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Edición Nº 1662 |
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Toda la Sangre
"Una muerte es una tragedia, millones de muertes son una estadística". dice más o menos la frase de Stalin. Para hablar de la antología de banderas (1985-2001) de Eduardo Tokeshi hace falta exhumar muertos. Muertos de la patria que cargan plásticamente al pabellón nacional, bajo el perturbador elemento del fardo funerario. Bandera I empieza su manufactura al día siguiente de la masacre del penal "El Sexto". Un literal trapo blanco y rojo cosido al lienzo de manera rudimentaria, lo esconde en su vientre. Gustavo Buntinx -curador de la muestra- habla del fardo en su acepción quechua malki: momia, feto y semilla. Podría decirse que el devenir en la obra de Tokeshi es la germinación de la muerte. Uchuraccay, trabajo previo (1) y anexo a esta retrospectiva, anuncia el tratamiento de manera casi pedagógica: a la bolsa negra -o cadáver embolsado- se añade un dibujo que esquematiza tal recurso de entierro. La gruesa costura de Bandera I incide en el carácter visceral, para esta primera pieza el fardo permanece oculto. Es en el año 87 que Tokeshi realiza sus Banderas II y III, donde el fardo, como muerto vivo o perenne se expone colgado. Si existe una correspondencia histórica, en cuanto la obra es interpretación del estado de cosas político, la secuencia se plantea igualmente como un paso a paso estético. Para la Bandera IV el vinilo negro ha cubierto en su totalidad el soporte y se avista en el pujante interior, como un parto de la muerte, a la bandera. Es ahora la muerte la que "alumbra" al país en una secuela marcada por su alusión al terrorismo y la violencia generalizada. Bandera II en su doble división de pabellón y esteras asemeja un cuerpo que al descubrir sus vestiduras revelara su identidad migrante. Es una pieza dividida entre lo andino y lo urbano y ceja la disyuntiva de la migración andina como migración de violencia: tanto a migrantes escapando de la violencia como al terrorismo en sus miras de llegar a Lima. Bandera III es quizá la representación más cruda, desde donde el precario material revela la inocencia o injusticia ante la muerte. Es aquí donde se empieza a contar a los muertos, con 6 figurillas de yute, muertos y testigos de la muerte sobre el fardo. El luto implícito por ellos, en Bandera IV se guarda hasta el 91, cuando Lima era ya un objetivo. Bandera V o "El Ultimo Round" advierte el choque de fuerzas que expone en Bandera VI y VII (92 y 94). El peso del fardo finalmente expulsado se desmiembra en una estética de intersecciones, puntos, cruces, corazones, trazos cuadriculados y exvotos reveladores de la estadística: la violencia desatada y asumida plásticamente en la multiplicación de sus estragos. Sólo queda contar corazones, brazos, piernas y esperanzas en figurillas incrustadas a la espuma roja. Esa es la paz tras la guerra urbana. La del 2000, Bandera VIII, se presenta como un conjunto de bolsas plásticas de sangre y sal. Los conductos caen, la patria dispone su sal y su sangre. La última, Bandera IX o "Levedad Patria" de este año, es una caja de humo y luz. Evoca una patria difusa, de credibilidad sin asideros. Las banderas de Eduardo Tokeshi empezaron persiguiendo el imposible conteo de la muerte anónima y discurren una búsqueda donde la urgencia de la acción privilegia la decisión estética. En Larco 1150, Miraflores. (Marifé Nevares). _______
Día Feliz
EL programa empieza a las 11 a.m. con un gran pasacalle en la avenida Larco, donde participan Yawar, La Tarumba, Gestos, Waytay, Juan XXIII, Teatro en el Buque, Perú Eterno Danza Ecléctica, Teatro del Milenio, Imágenes, Grupo Clavo y Canela, Teatro Loco, Aryes, Los Tuquitos, Maguey, Komilfó, Entepatas, Aqualuna, Espacio libre, Tierra Tribal, Arenas y Esteras, Hakawati, Teatro Universitario de San Marcos y Teatro de la Universidad Cayetano. En el Centro Cultural Ricardo Palma las funciones sucesivas son gratuitas de 1 a 5 p.m.; en el anfiteatro del parque Kennedy el espectáculo empieza 12:30 y acaba a las 6; el Parque del Amor se suma también a esta serie de montajes sucesivos. Ese día los teatros Marsano y Británico ofrecerán funciones populares. La Alianza Francesa ofrece funciones gratuitas.
