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Edición Nº 1663 |
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La Salud Del Poder
Escribe RUTH LOZADA COSTO Dios y su ayuda y casi dos meses de terca insistencia para
que tres de los cuatro principales candidatos devolvieran las fichas clínicas
elaboradas por Omnia Médica, institución dedicada a realizar
chequeos preventivos para altos ejecutivos. Enfrascados en la campaña,
los jefes de prensa, asesores y secretarias aducían que no había
tiempo para llenar tantos datos y que bastaba con verlos rebosantes de
energía. El tema es ahora más pertinente aún porque se trata de una sucesión presidencial que, se espera, conducirá y consolidará de una vez por todas el cambio democrático. La historia nos ha dejado múltiples lecciones que rebaten la teoría de que la salud de un mandatario es un secreto de Estado y que por el contrario es necesaria la mayor transparencia informativa. Baste recordar el clima de incertidumbre que se creaba en el país cada vez que salían a flote los rumores sobre el cáncer a la lengua de Alberto Fujimori y el palaciego manejo de misterio y enigma con que se rodeó el tema durante la campaña para su pretendida tercera reelección. En todo caso, los líderes de Perú Posible, Unidad Nacional y el PAP sí respondieron y se espera que lo hayan hecho con honestidad y veracidad puesto que postulan al más alto cargo de la nación. Si bien dicen gozar de buena salud, el doctor Germán Garrido Klinge, fundador de Omnia, sugiere un chequeo médico más exhaustivo. "Sería recomendable que Lourdes Flores se haga, por ejemplo, un descarte de diabetes y de hipertensión arterial". Ello en vista de que sus antecedentes familiares la predisponen a ambos males. En el caso de Alejandro Toledo, si bien sigue una dieta sin restricciones y tiene el buen hábito de no fumar, su declarado cansancio hace conveniente un examen cardiovascular y el consumo de multivitamínicos. El aumento de peso en Alan García también llama la atención en vista de su dieta baja en grasas y el ejercicio físico que practica. El doctor Lucio Ramírez del Instituto de Medicina Holística
-corriente médica que vincula la influencia del entorno sobre el
cuerpo y la mente del paciente en una visión integral de la salud-
examinando el rostro de los candidatos ha detectado en ellos ciertos indicadores
de problemas de salud.
En el caso del líder de Perú Posible, los párpados superiores caídos indican, según el galeno, estrés extremo y denotan consumo de bebidas negras y gaseosas para controlar el sueño (Toledo declara que sólo bebe té y cero gaseosas). "El mayor desarrollo de su mandíbula inferior indica que duerme con los dientes apretados producto de un ritmo de vida con muchas tensiones, así como también posibles problemas estomacales con una probable historia de úlcera". En Lourdes Flores sus ojeras, según el doctor Ramírez, son el reflejo de su desbalance hormonal. "Es una persona que parece absorber mucha glucosa, problema que es fácilmente regulable. Si ella se pusiera en manos de un especialista, en tres meses estaría delgada". Por los datos expuestos en su ficha médica, la candidata de Unidad Nacional se muestra consciente de su problema de sobrepeso. No come embutidos ni grasas animales y su dieta tiene tendencia lacto-vegetariana, pero lamentablemente no hay indicación de que lo haga bajo prescripción médica. Los agasajos y desórdenes alimenticios a los que se ha visto expuesta por la campaña habrían aumentado no menos de 8 kilos a sus medidas. Lourdes tiene pues que cuidarse, no tanto por una cuestión estética sino de salud. Es sabido que la gordura acarrea problemas cardiovasculares, cansancio, estrecha el lugar ocupado por los órganos internos y repercute negativamente en la agilidad de la persona, además del riesgo de diabetes y presión arterial elevada. Para el doctor Ramírez las bolsas bajo los ojos de Alan García indican algún problema renal, así como un agotamiento físico integral. "Una dieta libre de carnes y toxinas le caería bien". Los tres candidatos señalan que no consumen drogas ni medicación actual alguna, pero no deben llevarse por el hecho de que se sienten sanos. Ronald Reagan elegido Presidente de los Estados Unidos a los 69 años de edad tenía una imagen pública de excelente salud. Cortaba leña y montaba a caballo frente a la prensa cada vez que podía. Reelegido en 1984, le descubren pólipos y sospecha de cáncer al colon. En 1994, ya alejado de la Presidencia, le diagnostican Alzheimer y hoy a los 88 años casi no puede movilizarse, sus familiares han declarado que ya no puede llevar una conversación coherente y no están seguros de que recuerde que alguna vez fue el Presidente de la nación más poderosa del mundo.
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