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Edición Nº 1662 |
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LAS
Tarea azarosa la de reunir en un solo libro la prolífica vida y obra de LAS. Pero "Cien Años de Luis Alberto Sánchez - Homenaje del Congreso de la República" (Fondo Editorial del Congreso), cumple largamente su cometido. Presenta los testimonios de quienes fueron sus discípulos: Luis Jaime Cisneros y Pablo Macera, de su biógrafo Hugo Vallenas y de su compañero de partido Luis Alva Castro. Da cuenta de sus libros publicados -tantos o más que sus cumpleaños-, incluye su biografía en imágenes fotográficas -gracias a la depositaria de sus tesoros, Marlene Polo- y, finalmente, reproduce su tesis de Bachiller en Letras (1920), de la Universidad de San Marcos. EN el Perú de estos últimos tiempos quienes más
vivos están son precisamente nuestros muertos, escribe Luis
Jaime Cisneros en su lúcido testimonio. Nada más exacto.
Imposible resumir en estas líneas los extensísimos datos biográficos y bibliográficos de LAS -siempre se dice que murió de tanta vida-, pero es preciso anotar otra vez que fue escritor, ensayista, docente (tres veces rector de San Marcos), aprista fiel, periodista de opinión, constituyente (1931 y 1978), diputado (1945), senador (1962, 1980, 1985 y 1990), presidente del Senado (1985-1986) y primer vicepresidente de la República (1985-1990). Además -recuerda Macera-, esgrimista, bailarín, mujeriego,
amigo de los cafés y lector impenitente medio ciego (ciego finalmente).
Bueno, pues ahora nos enteramos que también fue poeta.
En la segunda parte del libro-homenaje titulada acertadamente "Bitácora
de una vida sin tregua", Marlene Polo y Hugo Vallenas nos descubren (entre
otras cosas), a través de facsimilares, la faceta menos conocida
del polémico LAS. La del poeta. Y es justamente a estas dos personas, Polo y Vallenas (no son apristas por si acaso), a quienes recurrimos para seguir curioseando. ¿Cómo era Sánchez realmente más allá de sus "Testimonios Personales"? Aunque Hugo Vallenas lo conoció recién en 1992, se lo sabía de memoria. Ocurre que este historiador ganó, con un ensayo (crítico) sobre el Apra y Haya de la Torre, un concurso convocado por el Instituto Cambio y Desarrollo. Uno de los jurados fue LAS. A partir de entonces los dos trabajaron juntos. Vallenas organizando
sus archivos e investigando sus trabajos inéditos. Sánchez
respondiendo innumerables inquietudes. Finalmente los dos firmaron un
libro. La última de las obras publicada en vida de LAS: "Sobre
la herencia de Haya de la Torre".
Vallenas responde a esa pregunta que ha perseguido constantemente a la obra de Sánchez. ¿No contiene erratas y datos equivocados? "Sus libros de investigación minuciosa son irreprochables. Otros tenían el propósito de divulgación y fueron escritos para el gran público. Hay que saber analizarlos. LAS se tomaba muchas libertades y también daba curso a pequeñas venganzas. Ahí está Ecce Riva-Agüero (1935), panfleto convertido en fuente de consulta de todos los ataques a Riva Agüero, quien hizo requisar unos textos escolares de Sánchez". Durante veintidós años, Marlene Polo, historiadora, estuvo al lado de Sánchez. Fue su secretaria y amiga. "Nuestra relación no era la del jefe y el empleado, había otros ingredientes: la amistad y la confianza. Cuando fue premier, por ejemplo, si yo no estaba presente, él no firmaba ningún documento. Porque no veía". LAS tenía una retinitis pigmentosa incurable. No obstante,
hasta 1980 resolvió el geniograma sabatino auxiliado por una gran
lupa. Detestaba los bastones y era tan orgulloso que siempre andaba con
un periódico medio saliendo de su maletín, como que lo estaba
leyendo. "Después la visión le fue bajando muchísimo.
Se sentía castigado por la vida", dice Polo. Tanto que pretendió
suicidarse. "Cuando ya no vea nada me voy a matar", le había dicho.
"No lo creo porque usted ama la vida", le contestó ella. "Amo lo
que veo", respondió, tajante. De pronto, en su oficina (circa 1977), se escuchó un disparo. Los que allí estaban corrieron a verlo. LAS tenía una pistola en la mano y la única bala que salió de ésta había atravesado el techo. Sucede que al intentar dispararse en la sien, la pistola se atracó. LAS entonces la probó disparando hacia arriba. Fin del incidente. Marlene Polo le leía todos los días. No uno sino tres libros. Lo acompañaba a almorzar al Maury, Cordano o Bolívar. Lo miraba beber su aperitivo y varios whiskys. Soportaba sus furias momentáneas que le hacían arrojar tinteros contra las paredes. Reía cuando improvisaba canciones a partir de cualquier palabra. Le ocultó el cáncer a la próstata que diez años después le causaría la muerte. Ahora lo extraña. ¡Qué duro resulta aceptar el silencio de Luis Alberto Sánchez en esta hora de desconcierto moral que vive la República!. Va terminando su testimonio L.J. Cisneros. (Teresina Muñoz-Nájar)
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