Edición Nº 1668

 

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    ARTICULO

    3 de mayo de 2001

    AFRODITA
    La Diosa de Los Manjares
    Al corazón del hombre se llega por el estómago. Presentando una sección que será guía gastronómica y marmita de sabores locales.

    CARETAS cuenta desde esta semana con el concurso de una Afrodita contemporánea de múltiples virtudes para que explore regularmente la frondosa oferta culinaria limeña. Como aperitivo anticipatorio, interroga en esta ocasión a dos "gourmands" sabios y, por lo tanto, expertos en afrodisíacos. Uno es Raúl Vargas que fue editor asociado de CARETAS hasta que Radio Programas se lo birló. Raúl irradia una encendida pasión por la gastronomía, amor que lo ha librado de ser político. El otro maestro es Luis "Cucho" La Rosa, chorrillano que dice que cocina casi desde que nació. Empezó con su padre en una sandwichería en Ocoña (todavía sin ambulantes) y en los años '80 desarrolló con Bernardo Roca Rey y la cocina Novoandina.

    Escribe (y modela)
    NAYALIA CAVIGLIA TOZZINI*

    ES un reto definitivamante sabroso entrevistar a dos maestros de la cocina.

    El tema, el ingrediente principal de este plato de letras es: la comida afrodisíaca.

    Cada uno tiene su estilo y sus propias recetas, pero todos coincidimos en que lo principal es engendrar, tomar ingredientes básicos, mezclarlos y unirlos con paciencia y cautela, además de otros maleficios propios del encanto del arte culinario y del amor, con el fin de crear un fruto para hechizar y conquistar.

    Nuestra facundia comienza con una frase de Curnonsky, autor francés y gran cocinero, citada por Raúl Vargas, quien dice que "Dios nos ha dado la boca no sólo para comer, sino también para acariciar" y Raúl añade: "Las metáforas sobre la mujer giran siempre alrededor de lo que es netamente comestible: `sus labios eran como fresas, su aliento a canela y miel'. Y así vamos bajando".

    Cucho opina que la comida y el cocinar son sólo excusas que dan pie al juego de amor. Aproximan y son el mejor pretexto para iniciar esta deliciosa experiencia. Raúl aclara que el hombre invita a la mujer a comer a algún lugar. Es más simplista. No se complica tanto.

    La mujer, por el contrario, trata de crear cosas elaboradas y hace comidas complicadas.

    Dentro de los principales productos de la cocina afrodisíaca están sin duda, y en primer lugar, todos los maravillosos frutos que nacen de mar, dice Raúl, llamándome sirena.

    Halagada respondo que entonces conmigo hay un gran desafío, ya que yo no como parientes.

    Lo siguiente son los regalos que nos da la mamapacha, soto tierra, la maca, la yuca, la papa, tubérculos que nos traen toda la energía telúrica sin dejar de lado los regalos de parajes más lejanos como por ejemplo las maravillosas trufas.

    También infaltable en el menú afrodisíaco es nuestro ají que se presenta caliente, picante y exaltante, con su forma sugerente.

    Si Cucho me invitara a comer, dice, comenzaría con el Génesis, es decir, con el pan, que es la forma más simbólica de engendrar vida, además que permite exhibir la fuerza de los brazos, el movimiento de las caderas, el contoneo al amasar...

    Lo principal es cocinar con la presa en mano, recomienda Cucho, pero con la prudencia del caso. Nada fuerte. No al ajo, no a la cebolla, pero sí indispensable la carne fresca. Afirma don Raúl que la mujer atrae cocinando y conquistando con sus artes "maléficas", tanto en la cocina como en otros lugares.

    "La Iglesia trató de desterrar el maravilloso arte de amar, que está íntimamente relacionado con el arte de comer, tan bien desarrollado y practicado por griegos y romanos en los carnavales, las celebraciones relacionadas con las cosechas y los ciclos naturales. En fin, nos impuso una serie de limitaciones y es por eso que las fiestas religiosas están siempre en las fechas de las grandes fiestas paganas, para así erradicar estos cultos".

    "Hemos pasado así de lo gregario a lo individual y el amor y los caminos que llevan a él se han vuelto escondidos".

    Raúl señala que Centro América y los mexicanos, para ser más específicos, brindan el cacao con el que preparaban el atole, que no es otra cosa que chocolate disuelto en agua, muy concentrado y puro, que ellos bebían después de comer para retomar fuerzas, vigor y así continuar con la faena de conquistar a las doncellas.

    Una de las culturas más represoras, pero también una de las más ricas en este arte, es la árabe que descubre un delicioso estimulante, la miel, además de 20 almendras y 100 piñones.

    Ingerir estas maravillas durante tres días consecutivos y el resultado es inevitable.

    Afrodita persiste a través de los siglos y en varias culturas.

    Una buena cantidad de huevos fritos con miel es otro secreto, afirma Raúl, sugiriendo otro simple e infalible dulce para rendir una bella:

    2 lb. de pétalos de rosa finamente picados
    2 lb. de azúcar
    1/2 lb. de agua
    hágase un almíbar con el agua y el azúcar y cuando esté a punto agregar los pétalos de rosas, manjar al que ninguna doncella puede resistirse.

    Finalmente, tanto Cucho... como Raúl Vargas concibieron esta opulencia afrodisíaca:

    SPAGUETTIS DE LOS VIEJOS VERDES
    (para dos amantes)

    250 gr. spaguettis al huevo

    Salsa

    16 señoritas (llamadas también conchas de abanico)
    sal, pimienta, aceite de oliva
    50 grs. Hongos secos (remojados)
    50 grs. Costilla ahumada
    2 cdts. Aceite de oliva
    1 cdts. Mantequilla
    50 grs. Tocino ahumado
    2 piscas Orégano
    1 copa Tinto
    1/2 tz. Caldo de cangrejos
    1/2 tz. Caldo de hongos
    1/2 tz. Crema de leche
    Sal, pimienta
    Setas y champiñnones.

    Raúl Vargas y Cucho La Rosa, Afrodita los citó en Il Postino para descubrir las relaciones entre el amar y el buen comer.

    PREPARACION

    Se sazonan las señoritas con sal, pimienta y chorrito de aceite de oliva.

    Aparte se reviven los hongos en vino tinto joven, se cortan en menudo y se calientan sin hervir con la costilla ahumada. El líquido debe resultar lleno de sabor y experiencia.

    En una sartén por estrenar se vierten suavemente la mantequilla y el aceite de oliva, se doran a temperatura del cuerpo el tocino, el orégano y sólo la parte blanca e inmaculada de un poquitín de poro.

    Se integra en esta fiesta el expectante hongo y sus jugos, al que se suma el caldo profundo del "machito" cangrejo y la crema. Se dejan concentrar los sabores a fuego lento, sin arrebatos, para que inunde nuestra razón de pasiones. Poco antes de servir añadimos los voluptuosos champiñones, la dócil seta y la altiva señorita, nuestra novia de esta noche.

    Para beber, champagne en besos.

    _____________
    * La reportera y Afrodita de esta nota es una experta en cocina y hotelería, pero a los 26 años también ha sido operaria mecánica de automotores y modelo de pasarela en Europa, nadadora y atleta de campeonato, y consideró ser monja durante un par de años.


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