|
Portada
Nos
Escriben...
Mar
de Fondo
Heduardo
China
te Cuenta...
Ellos
& Ellas
Culturales
Caretas
TV
Controversias
Lugar
Común
Piedra
de Toque
Mal
Menor

|
|
 |
 |
8
de marzo de 2001 |
Por
AUGUSTO ELMORE |
EL lunes12 se hará justicia con un embajador extranjero que
sufrió un inmerecido maltrato del régimen anterior: Raúl
Fernando Leite Ribeiro, quien fuera embajador del Brasil hasta abril de
1993, fecha en la que tuvo que dejar el país después de
fructíferos y positivos seis años en Lima, sin siquiera
poder pasar por Torre Tagle ni recibir, como es costumbre, y él
lo merecía por la notable labor realizada en el Perú, la
Orden del Sol. El problema para este gran amigo del Perú se inició
cuando a raíz del autogolpe del 5 de abril del '92 fue llamado
por su gobierno para informar sobre la situación peruana y sus
declaraciones, obligadamente condenatorias, filtradas a la prensa de su
país, fueron mal interpretadas, al punto que la embajada del Perú
en Brasilia lo acusó de atribuir al "miedo" la falta de respuesta
del pueblo peruano ante ese acto que fue el inicio de todas las iniquidades
que el país ha sufrido. No era eso lo dicho ni mucho menos la intención
de ofender al pueblo peruano la del embajador Leite Ribeiro. El gobierno,
en acto totalitario, puso en cuarentena al embajador del Brasil y le impidió
despedirse con todas las de la ley y a la usanza diplomática, negándole
la Orden del Sol que el actual gobierno provisorio, en acto de justo reconocimiento,
le hará entrega oficial este lunes, como dije. Desde estas líneas
saludo a Raúl Fernando Leite Ribeiro, amigo ejemplar del Perú.
Bienvenido a casa.
Otra vez los bárbaros: el 28 de febrero, en plena canícula,
representantes de la municipalidad de San Borja se hicieron presentes
en la Alameda Los Picaflores, de Chacarilla del Estanque y, machetes y
sierras en mano, se dedicaron perjudicar a los vecinos, privándolos
de la generosa sombra que proyectaban los hermosos álamos allí
sembrados hace muchos años. ¡En febrero!, cuando un Sol abrasador
hacía presa de la ciudad, estos Atilas municipales decidieron por
sí y ante sí podar, casi talar, esos árboles tan
nobles y hermosos, que pertenecen a los vecinos y no a la municipalidad
ignara, dejándolos en lastimosos muñones, y privando a la
zona del amparo de su sombra. Con perdón de la palabra: ¡qué
tales bestias!
Un joven amigo peruano-francés, tenaz investigador periodístico,
visitó hace poco Lima para volver a encontrarse con la tierra que
su padre le enseñó a amar. En su mochila juvenil trajo consigo
su último libro, titulado "Ils se croyaient intouchables" (Ellos
se creían intocables), publicado por la conocida editorial Albin
Michel. Me dedica el ejemplar diciendo: "Para Augusto, esta historia de
la corrupción francesa -sin ideología-, prueba que el dinero
puede destruir los fundamentos de las democracias más viejas…"
Trata de los procesos iniciados en Francia contra personajes en su momento
estelares de la política francesa, como Roland Dumas, ex presidente
del Consejo constitucional, Alfred Sirven (que, mismo Vladimiro, distribuía
los sobres con dinero a diestra y siniestra), Christine Deviers-Joncour,
que organizaba las fiestas y los saraos. Y dice la contratapa del revelador
libro: "Chirac no estaba inquieto. Mitterrand ni lo pensaba. Los millones
que detentaban los dirigentes de Elf estaban a buen recaudo. Y después,
un buen día, todo trastabilló. Phillipe Jaffré, el
nuevo presidente del directorio (de Elf) abrió la Caja de Pandora.
Eva Joly et Laurence Vichnievsky entraron en escena. Loik Le Floch-Pringent
fue conducido a prisión. Y el desembalaje recién comienza.".
Queridos lectores(as): ¿No les parece algo conocido? Sólo
que aquí la cosa, como se comprueba cada día, ha sido peor.
Me han quedado en el pensamiento sus palabras: "el dinero puede destruir
los fundamentos de las democracias..." Y también el título
del libro: Ellos se creían intocables. ¡Hasta en Francia!
Me entero, al igual que todos los peruanos, que "agotarán la
vía diplomática para traer (del Japón) a Fujimori".
Yo creo que el gasto que probablemente se hará para tan ímproba
tarea no tiene sustento ni futuro, porque el gobierno nipón no
va a entregar, ni de a caulas, como se dice, a su súbdito predilecto:
el nipón por partida doble: Fujimori Fujimori. No se debería
gastar un yen en el intento. Más bien habría que, en todo
caso, declararle la guerra al Japón.
Los tiempos cambian, quizá por influjo de los nuevos gobernantes,
por provisorios que sean: por ejemplo, en la carretera al Sur, ahora los
policías de caminos que detienen a los automovilistas que sobrepasan
la velocidad establecida, se acercan al vehículo transgresor y
en vez de pedirle a quien lo maneja plata para la gasolina o para una
rifa, se acercan al automovilista y le dicen tan sólo, casi con
exquisita cortesía: Señor, lo único que le pido es
que baje la velocidad. Asimismo, por primera vez en varios años,
en la Vía Expresa, que es mi ruta habitual, he visto más
de una vez a algunas de esas jóvenes policías motorizadas
en sus flamantes Harley Davidson que recorren dicha vía -que antes
se la pasaban conversando entre sí- detener a motociclistas particulares
que hasta no hace mucho tenían cancha libre para transitar por
allí, cosa que está prohibida por supuesto. ¿Será
la presencia del general Ketín Vidal la que ha influido en ese
cambio de actitud? ¿O una nueva moral empieza a reinar en el país?
¿Se han puesto a pensar qué nos va a ocurrir cuando ya
no existan más vladivideos por ver? ¿Qué será
de nuestra vida entonces? Cuando ya no existan más videos, digo
yo, habrá que pasar los videos aquellos que no sé a quién
se le ha ocurrido que no se pueden ver y que, para colmo, parece que se
los han entregado a la Iglesia, como si sus miembros fueran expertos (o
morbosos). Los videos íntimos digo. ¡Ya, pues, no sean egoístas!
¡suéltenlos! Poder ver es una libertad tan sagrada como la
propia libertad de leer, digamos.
Apenas unas líneas, temiendo ofender la modestia natural de la
poeta Blanca Varela, para felicitarla por el premio Octavio Paz que recientemente
le ha sido anunciado. Pocas veces la poesía ha tenido, como en
ella, la virtud de estar, como quería Martín Adán,
tan callada, escuchando su propia voz.
|