Edición Nº 1670

 

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    ARTICULO

    17 de mayo de 2001

    Entre Agasajos y...
    Invitado a un ryoutei por el hospitalario gobernador de Tokyo, Fujimori participa en informal cónclave derechista japonés.

    En facsímil del semanario Flash, Ishihara (sentado, al medio) con Fujimori (a siniestra).

    EL empeño del derechista gobernador de Tokyo, Shintaro Ishihara, por vincular su imagen a la de Alberto Fujimori en procura de agua para su molino no se ha limitado a simples atenciones al ocasional huésped sin lustre, como la oficina que puso a su disposición en abril pasado (CARETAS 1667). Una nota periodística aparecida en el semanario sensacionalista tokyota Flash refleja la intensidad de las relaciones entre ambos.

    Algo ciertamente inexplicable considerando el modo como acabó el régimen de Fujimori, pero comprensible desde la perspectiva de un político con las convicciones de Ishihara, cuyo discurso hace suyos el orden y dureza que sobre todo tras la operación de rescate de los rehenes proyecta Fujimori en un sector de la ciudadanía de Japón.

    El mes pasado Ishihara invitó a Fujimori a participar en una reunión de fraternidad con jóvenes políticos del partido de oposición japonesa Minshunto, convocados por aquél con vistas a la formación de un gran partido de derechas. Mientras el gobernante PLD parece sumido en una larga agonía (que el virtual primer ministro entrante, Junichiro Koizumi, califica con cierto, conveniente dramatismo como "el principio del fin") Ishihara -cuya trayectoria política incluye, además de la gobernatura de Tokyo, el ejercicio de cargos ministeriales y una dilatada presencia en las dos cámaras de la Dieta- parece decidido a construir un liderazgo a futuro.

     

    Como es habitual en el Japón en estos casos, la cita tuvo lugar en un tradicional ryoutei. Es decir, un lugar de reunión exclusivo con servicio de comida, ambientes privados, y danzas y música ejecutadas por geishas. Los principales ryoutei de Tokyo se encuentran, por cierto, en el distrito en el que se ubica la actual vivienda de Fujimori: Akasaka. Sucede que en las proximidades de Akasaka, en Nagata-cho, está ubicada la sede de la Dieta y precisamente los políticos japoneses se cuentan entre los principales clientes de los ryoutei.

    De hecho, uno de los más conocidos ryoutei, el Ohno, está situado a espaldas del Kioi Garden Palace, el edificio de 26 pisos y once ascensores donde vive Fujimori. En el Ohno el precio de ingreso más económico, siempre reservado exclusivamente a clientes habituales o recomendados por éstos, cuesta 50,000 yenes (US$ 326 dólares) por dos horas. Incluye un sake o cerveza servido por una geisha, un plato de nihon ryori (comida japonesa) y un postre, y 20 minutos de cantos y bailes.

    Si bien contactos de Fujimori con Ishihara como éste podrían interpretarse también como un acercamiento de aquél a la actividad política japonesa (el semanario Shunkan Post sugirió en diciembre pasado que se presente a las elecciones de la cámara alta de la Dieta), más parecería que -a medida que en el Perú se agravan los cargos en su contra- lo que busca es asegurar su impunidad a como dé lugar. (Sergio Carrasco).

    Baile de Despedida
    Japoneses, niseis y peruanos danzan "Sayonara Fujimori" en Tokyo exigiendo su retorno al Perú.

    Ecos del ritmo del chino resuenan en la gobernación de Tokyo generando un patrón de sintonía. Asegurar la protección japonesa, parece ser la partitura. Al mismo tiempo otros ritmos, de grupos como Peace Boat o Resodep, movilizan a la ciudadanía japonesa para devolverlo al Perú.

    Manifestación bilingüe en Shibuya, Tokyo, en diciembre pasado. A la izquierda, el texto en japonés vaticina: "Yo Fujimori regresaré al Perú y declararé sobre la violación de derechos humanos".
    En la sede de Peace Boat: "sayonara Fujimori", rítmica y multiétnica invocación al retorno. Derecha, frente a la casa de Ayako Sono, tras dejar un pasaje Tokyo-Lima a Fujimori.

    LA salida este de la estación de Shinjuku (Tokyo, Japón), una de las más grandes y concurridas del mundo, fue el escenario, el pasado 16 de enero, del estreno de la danza "Sayonara Fujimori". La puesta en escena de Peace Boat fue el acto culminante de una serie de actividades cuyo propósito principal era la entrega de un pasaje aéreo Tokyo-Lima, emitido a nombre de Alberto Fujimori, en la casa de la escritora Ayako Sono. Fujimori no estaba en su domicilio temporal o no quiso recibir personalmente la sugerente donación. Los organizadores dejaron una carta detallando su exigencia y siguieron adelante con su programa y, camino de regreso, realizaron la coreográfica invocación.

