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Edición Nº 1660 |
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Por JAIME BEDOYA
Según el principio del Determinismo Biológico, los eventos naturales marcan el carácter humano. Si esto es así, los sustratos primordiales de la Plagiostoma giganteum, nombre científico de la "concha gigante", han preservado en los mejores hijos de esta tierra la ostentación pública de faltas y vicios. Es decir, la conchudez. El cómo y por qué esta desfachatez por la que el fujimorismo tanto hiciera se haya expandido más allá de sus fronteras primigenias, alcanzando a personajes insospechados y de todos los sectores pertenece al campo de la ciencia moral y sus desviaciones: negar, justificar, evadir responsabilidades pública y desvergonzadamente. El caso de los hermanos Kouri, por involuntariamente cómico, guarda gran potencial pedagógico (ver cuadro). El último en acercarse a esta lista ha sido Alejandro Toledo. Cualquier hombre que haya tenido un hijo sabe la manera en que éste le cambia la vida. La completa y redefine, concentrándola hacia quién nos verá, sino como el mejor, como el más cercano ejemplo de vida. Quien desaprovecha la oportunidad de querer a un hijo, y de hacer el mejor esfuerzo por darle a éste un padre, no tiene idea de lo que es la vida. Quien por añadidura se acueste todas las noches, durante 13 años, con la más mínima duda acerca de una paternidad, es un irresponsable patológico. Si un hijo llega dentro del matrimonio, fuera de él, por amor o de casualidad, en una cama o en el asiento trasero de un auto, es un tema que compete a la pareja. Pero sólo a un idiota moral se le ocurriría condicionar el reconocimiento filial, empezando por el afectivo, a esa circunstancia. La sangre no se asume por deber social ni por fallo judicial. Si esta persona es además aspirante a un cargo público, su demostración de irresponsabilidad en un tema tan delicado deja de ser necedad privada para convertirse en riesgo público: ¿Cómo así pide responsabilidades mayores? Las autoridades, para mal usualmente, acaban siendo modelos de comportamiento. El caso Fujimori es evidente y patético. En un país embrutecido por el machismo y el cultivo de la paternidad irresponsable como falaz virilidad, un ejemplo como éste resulta brutalmente prehistórico. La conducta de Toledo, desde que se le hiciera en 1989 una denuncia de paternidad, año en que políticamente hablando no era ni siquiera un Ciro Gálvez, y su penosa reacción actual por una inconducta que arrastró todo este tiempo, generan desilusión y vergüenza ajena en quienes creyeron y apoyaron su lucha. Acusar de montesinismo a los que han retomado seriamente una denuncia antes manipulada, es de un cinismo primitivo. El país acaba de salir de diez años de eso y él bastante tuvo que ver, pero no por eso se convierte en inimputable. La prueba de ADN acabaría con la guerra sucia de la que dice ser víctima y con el evidente uso interesado que sus enemigos hacen y harán de su confuso silencio: véase Expreso, el medio que recibió millones de dólares del SIN hablando ahora de "moralidad". Si Toledo está diciendo la verdad, el resultado del examen le daría el triunfo en primera vuelta. Si mintió 13 años, le tocaría a su hija perdonarlo: Es algo que los hijos siempre saben hacer.
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