Edición Nº 1670

 

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    ARTICULO

    17 de mayo de 2001

    Estrella vs. Chacana
    Las debilidades, fortalezas y tácticas de dos candidatos listos para debatir, desblanquear y decidir la campaña presidencial.

    Es el líder del antifujimorismo y lo identifican con las clases populares. Se prepara concienzudamente.

    ALEJANDRO Toledo puede estar cruzando la puerta de su residencia ahora mismo. Se escapa por enésima vez de la terapia de huainos, abrazos y besos de campaña en el sur del país. Como es natural, lo hará agotado y con ganas de no salir. Su deseo será cumplido. No podrá, eso sí, descansar. En menos de 48 horas tendrá que aligerar su lengua para que no le haga malas pasadas. Sus músculos faciales deberán relajarse, pues no debe transmitir con ellos sorpresas desagradables. Y sobre todo, deberá afilar sus espuelas. Aunque sea gordo, el gallo que le espera es grande y está obligado a hervir un buen caldo. Ha sido un largo camino.

    Hasta hace una semana, la realización del debate presidencial estuvo en entredicho. La negativa aprista ante las exigencias técnicas de Perú Posible tuvo que ceder para no dilatar más el evento. Jorge del Castillo, Hugo Otero y el propio Alan García aceptaron la propuesta que hizo Transparencia -más cercana a la idea original de PP- para salir del paso. De esa manera se salvó el panel de periodistas que, así lo argumentaban los toledistas, crearía un balance al representar al insatisfecho y significativo sector del voto en blanco.

    LA ESQUINA DEL CHOLO

    Aunque no fue seleccionado un sparring fijo, es probable que Toledo se enfrente en sus ensayos a alguien que tenga una capacidad flamígera semejante a la de su rival. De seguro, Fernando Rospigliosi pasará con pañuelo blanco por el podio. Y no hay que subestimar, ya en 1999 el candidato recibió una asesoría internacional que incluyó el manejo de cámaras. Además, un año y medio de campaña casi ininterrumpida foguea al más retraído profesor. Para Manuel Torrado de Datum "Toledo necesita seguridad en sí mismo. Existen muchas expectativas sobre el papel de Alan y en las encuestas casi un setenta por ciento da por descontada su victoria en el debate. Entonces, si Toledo hace un papel mediano ya salva la situación".

     
    Excelente orador, ha sido candidato y sencillo al explicar sus propuestas.

    ¿LA ESTRELLA?

    Dice que no exageren. Que un debate no es gran cosa. A pesar de ello, se encerró en el local principal del partido del pueblo. ¿Su única compañía? Una bata de levantar y cuatro voluminosos tomos con las obras de Valdelomar. Todos los ojos están puestos en García. Tiene el dudoso privilegio de ser considerado como un probable triunfador de debate que perderá en intención de voto. Según Torrado, "él es el que tiene mucho que ganar. Debe convencer definitivamente al electorado de que es un nuevo Alan. Realmente arrepentido, rebautizado. Y nada de querer tomarle el pelo a Toledo. Le recomendaría que lo trate con dulzura". Para Bernardo Verjovsky, de Analistas y Consultores, las ventajas del ex Presidente están concentradas en su capacidad de oratoria y retórica, su claridad y la experiencia que tiene como candidato. Eso pesa: las impresiones en los debates suelen ser emocionales.

    Y YA SABEN, NADA DE ...

    Durante todos los bloques del debate, ambos candidatos tendrán a la mano suficiente cantidad de granadas verbales para volar en pedazos los esfuerzos del otro. Todo está en la puntería y gracia utilizada para lanzarlas. La audiencia aceptará una película de guerra, siempre y cuando sea de buen presupuesto.

    Democracia y gobernabilidad

    -Alan tiene todo un gobierno para criticar. A Toledo le pueden sacar en cara un carácter inestable que puede ponerse difícil al gobernar. Tranquilos campeones, sonó la campana.

    Política económica y generación de empleo/ Política social y alivio de la pobreza

    -El corazón de la discusión y donde se encuentran las principales diferencias programáticas. Toledo no ha descartado privatizaciones como las de Sedapal o la Hidroeléctrica del Mantaro, lo que García rechaza de tajo. Las alusiones a los equipos económicos serán infaltables. Toledo va a tener que hacer fintas cuando le saquen el papel de Pedro Pablo Kuczynski frente al directorio de Edelnor y su injerencia en la privatización de los servicios públicos. Puede devolver con un jab que ya se volvió lugar común: "el equipo económico de García es el mismo de hace 16 años". Alan podría estar preparando una demolición a la hora de tocar el tema de las tarifas públicas.

    Derechos humanos, política anticorrupción y drogas

    -Auch. Como en novela de Vargas Llosa, las vergüenzas humanas y los pecados políticos serán indistinguibles. Matanzas en los penales, casos de corrupción durante su gobierno y acogerse a una figura como la prescripción; escupirá uno. Si se quita el protector bucal para hablar luego de aguantar tremenda andanada, el otro reaccionará con elegancia: donaciones no aclaradas e insólitas "cuentas de contigencia" a nombres de sobrinos. Toma.

    Descentralización, gobiernos regionales y locales

    -Ambos han sido tan generosos en la campaña que pueden terminar ofreciendo todavía más. Aquí no habrá pelea, sino danza.

    Y claro, siempre habrá lugar para jeringas rebosantes de litio y ADN.

    Este es un debate para indecisos y un porcentaje importante de votos en blanco que se pueden inclinar hacia uno u otro candidato. Si usted pertenece a alguna de esas categorías, mucha suerte. Si su voto es inamovible, disfrute del espectáculo. En esta edición tenemos cubiertas todas las esquinas del cuadrilátero.


    El Molde Chileno

     
    En el caso de Chile, el debate fue determinante.

    DADA la coincidencia entre la nacionalidad de los principales asesores de imagen de Alejandro Toledo -los chilenos Juan Forch y Esteban Silva (viejos militantes del partido socialista chileno y cercanos al comando de campaña de la Concertación desde 1989)- podría decirse que, en esta oportunidad, la inspiración llegó del Mapocho.

    En octubre de 1999, cuarenta días antes de la primera vuelta electoral chilena, Ricardo Lagos de la Concertación y Joaquín Lavín de la Alianza por Chile comparecieron ante el set que los canales de televisión de ese país habían levantado en uno de los más exclusivos hoteles de Santiago. El debate, que fue transmitido en el horario de mayor audiencia, tuvo una duración de 90 minutos, fue dividido en cuatro bloques temáticos y contó con la participación de seis panelistas (un periodista por canal de TV), quienes en 30 segundos formulaban sus preguntas a los candidatos con absoluta libertad, pero sin posibilidad de repregunta. La inclusión de comunicadores respondió al interés de seguir al molde norteamericano, incluso superándolo pues se eligieron cuatro preguntas del público.

    El debate Lagos-Lavín alcanzó un rating de 75 %, casi tres puntos por debajo de la cifra alcanzada por Patricio Aylwin y Hernán Buchi en 1989. Las encuestas realizadas esa misma noche arrojaron un resultado que favoreció a Lagos como ganador del debate sobre Lavin (45.9 % y 35.7 %). Ambos llegaron al debate, de acuerdo a sondeos previos, con una diferencia mínima (lo que presionaba al favorito Lagos sobre el ascendente Lavín), la que se mantuvo hasta el final de la primera vuelta.

     


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