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Edición Nº 1662 |
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Por FERNANDO VIVAS
BONITA campaña la que nos toca en suerte. Candidatos que temen pisarse los callos dejando la investigación sobre sus rivales a una televisión asustada. Ningún entrevistador tira la primera piedra porque le tuercen el brazo, le dicen fujimontesinista y le enrostran su pasado. Algunos rabos de paja están tan inflamados que nos distraemos con ellos mientras el entrevistado fuga por la tangente. La única bomba televisiva electoral salió del 2 aunque el canal luego decidió dejar solo a Jaime Bayly pues consideró el tema de Zaraí Toledo inoportuno. Pamplinas. Ningún atestado sobre la irresponsabilidad de un candidato está fuera de lugar como tampoco lo están las imputaciones sobre el fujimorismo escondido bajo las faldas extralarge de Lourdes Flores. Bayly tuvo una salida diplomática: respondió a la furia de Toledo, le dijo en su cara a Lourdes que no votaría por ella y posó como fan de Popi Olivera. Todo para evitar que le caiga el mote de sapo buscando votos ajenos, que no lo es. Bonita campaña donde la presunta candidata de derecha, pacata
confesa, se da el lujo de reprochar al presunto candidato de izquierda,
cholo moderno, su homofobia. Eso de denostar a "los que entrevistaban
homosexuales en Miami", refiriéndose a JB, fue una toludez. Eliane
Karp, véngate de todas las veces que te ha tapado la boca y mándale
un cocacho a tu consorte. Por evitar una guerra sucia que contraríe sus afanes, que los agite y los haga sudar en exceso; los candidatos han hecho un pacto que no nos conviene. Le han dejado a los medios ateridos y a los electores indecisos la responsabilidad de aclarar sus problemas de conciencia. Somos nosotros los que cargamos con el ácido ribonucleico de Toledo, con las frustraciones de Popi, con los errores populistas del APRA y con un terrible dilema que debe aguijonear la conciencia de Lourdes Flores: ¿hasta qué punto, bajo el respetable manto de la Unidad Nacional, vale la pena recibir el apoyo de la clase política y empresarial corrompida durante el fujimorato? ¿para triunfar, ese aporte es munición o veneno? El conservadurismo vital traiciona la sagacidad y buena voluntad políticas de Flores Nano. Admiro a los decididos y espero formar parte de ellos si no es antes después de las elecciones. La confianza venga de quiénes venga y vaya a quién vaya, es buena para un país desmoralizado. Sin las preguntas y respuestas debidas sigue la carrera. Toledo no hace gala de su preocupación por captar empresarios (no le conviene electoralmente pues de eso se acusa a Lourdes) y en cambio, se remanga la camisa y le da a la franela y al betún en la federación de lustrabotas. Ese es su mejor arma y la Tv. apuesta por el talkshow. ¿Quién no quiere ver cómo acaba el testimonio del cholito de Cabana que lustraba tabas en Chimbote y se fue a estudiar a los EE.UU.? En cambio, Lourdes Flores prefiere el programa conversado. No tiene el rating de Toledo pero sí muy buen share porque aparece bastante y con públicos diversos. Despierta menos pasiones y también menos rechazos que su rival. Alan, viejo zorro populista, nos canta un vals y espera que lo bailemos. Alan había ingresado con la pata en alto pero ahora silba divertido
mientras los otros hacen como si se pelearan. Tus militantes podrían
haberme tirado una piedra, pero no han sido ellos, ah, yo decía
nomás. No te me corras del debate en primera vuelta, no si aquí
estoy, te llamé pero estabas en Brasil. La estrategia de Lourdes
es la de Toledo cuando entró recién a lidiar con Fujimori
a fines del 99 y no se le opuso hasta que otros competidores estuvieron
fuera de carrera. Y la de Toledo es responder a tontas y a locas como
si lo hubieran atacado por la espalda. El caso Zaraí y cualquier
denuncia que cuestione su probidad moral probablemente no afecten su caudal
electoral pero afecte su templanza. Al menos, el candidato favorito es
humanamente irresponsable. Ojalá también se comporte humana
y democráticamente tolerante, si quiere llegar a Palacio respetando
a la prensa libre.
Escribe ROSA MARIA ALFARO
Hoy zapear en Tv. es descubrir el espejo vergonzoso del país hecho pedazos, augurio de mala suerte, sonidos de futuro incierto. Corrupción y proceso electoral se conectan haciendo cortocircuito en nuestras esperanzas de cambio. La credibilidad del ciudadano consumidor anda a la deriva. La Tv. se desenmascara dentro de su propia programación, con vladivideos o sin ellos. A pesar que algunos tengamos "cable" y podamos huir, estamos enchufados masoquistamente en la Tv. de señal abierta, porque queremos encontrar la explicación de nuestro enigma como país condenado al estancamiento y la corrupción. Siguiendo nuestro destino de aprender sobre desgracias y exposiciones de nuestra miseria moral, al fin, y por razones no cívicas sino de escándalo, la televisión está en cuestión, acusada de actuar ella misma contra la libertad de expresión, antes tan teatralmente defendida. Autoagresión liderada por sus propios propietarios, entre fajos agraviantes de billetes. La Declaración de Chapultepec no imaginó tal coordenada. Hoy este medio es materia de juicio público y poco se aprovecha para explicarnos por qué ha sucedido. La debilidad de los propios medios para la autocrítica y la presencia de grandes dosis de cinismo en algunos de sus directivos, nos demuestra palmariamente su incapacidad para autorregularse desde principios éticos. Intentemos explicaciones posibles Nunca la tele se pensó como servicio público, sino como un negocio cualquiera, a pesar que con ella se configura la cosa pública: agenda, opiniones, climas y legitimaciones políticas y valóricas. La vocación de la televisión por lo peor es impresionante. No sólo porque no hay noticias y periodismo de investigación sobre lo que se está haciendo bien en el país, sino porque de simples datos de audiencia se deduce lo que a la gente le gusta y cuanto más grotesco y barato sea, mejor. Así la calidad no es un reto profesional ni empresarial. Es la oferta simplista para un país "vulgar" que poco se conoce. Y los peruanos no somos así. Es decir, su propuesta es una negación al diálogo comunicativo de calidad. Si a ello añadimos que el periodismo crítico e independiente está aún poco valorado por sus propietarios, a no ser que les de rating, completamos un panorama desolador en el que la verdad navega encubierta y sin rumbo. Hoy repensar a los medios como servicio público nos sirve para redefinirnos como ciudadanos activos, sus verdaderos y auténticos jueces. Nos hace falta discutir en diálogo nacional, qué tipo de televisión queremos. Así, zapear, vigilar, exigir calidad y ética en la televisión constituirán nuestras nuevas responsabilidades con el país y la democracia. ¿Será posible?
El Cuerpo del Delito
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