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Edición Nº 1663 |
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No me refiero en particular al caso denunciado por CARETAS la semana pasada, sobre el que no voy a ocuparme porque me resulta absolutamente confuso. ¿Secuestro o jarana?, no lo sé, pero sí me imagino que nadie que se ha jaraneado a su regalado gusto va después a una clínica privada, con sus documentos y número de seguro, a hacerse un análisis. Eso es todo lo que a ese respecto tengo que decir. Sí me parece sumamente subdesarrollado que un grupo de ciudadanos lugareños impida violentamente la manifestación de una candidata. Lo mejor que pudieran hacer, en vez de eso, es privarla de sus votos, y nada más; eso sería lo democrático y no lo incivilizado que ocurrió. Yo sé quién, desde su balcón, sonriente y dicharachero, cantando valses criollos, contempla el campo de batalla en donde los dos primeros contrincantes se arrojan basura y piedras. El contempla complacido, esperando ver lo que sucede. ¿Cuánto de lo que se dicen los otros dos candidatos lo habrá él estimulado u organizado? Al paso que vamos se le quitan a uno las ganas de elegir o de opinar sobre las elecciones. Quizá habría que dedicarse solamente a la defensa de los árboles, ahora que, como también denuncia CARETAS, existen alcaldes tan pero tan salvajes que, por el accidente fatal ocurrido por la caída de un árbol, es capaz de ordenar la tala de todos los hermosos y centenarios ficus que le daban histórica calidez y sombra a la plaza de armas de Ica, en la que constituían un refugio popular contra el sol abrasador de la región. Es como si, por haber ocurrido un accidente de tránsito que produjo la muerte de un transeúnte un alcalde ordenara la destrucción de todos los vehículos de la ciudad, obligando a sus ciudadanos a andar en burro. Ojalá algún grupo político o candidato al Congreso ofreciera, en lugar de tantas tonterías que escucho, una ley prohibiendo los arboricidios que cometen los alcaldes en toda la república. La Asociación de Política Extranjera de la Universidad de la Sorbona y la revista Política Internacional de Francia otorgaron recientemente la Medalla al Coraje Político a Alejandro Toledo, con lo que demostraron estar al tanto de lo ocurrido en el Perú. No seré la Sorbona, pero en mi fuero interno y en su momento hice lo mismo, porque nadie puede dejar de reconocer que fue gracias a Toledo que se desbarató el grotesco fraude montado por el gobierno de Fujimori-Montesinos. Su enérgica, constante e indesmayable protesta hizo posible que se desenmascarara lo ocurrido. Mientras otros políticos guardaban distancia, además de prudente silencio, la voz de Toledo y su ya famosa Marcha de los 4 Suyos remecieron al poder, obligándolo a dar pie atrás, lo que luego terminó en un verdadero tortazo a partir de la aparición del vídeo Kouri. Lo dice quien a estas alturas ni siquiera está seguro de que votará por él, pero el Cholo estuvo a la altura de las circunstancias y eso no dejaré jamás de reconocérselo, salga o no elegido, se haya jaraneado o no. Aparte de esos sus discutidos y probables (o no probados) pecados privados, valen mucho sus virtudes públicas como la que he comentado. El municipio de Miraflores acaba de anunciar a los contribuyentes de ese distrito que, en plena crisis, ha aumentado el Impuesto Predial. Lo atribuye a que el Ministerio de Transportes, Comunicaciones, Vivienda y Construcción, mediante Resolución Ministerial Nº 200-HTC/1504 y 484-2000-HTC/15.04 ha incrementado los valores unitarios de construcción y los valores arancelarios del distrito de Miraflores. Lo que significa que ese ministerio de tan largo nombre no estaba enterado en el 2000 que el valor de la propiedad, en razón de la crisis, había venido disminuyendo gravemente debido a la crisis, no sólo en Miraflores sino en todo Lima. Esos burócratas infames no sabían lo que pasaba a su alrededor y aumentaban los aranceles cuando en Lima y en el Perú entero los precios de casas y terrenos decrecían. ¿Habrá algún abogado que seas capaz de presentar una acción de amparo en contra de esa arbitrariedad tan perjudicial para los vecinos? El mundo al revés: el congresista (¿todavía sigue siéndolo?) Ernesto Gamarra ha acusado al congresista David Waisman de ocultar información. ¿Gamarra acusador?, ¿ahora?, ¿él? Es absolutamente asombroso que el gerente general de la fábrica de fideos extranjera cuyo presidente participó en forma absolutamente repugnante y vergonzosa en una conversación con Montesinos, en la que éste, a su sugerencia, utilizó a su favor la malsana influencia que detentaba en el Poder Judicial sojuzgado, pretenda involucrar a todas las empresas chilenas en defensa de ese comportamiento tan inmoral. Felizmente el presidente de la Cámara Chileno-Peruana (¿o Peruano-Chilena?) de Comercio, Sergio Málaga, desvirtuó oportunamente tan audaces aseveraciones, aunque los diarios chilenos dieron una versión totalmente opuesta de sus declaraciones. Contrario a lo que un lector desavisado comenta en carta enviada a esta revista, quien esto escribe jamás ha justificado las ejecuciones sumarias que pudieran haber ocurrido durante el rescate de los rehenes de la embajada del Japón. El mismo lector, total o aparentemente confundido, se atreve a comparar esa exitosa operación militar con el oprobioso, oscuro, ilegal y criminal operativo de los Barrios Altos. La primera fue un enfrentamiento valiente y decidido para liberar a cautivos que se encontraban en manos de subversivos fuertemente armados y decididos a todo, y la otra una canallada oscura y cobarde contra personas inermes que participaban en una pollada. Esa comparación me parece abominable y oprobiosa; en especial contra la memoria de los dos militares peruanos muertos en el enfrentramiento. Soy un viejo miraflorino, y no me corro, como decía Vallejo. Blanquito y miraflorino, pero no pituco; eso sí que no, por cierto En mi distrito en verdad cada vez hay menos pitucos, porque Miraflores se ha convertido en un distrito absolutamente mesocrático, en plena crisis. Los pitucos más bien se han mudado a Monterrico y a Camacho, que conste.
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