|
Edición Nº 1669 |
|
|||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||
|
|
La Patria Madre
QUEREMOS oír al candidato criollo, sin acompañamiento del Zambo Cavero, a solas con su alma, ofrecer en lugar del "Y se llama Perú" de Polo Campos este vals de Manuel Acosta Ojeda: "Madre, esas arrugas se formaron pensando/ dónde estará mi hijo, por qué no volverá/ Y por más que las bese no las podré borrar/ Madre, tus manos tiernas como aves moribundas/ déjame que las bese, tanto, tanto han rezado/ por mis locos errores y mis vanas pasiones". No le proponemos que cante a Doña Nytha Pérez de García, ilustre dama aprista que no tiene mayores motivos de queja de su hijo, sino a la madre patria, institución que su gobierno dejó golpeada y alborotada, vulnerable a las violaciones que poco después sufrió en manos de Fujimori y Montesinos. Queremos que Alejandro Toledo recuerde este pasaje sobre Doña Margarita Manrique (1921-1975) en "Las cartas sobre la mesa", su autobiografía publicada durante su campaña de 1995: "En la acequia había sapos y renacuajos. Para nosotros era una tentación irresistible el atraparlos. Aquí se interpone nuevamente la figura de mi madre y sus severas tundas. Ella era una persona muy tierna y afectiva, pero cuando se trataba de poner orden, era tan dura como una generala. Mi padre resultaba un santo al lado de ella". No recomendamos las tundas en la educación de los niños,
pero bien haría el candidato de Perú Posible en sacar lecciones
de las golpizas que recibió. Curiosa relación filial para
un latino la suya, más apegado a un padre sereno que a una mamá
pegalona. Si recordamos que Don Anatolio era un costeño que nunca
se adaptó a Cabana, y que Doña Margarita era hija de una
familia tradicional andina, es más fácil entender los peculiares
afectos patrios del indisciplinado líder posible.
Cariños matizados con tundas y exilios, pero respetuosos como
los de cualquier hijo latino. Alan huérfano de padre y Toledo de
madre, hay ausencias que el poder compensará, apetitos de autoridad
de los que hay que poner al Estado a buen recaudo. Con Fujimori y Montesinos fue distinto; la madre sufrió la lejanía y la patria el abuso. Elsa Torres murió cuando su hijo Vladimiro era joven y en adelante todo fue clamorosa orfandad de afectos para el Asesor. Se hizo vástago de las Fuerzas Armadas (a las que traicionó), del poder (al que destruyó) y de la mafia (a la que develó sin querer). Fujimori fue el líder de la ingratitud. Abandonó patria y madre cuando la coyuntura se le hizo insoportable en el 2000, pero de algún modo ya las había abandonado antes. Matsue Inomoto Fujimori (87) vivía lejos de Palacio, visitada por hijos y nietos que no le faltaban pero quejándose del "inglato Albelto". En 1997 pasó unos días en el SIN, recluida con los chicos que mataperreaban alrededor y allí la ampayó la cámara katana de Kenji: desgreñada, refunfuñando al vacío porque los muchachos han salpicado la taza del water con pis. Una abuelita Lear inimputable de la dinastía que engendró. No sabemos dónde andará. Mario Vargas Llosa, por citar el más célebre de todos los ex-candidatos, narra la paradoja filial de muchos peruanos. El autoritarismo del padre distante está más presente en la memoria y en la educación sentimental del escritor que los cariños de la madre solícita y cercana. En su autobiografía "El Pez en el Agua" MVLL dedica un capítulo y varios pasajes a Don Ernesto Vargas, a quien llama con ironía de cincuentón, "ese señor que era mi papá", mientras que Doña Dora Vargas Ureta es aludida pocas veces y una de ellas como la "más católica de una familia de católicos". El 12 de setiembre de 1995, Vargas Llosa hizo un discreto viaje a Lima, patria con la que aún no se había reconciliado, para despedir a su madre.
Fusionemos, por esta vez que su día acontece en pleno furor electoral, a la madre con la patria. Más allá del símbolo cordial que el patriarcado invoca con respeto y que no tiene nada que ver con la igualdad de los géneros porque en él la mujer es pasiva e intocable (contra la corriente, hemos querido ofrecerles una mamacita patria sensual y luchadora); más allá de enumerar las ofensas por ella sufridas en el pasado reciente; hay un sentimiento de origen, una ansiedad profunda, un inexplicable pudor histórico de ser todos en el fondo hijos de una una patria abusada. ...Que lo explique Octavio Paz que hablando de las angustias del mexicano en su ensayo "Los hijos de la Malinche" da en el clavo de la duda: "Toda mujer, aun la que se da voluntariamente, es desgarrada, chingada por el hombre. En cierto sentido todos somos, por el solo hecho de nacer de mujer, hijos de la Chingada, hijos de Eva. Mas lo característico del mexicano (peruano) reside en la violenta, sarcástica humillación de la Madre y en la no menos violenta afirmación del padre (...) La cuestión del origen es el centro secreto de nuestra ansiedad y angustia (...) Si la Chingada es una representación de la Madre violada, no parece forzado asociarla a la Conquista". Superar algunos de nuestros traumas sería el mejor regalo de campaña a la madre peruana. (Fernando Vivas).
|
|||||||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||||||