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Edición Nº 1668 |
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La Otra Misión Escribe DOCE días después de que un avión A-37B de la FAP derribara a una avioneta Cessna cerca de Iquitos -provocando la muerte de la misionera bautista Verónica Bowers, de 35 años, y de su hija Charity de apenas 7 meses- la polvareda llegó al Congreso norteamericano. Allí ya se debate si la interceptación aérea es la mejor forma de combatir el narcotráfico, mientras a Lima ha llegado una Misión de Alto Nivel para investigar el hecho. La preside Rand Beers, Subsecretario de Estado para Asuntos Antinarcóticos, lo que da una idea del peso del tema en la administración de George W. Bush (quien es bautista como los misioneros fallecidos). Acompañan a Beers cinco funcionarios más -cuyos nombres no se reveló- de 3 instancias importantes: el Departamento de Defensa, la CIA y la Oficina de Coordinación de la Interdicción. ¿Qué pasos estarían dando en la investigación? CARETAS consultó con fuentes militares de mucha seriedad y logró precisar varios puntos, algunos de ellos hasta ahora oscuros, que servirían para reconstruir detalladamente el terrible episodio: Las operaciones de interceptación se realizan desde el 10 de abril de 1992, 5 días después del autogolpe, cuando el "Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional" promulga el Decreto Ley 25426 que las autoriza. En el hecho producido el viernes 20 de abril, con la avioneta Cessna 185 de matrícula OB-1408, habrían participado 5 aviones: dos pertenecientes a la FAP y tres pertenecientes a la DEA. Uno de los aviones norteamericanos sería
un AWAC'S E-3, una nave grande que lleva un radar encima. Vuela a unos
10.000 metros de altura, desde donde vigila nuestro espacio aéreo.
Su radar y el radar que está en tierra, en la Base Aérera
No. 42 de Iquitos, habrían sido los primeros en detectar la avioneta.
Un comandante de la FAP suele viajar en esta nave.
Otro de los aviones norteamericanos sería el P-3 turbohélice de 4 motores, capaz de volar a 3.000 metros de altura. Según la versión recogida por CARETAS, suele participar en las interceptaciones, pero no es seguro que en este caso lo haya hecho. Un tercer avión norteamericano es el denominado Citation V ó Metroliner, que sí sale de Iquitos -los otros dos parten de bases estadounidenses ubicadas en otros lugares- y que también suele llevar a un oficial de la FAP. Este es el avión cuya tripulación podría haber sido contratada por la CIA, de acuerdo a la versión del diario The New York Times. El Metroliner es el primero que sale a seguir al Cessna, una vez que el oficial de la FAP que viaja en el AWAC"S -en base a la información de los radares de este avión y de tierra- alerta al sistema de defensa antiaérea. Para salir tiene que, como todas las naves de la zona, contar con la autorización de la torre de control del aeropuerto de Iquitos. Aquí surge un primera pregunta: ¿se produjo esta comunicación? Si se produjo, la torre de control debió haber advertido al Metroliner que la avioneta sí contaba con un Plan de Vuelo, entregado el día anterior, 19 de abril, por el piloto de ésta, Kevin Donaldson. Cuando el Metroliner, ya en el aire, ubica a la avioneta, por medio de radares y hasta cámaras, el paso siguiente es que el oficial de la FAP que va en él ordena la salida de aviones de combate para la interceptación en sí. La FAP dice que fue sólo un A-37B, pero las fuentes de CARETAS señalan que siempre salen dos naves, una con piloto y copiloto y otra con un solo piloto. Los A-37B son de origen norteamericano, usados en Vietnam. Tienen 2 motores a reacción, pueden llegar a una velocidad de hasta 800 kilómetros por hora. El Perú los tiene desde 1975 y son distintos de los "Tucano" brasileños, a los que se ha atribuido erróneamente la operación. Ambos, sin embargo, llevan una metralleta que utiliza balas de fusil FAL. El Metroliner o el radar de tierra le informan
a los pilotos de los A-37B dónde está la avioneta. Cuando
éstos logran verla, intentan comunicarse con ella a través
de una frecuencia de radio que se usa en pleno vuelo. Lo primero que le
dicen es "Usted ha sido interceptado por la Fuerza Aérea del Perú",
tres o cuatro veces.
Si el piloto de la nave interceptada no contesta, se procede al "alaveo", que consiste en ponerse al lado -derecho o izquierdo- de dicha nave y ladear las alas del A-37B para que el piloto vea el movimiento que, en lenguaje aéreo, significa, "sígueme". Todo esto se reporta siempre al Metroliner. Si aún así el piloto no responde,
empiezan los disparos, pero no directamente a la nave sino en sentido
paralelo. Cada cinco balas (la ametralladora dispara 60 balas en un segundo),
hay una bala trazadora que lanza unas luces rojas, que debe ver el piloto
interceptado. El sonido de los disparos también podría alertarlo. Pero incluso el derribo tiene sus bemoles. Los disparos se hacen primero a "puntos no vitales" de la avioneta, como las alas, no de frente al fuselaje. Resulta extraño que las balas hayan impactado en Verónica Bowers y su hija Charity, cosa que debería investigar la Misión norteamericana. La presunta discusión entre oficiales norteamericanos y un oficial de la FAP, sobre el derribo, debe haber ocurrido en esos instantes. Y pudo haberse dado en torno a un asunto vital: la avioneta no tenía el comportamiento de una nave de narcotraficantes, que generalmente baja a ras de agua o tira la carga. Finalmente, tanto en el Metroliner como en el AWAC'S, hay un sistema de grabaciones que debe haber registrado toda posible comunicación de la avioneta con estas naves, con los A-37B o con la torre de control del aeropuerto de Iquitos. Las pruebas están allí y no en la improbable caja negra, de la que una nave tan pequeña como el Cessna 185 carece. ¿Se respetaron todos los procedimientos señalados? Una nube cubre aún las causas verdaderas de la tragedia. Pero hay razones para pensar qne, en algún momento de esta cadena de mensajes, hubo un apresuramiento, literalmente disparatado, que costó dos invalorables vidas.
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