    Peace Boat es una ONG con sede en Japón que, desde hace más de diez años, viaja por el mundo trabajando en la educación para la paz y la cooperación internacional. La Campaña Perú 2001 empezó el 16 de diciembre y tiene por objeto desplegar todos los esfuerzos para lograr que Fujimori regrese al Perú.

     
    Recojo de firmas destinadas al primer ministro japonés. También se realiza por Internet.

    La campaña surgió en medio de su 31 vuelta alrededor del mundo, cuando Peace Boat acoderó en el Perú del 9 al 15 de diciembre pasado con un contingente de 30 personas de diferentes nacionalidades. Durante la visita se contactaron con integrantes de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, quienes les solicitaron su apoyo para lograr que Fujimori se someta a la justicia peruana. Casi inmediatamente, el 18 de enero acudieron en Tokyo a la Primera División de América Latina y el Caribe del Ministerio de Asuntos Exteriores para expresar su descontento con la estadía de Fujimori en Japón. Noriteru Fukushima, quien los recibió, les explicó entonces que el gobierno asumía una posición legal y que no podía obligar a Fujimori a abandonar el país, ya que había sido reconocida su nacionalidad japonesa. Hace un par de semanas, como se sabe, Fukushima reiteró lo dicho pero esta vez públicamente (CARETAS 1668). Sin embargo, el gobierno japonés aún no ha ratificado su decisión oficialmente ante el gobierno peruano.

     

    Peace Boat no es la única organización que realiza actividades para dejar en claro ante la ciudadanía japonesa la naturaleza del gobierno de Fujimori, sobre la cual existe -como lo ha señalado la semana pasada el embajador del Perú, Luis Machiavello Amorós- una percepción distorsionada. Ni es, por cierto, la más antigua.

    La Red de Solidaridad con la Democratización del Perú (Resodep) se creó antes, en agosto de 2000, con el propósito inicial de protestar contra el fraude electoral de abril de ese año. Es liderada por inmigrantes peruanos como Alvaro del Castillo y ciudadanos japoneses como Masakuni Ota, director de la editorial Gendai Kikakushintu Publishers especializada en América Latina, Kazuo Ohgushi, especialista en Ciencias Políticas y profesor de Derecho de la Universidad de Tokyo, y Takahisa Umemura, directivo de la Red de Comunicación Japón América Latina (Recom), entre otros.

     
    Catedrático Kazuo Oghushi, activista de Resodep. Derecha, "encuentro para exigir el retorno inmediato de Fujimori al Perú" en la Universidad de Waseda Honshien de Tokyo, de izquierda a derecha, Alvaro del Castillo, Hidetaka Ogura, Oghushi y Masukani Ota.

    A éstos se suma el Grupo de Reflexión sobre las Violaciones de Derechos Humanos en el Perú y la Responsabilidad de Fujimori, que nació en febrero pasado en Osaka. El germen de su creación se remonta a una visita de Iván Bazán de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos a esta ciudad, realizada en diciembre de 1997. Liderado por Satoru Furuya, este colectivo se reúne periódicamente para coordinar la distribución de información a través de internet sobre las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen de Fujimori. Como RESODEP, está conformada también por japoneses, niseis y peruanos.

    Las acciones que realizan todas estas asociaciones son principalmente campañas de información. Esto es, mesas redondas y conferencias -como: "Sr. Fujimori, ¿no tiene que regresar? ¿Qué ocurrió en el Perú?", realizada el 11 de marzo en Tokyo con la participación de Masako Goto, profesora de la Universidad de Kanagawa, especialista en asuntos políticos económicos latinoamericanos, sobre todo de Perú, Cuba y Chile, Shihiro Ito, periodista de Asahi Shimbun, Makoto Teranaza de Amnistía Internacional, y respresentantes de Resodep y Peace Boat- pero también marchas y actos como "sayonara Fujimori" y contactos con autoridades de gobierno y parlamentarios. "Es claro para nosotros que la principal tarea del momento es informar a los ciudadanos japoneses y generar conciencia en ellos acerca del tema Fujimori. Obviamente, no se ha difundido información suficiente al respecto en el seno de la sociedad japonesa", sostiene Peace Boat. "Los líderes deben ser responsabilizados por sus acciones -sea en América latina, Europa o cualquier otro continente, país o región."

    Así, Peace Boat ha colocado un portal en internet en tres idiomas (español, japonés e inglés) para generar conciencia sobre la situación de Fujimori y para recoger firmas en todo el mundo (http://www.peaceboat.org/peru2001), las cuales serán presentadas al primer ministro japonés. (Rosa Bonilla).

     


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