Señora Presidenta
Colectivo peruano y artista paraguayo en Pancho Fierro. Piensa II basa su trabajo en la recolección y vinculación de imágenes de prensa actuales. La reflexión gira en torno a la decadencia política total y a los traumas de la sociedad. Piensa II lo conforman Alejandro Angeles, Alfredo Márquez, Tomás Delgado, Cecilia Jurado, Carlos Cornejo y Pedro Carbajal. Paralelamente el artista paraguayo Fredy Casco presenta "La carne fluorescente", serie de fotografías instantáneas polaroid, a partir de imágenes de video. Casco logra por medio de la luz electrónica una atmósfera, que dota a las tallas religiosas con un carácter bizarro y nebuloso. Desde el martes 3 de abril en el Pasaje Santa Rosa en Lima.
PIEZA DE MUSEO.- "Entretejidos", arte contemporáneo y artesanía francesa reúne una selección de piezas, producto del trabajo conjunto de artistas visuales y técnicas tradicionales. Inaugura el jueves 22 de marzo en el Museo de Arte de Lima. Como para no dejar de visitar el museo antes que la itinerante parta por Latinoamérica.
La Broma Psiquiátrica Por Guillermo
Nugent
DURANTE la actual campaña electoral con no poca frecuencia han tenido un espacio amplio las menciones más o menos irónicas a un profesional aparentemente distante de la política: el psiquiatra. Las referencias van desde exigencias curiosas como: que fulanito venga a la TV y diga si es cierto o no que fue al psiquiatra hace diecisiete años, hasta el ministro que recomienda a la parlamentaria repelente que vaya al psiquiatra o el patán que le dice a un candidato adversario que necesita ir al psiquiatra. Estas menciones, tan festivas y ocurrentes, muestran algunas cosas de interés. Por una parte hay una notoria secularización de las costumbres. A quién se le va a ocurrir, por ejemplo, decirle a un rival que vaya a confesarse con el cardenal Cipriani. Pero también aparece una realidad más bien amarga: la poca atención e importancia que en los debates públicos tienen las políticas de salud mental en nuestra sociedad. Importa llamar la atención sobre esto porque hay varias áreas de la vida social donde la salud mental es prioritaria. El más notorio es el legado de los años de violencia terrorista. Los torturados, los huérfanos, quienes enviudaron, en fin todos los que quedaron como víctimas, esa condición vital donde lo que no es lamentación es odio, tienen la urgencia de tratar de entenderse un poco a sí mismos. Pero también los métodos neoliberales de manejo de la economía implican enormes ansiedades o depresiones ante la inestabilidad laboral o la simple y llana desocupación. O, en el otro extremo, aprender a poner límites a la codicia, uno de los grandes temas en los vladivideos. Son situaciones que demandan una adecuada red de atención clínica. Por último, es difícil entender cómo encarar la violencia doméstica, algo que ya es reconocido como un problema básico, sin el abordaje de terapias psicológicas. Quizás sea pertinente preguntarse cuántos pacientes menos en consultorios de hospitales públicos o privados cuesta cada broma psiquiátrica y cuánta justificación de mayores recortes presupuestarios en el Ministerio de Salud van implícitos en cada sonrisa cachacienta. Reconocer problemas de salud mental se ha convertido en un asunto de parias, según varios políticos e incluso periodistas, cuando, la verdad sea dicha, los que son más de temer son aquellos que jamás han pisado un consultorio.
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