Edición Nº 1670

 

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    ARTICULO

    17 de mayo de 2001

    Danza General
    La reivindicación de Salinas Sedó y los hombres del 13 de noviembre demuestra el nuevo aire de las Fuerzas Armadas.

    El regreso a las FF.AA. de 17 militares que in tentaron devolver la institucionalidad al país es un evento. Fue necesaria casi una década para volver a entrar a los cuarteles.

    ESTE lunes se llevó a cabo un acto sin precedentes. Fueron restituidos al servicio activo del Ejército Peruano los 17 militares -encabezados por el general Jaime Salinas Sedó- que intentaron devolverle la institucionalidad al país.

    Luego de sufrir cárcel y vejámenes, el grupo compuesto por oficiales de diversos rangos fue desagraviado. La situación no dejaba de llevar un sello irónico: el acto se realizó en el salón Francisco Bolognesi del Pentagonito. Los calabozos de esa dependencia fueron en 1992 la primera escala de la insurgencia en el circuito de mazmorras. De allí pasaron a la Dirección de las Fuerzas Especiales, luego a Canto Grande y finalmente al cuartel del Real Felipe.

    Ahora, Salinas Sedó y sus compañeros, retornaron a los cuarteles por la puerta grande y los reflectores bien prendidos. Muy distinto a la oscuridad del taller de automóviles que les sirvió de cuartel para planear una asonada que nunca se llevó a cabo. La que llegó a oídos de un Montesinos dueño del SIN y un Hermoza Ríos que se decía el mejor amigo del General retirado. La que Fujimori manipuló, incluso, para provocar el exilio de Alberto Borea, abogado y defensor a ultranza de Salinas. Junto con Javier Valle Riestra y Heriberto Benítez (los otros abogados de Salinas), Borea fue de los que recibió con más entusiasmo la decisión que cumple con la ley 27346 promulgada por el Presidente Valentín Paniagua.

    Luego de una década de fujimorismo, las Fuerzas Armadas están mostrando una recomposición que viene desde dentro. Primero fue un significativo mea culpa, impensable hace tan sólo unos meses. Alrededor de 120 oficiales considerados montesinistas han sido dados de baja en todos los rangos y muchos purgan condenas en la cárcel. A pesar de que la legislación limita la cantidad de cambios, los que ya se dieron indican que las Fuerzas Militares reconocen la importancia de una desintoxicación que no pasa necesariamente por las presiones del Ejecutivo.

    Salinas Sedó fue enfático en advertir que el gobierno de Fujimori y Montesinos le hacía un significativo daño a las Fuerzas Armadas. Tal parece que esa ya es una premisa asumida por los mismos mandos militares.

     

    Comandante general Cacho, conjurando el pasado. A la derecha, edición sobre el 13 de noviembre de 1992. Voces en la noche y premonitoria búsqueda de asilo de Fujimori en la residencia japonesa.

    LA INSURRECCION

    El plan estaba claro y aceitado. En los meses siguientes al autogolpe, Salinas Sedó -dado de baja por no acceder a colaborar con Montesinos- consiguió el apoyo de altos oficiales de La Marina y FAP. Lo primero era capturar a Fujimori y recluirlo en la Base de Pisco. Luego, Hermoza y Montesinos quedaban detenidos con lo que se desarticulaba el llamado, en aquel momento, "triunvirato". Para el efecto, también se contaba con el apoyo de varias regiones militares y efectivos infiltrados en el Pentagonito, el SIN, el Comando de Instrucción (COINDE) y la Dirección de Fuerzas Especiales (DIFE). Todos lugares en los que Fujimori podía pasar la noche.

    Consumados los hechos, se reinstalaría al Congreso de 1990 para que sesionara durante tres días y le entregara poderes extraordinarios a Máximo San Román. Luego entraría en receso hasta la realización de nuevas elecciones parlamentarias y San Román presentaría un Gabinete en el que seguramente se encontraría Javier Silva Ruete ocupando la cartera de Economía.

    Con el proceso muy avanzado, le llegó la información a César Saucedo, en ese entonces jefe de la División Blindada. Es también simbólico que el retrato de Saucedo fuera retirado del salón para la realización del evento del lunes.

    Cuando el contragolpe estaba a punto de realizarse, se canceló. Entre quienes no llegaron a ser avisados estaba el mayor Hugo Ormeño Huapaya, encargado de romper en un acto simbólico los cerrojos de Palacio de Gobierno. Lo detuvieron con una pata de cabra en las manos y ello provocó una serie de comentarios casi delirantes por parte de Fujimori. Acusó a los militares de querer asesinarlo con esa herramienta, y fue modificando su versión hasta acusar a Ormeño de ser una especie de desquiciado y a Salinas de haber introducido al país un moderno fusil "con una mira similar al arma con la que asesinaron al Presidente Kennedy".

     

    Retratos de Hermoza y Saucedo, estratégicamente desubicados. Abajo: Ormeño, madre y Bolognesi. Sin pata de cabra.

    REUNION DE AMIGOS

    En el salón Francisco Bolognesi estaba el comandante Enrique Aguilar del Alcázar:

    -¡Cholo! ¿Y tu pata de cabra?

    La sonrisa del comandante general José Cacho Vargas se acentuó. Dentro del grupo se encontraban tres compañeros de su promoción, los coroneles de Infantería Víctor Granda Guzmán, Cesar Martínez Uribe Restrepo y Wilder Sánchez Gambini. Divisó también a su técnico en la Escuela Militar, el coronel Jaime Gutiérrez Tovar y el que fue lo que se conoce como su "perro" en la misma, coronel Jorge Ramón Noblecilla Merino. Con un pesimismo comprensible, varios ya se habían librado de sus uniformes, por lo que se encontraban estrenando nuevos.

    Durante su discurso, Cacho recordó tiempos más oscuros y reconoció que la situación por la que pasaron los oficiales reintegrados se debió al "quebrantamiento de la disciplina y el orden establecido".

    Como otros integrantes del grupo, Aguilar fue torturado. Cuando Vladimiro Montesinos intentó golpearlo, le ganó la jugada y el `Doc' sintió que le torcían un brazo. Siempre dispuesto, el entonces comandante Roberto Huamán recompensó a Aguilar con un culatazo en la espalda.

    -¿Y ahora a quién le va a romper el brazo mi Comandante?

    -Ya veremos, mayor. Aún hay mucho por hacer.

     


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