Edición Nº 1669

 

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    ARTICULO

    10 de mayo de 2001

    El Debate
    Tras largas deliberaciones, y cuando sólo falta acordar la presencia de un panel de periodistas, la polémica corre el riesgo de dilatarse.

    "Después de cinco reuniones en las que los representantes del Apra y Perú Posible discutieron hasta casi sacarse la madre, lo único seguro es que tarde o temprano habrá un debate. Quedarían muy mal si el encuentro se frustra".

    Al cierre de esta edición -y con una ligera brizna de optimismo- eso afirmaba un testigo de estas jornadas. Sin embargo, a última hora del martes 8 los medios sopesaban con cierto escepticismo la posibilidad de un consenso respecto al último punto en agenda: la inclusión de un panel de 4 periodistas que formulasen preguntas a los candidatos.

    Así, y cuando todos aguardaban el anuncio final a la salida del local de Trasparencia, la intransigencia impidió que se conozcan los términos finales de la puja. Al parecer la cosa se prolongaría más allá del miércoles 9 al mediodía, fecha límite fijada por Transparencia para patrocinar el evento. Lo cierto es que este impasse se suscita en una semana en la que ambos candidatos recibieron serios cuestionamientos en torno a sus aptitudes presentes y pasadas.

    "No hay paso atrás", juraba Jorge del Castillo, resumiendo en una frase su férrea negativa.

    "Ya hemos cedido lo suficiente. Abandonamos los debates técnicos como quería el Apra, así que no estamos dispuestos a ceder un milímetro más", dijeron los adelantados de Perú Posible.

    "Nadie en su sano juicio va a suponer que Alan García se está corriendo. Aquí los que le dan largas al asunto son los toledistas", añadió Del Castillo, revelando el argumento que podría utilizar de cara a la opinión pública.

    Lo cierto es que por encima de este debate dentro del debate, que se basa en la costumbre peruana de dos candidatos uno frente al otro con un moderador al medio, la propuesta del panel no es descabellada: en EE.UU. es común al menos un debate presidencial con la presencia de periodistas inquisidores, en México se hizo lo propio en las elecciones del 2000 (incluyendo las primarias del PRI) y, sin ir más lejos, en la segunda vuelta electoral chilena entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín.

    Quizás de ahí sacó la idea la gente de Toledo -asesores chilenos de por medio-, para insistir en el punto. Hoy las encuestas muestran (en relación a las cifras que alcanzaron el 8 de abril) aparentemente congelados a ambos aspirantes. Y ellos saben que deben sacudirse de eso.

    Más allá de esto, algunos acuerdos alcanzados fueron:

    Las instalaciones del Hotel Marriott, por su cercanía al mar, fueron elegidas como sede, garantizando así una transmisión televisiva libre de interferencias. La hora escogida fue las 8 p.m. y hasta la distribución de tiempos había sido acordada.

    Como moderador se eligió al periodista Guido Lombardi, de RPP, quien repite el plato once años después de la polémica Fujimori-Vargas Llosa.

    El tiempo total del debate será de 90 minutos.

    Este se dividiría en cinco bloques. El primero, de 4 minutos por aspirante, serviría para que cada uno dirija unas palabras a manera de presentación.

    Adicionalmente, cada uno tendría 4 minutos alternadamente por bloque, para así tratar uno a uno los temas en agenda. Seguidamente, 3 minutos para lanzar una réplica a lo dicho por su oponente y 2 para la tradicional dúplica.

    En caso se acepte la inclusión de panelistas, cada periodista tendrá hasta un minuto para formular su pregunta.

    Entonces los candidatos contarían con 3 minutos para su respuesta, 2 para la réplica y 1 para la dúplica.

    Asimismo, se acordó que sólo acompañarían a los candidatos en el set hasta 10 invitados por grupo político. De forma inaudita, los negociadores convinieron en que la prensa tuviera un acceso restringido: únicamente a través del circuito cerrado, pudiendo entrevistar a los candidatos a su salida.

    Con respecto a los panelistas, el Apra se resistía alegando que éstos desvían la atención del público estorbando la fluidez del debate. Perú Posible, en cambio, los apoya bajo el supuesto de que su presencia alentaría la confrontación de ideas evitando que los candidatos se saliera del punto.

    A propósito, hasta el miércoles 9 se barajaban diez nombres de periodistas de prensa, radio y televisión para esta tarea. De prosperar la iniciativa, seis quedarían en el camino y cuatro irían al Marriott. Un pacto de silencio selló la identidad de los voceados y se aseguró que no habría vetos de ningún tipo, negando así un inicial trascendido.

    Al momento de escribir estas líneas el debate seguía en suspenso. Probablemente la batalla se dilate algunos días, pero es obvio que de frustrarse -y dado el 73% que según las encuestas esperan la polémica-, ambos candidatos saldrían perdiendo.(PTN)


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