplo, Venero le habría pagado 36 millones de dólares en comisiones.

    Posteriormente, el empresario se encargó de buscarle casa de playa y casa de campo a Montesinos. Le alquiló una vivienda en Chaclacayo y le quiso vender una casa en Las Casuarinas, pero éste no la compró porque temía que entraran por el aire y lo mataran. Además, no quería que los residentes de la urbanización lo reconocieran cuando ingresaba.

    Montesinos, de acuerdo a Venero, estuvo cerca de un año buscando casa de playa. No le gustaba ninguna de las que vio porque carecían de agua potable y teléfono. Por fin, a través de Juan Valencia Rosas, quien había puesto un hotel en Playa Arica, consiguió la famosa casa, que primero alquiló y luego compró.

    Venero explicó a los magistrados que allí había tres casas. Una era ocupada por Alberto Fujimori, otra era para Montesinos y la tercera para Jacqueline Beltrán. Se tuvo que modificar la construcción, blindar las paredes y extremar la seguridad pues allí dormían los hombres más poderosos del país.

    Ante la Comisión Waisman, Venero también admitió haber pagado alrededor de 36 millones de dólares a Montesinos, en comisiones por el manejo de la Caja y por la adquisición de armas, uniformes, chalecos, helicópteros. Señaló, asimismo, que en 1997 sufrió un extraño atentado cuando manejaba su auto acompañado de su seguridad. Tuvo que arrojarse del vehículo y se rompió cinco vértebras. Más tarde, enfermaría de cáncer al colon.

    Su esposa, Luz Nazzar, fue puesta en libertad el pasado fin de semana. El ha prometido seguir haciendo revelaciones, pero teme un atentado y es consciente de su enfermedad. "Estoy condenado a morir por el cáncer que sufro -dice-. Mis socios, `Los Gordos', se confabularon contra mi persona. Todos me han señalado como el gran responsable y me han traicionado. También Montesinos".

    "Quiero que mi apellido no sea sinónimo de corrupción -agrega-. Antes del gobierno de Fujimori yo era un empresario de éxito. Ya tenía mis galerías Venero y era proveedor de las FF.AA. y de la Policía. Quise ganar más y ése fue mi error".

     



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