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Edición Nº 1670 |
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Y Se Hizo Justicia Había habido cambios en la Fuerzas Armadas, en el Ejecutivo, en el Parlamento. Incluso, aunque levemente, en el Poder Judicial. Pero lo ocurrido el viernes 11 de mayo en el Consejo Nacional de la Magistratura cambió el panorama institucional del país de manera dramática. Numerosos jueces y fiscales que durante años fueron, prácticamente, el brazo legal cómplice de Vladimiro Montesinos, o que callaron frente al atropello generalizado, no fueron ratificados y por lo tanto acabaron su carrera. A su vez, magistrados probos que vivieron en el ostracismo, volvieron a puestos de importancia, como si la justicia los hubiera redimido. Se trató, lisa y llanamente, del cumplimiento del artículo 154 (inciso 2) de la Constitución. Sólo que, al parecer, estábamos tan acostumbrados a la corrupción que todo esto parece un milagro, que aún no ha terminado por cierto. EL viernes 11 de mayo, en el Palacio de Justicia, el ajetreo era el de siempre. De pronto, cerca de la una de la tarde, la voz del doctor Jorge Angulo Iberico -escuchada por una radio local- hizo que todo cambiara radicalmente. El presidente del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), con una sobriedad notable, leyó una lista de 26 magistrados, entre jueces y fiscales, que no habían sido ratificados. Cuentan que algunos afectados estaban almorzando y casi se atragantan. En la Fiscalía sucedía algo similar. Mario Antonio Urrello Alvarez, hasta entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, era uno de los sorprendidos. Cinco meses después había sido removido del cargo. Al día siguiente, Urrello convocó una conferencia de prensa
para protestar y anunciar que acudiría a las instancias interamericanas
de justicia. Pero ni su voz, es decir la de la máxima autoridad
judicial del país, detuvo la decisión. Se trataba de una
medida inapelable.
Sobre el doctor Urrello, además, hay que poner algunos respetuosos
puntos sobre las íes. No fue, como otros magistrados lamentables,
un agente abierto de Montesinos en el Poder Judicial. Pero hay un episodio
que retrata su, cuando menos, desidia institucional. Ocurrió en
abril de 1992. Parte del menú de los golpistas de entonces fue la destitución de varios miembros de la Corte Suprema, con el objeto de transformarla en una palanca del nuevo poder. Urrello sobrevivió a la poda. No corrió la misma suerte que, por ejemplo, el doctor Guillermo Cabala Rossand. Cabala ha relatado, incluso, que él y otros vocales solicitaron una sesión extraordinaria para emitir un pronunciamiento sobre el golpe. Pero Urrello y los demás sobrevivientes dieron una respuesta alucinada: no aceptaron porque los magistrados que lo pedían ya habían sido destituidos por el nuevo poder. Urrello, además, era amigo del ex ministro Augusto Antonioli, al punto que la hija de éste fue su secretaria. Todo esto no tira abajo su honestidad, pero las consecuencias de su silencio fueron terribles. Recuérdese si no, las palabras de Fujimori, tildando prácticamente de rateros a los magistrados destituidos. Otros vocales supremos, ellos sí piezas claves del fujimorismo, ya preveían su desgracia. Era el caso de Alipio Montes de Oca, ex miembro del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial y ex presidente del Jurado Nacional de Elecciones; Luis Serpa Segura, ex presidente de la Corte Suprema; y Víctor Raúl Castillo Castillo, quien ejerció el cargo antes de Urrello.
Los tres habían sido protagonistas estelares de un sonado "vladivideo",
por lo que no tenían ninguna opción de continuar. Algo similar
ocurría con Pedro Iberico Más, ex miembro de la Comisión
Ejecutiva del Poder Judicial, y con Moisés Pantoja, ex profesor
del Presidente Fujimori en el colegio. Entre los vocales superiores no ratificados estaba el ya legendario Alejandro Rodríguez Medrano, presunto brazo derecho de Montesinos en el Poder Judicial; y Jaime Beltrán Quiroga, protagonista de un "vladivideo" en el cual aparece negociando con el ex asesor el fallo del juicio sobre la mina Yanacocha. En los predios del Ministerio Público, la no ratificación más notoria del tumultuoso viernes 11 fue la de Miguel Aljovín Swayne, ex Fiscal de la Nación y a fines de 1999 asombroso exculpador de Montesinos en el caso de sus millonarias cuentas bancarias. También la de Pedro Pablo Gutiérrez Ferreyra, ex fiscal supremo e inseparable aliado de la incontrastable Blanca Nélida Colán. El martes 15, el CNM volvió a la carga con algunas decisiones
que, sin querer, resultaron irónicas. El lunes 14, los vocales
superiores Ana María Bromley, Luis Antonio Catacora y Diomedes
de María Anchante asumieron como nuevos vocales supremos, en reemplazo
de los no ratificados. Al día siguiente, tampoco fueron ratificados.
Otra no ratificada fue la jueza Mercedes Tello Piñeiro, quien
en el caso abierto contra el director de Caretas, Enrique Zileri, por
aquello de llamar "Rasputín" a Montesinos, tuvo una actuación
memorable. Falló a favor del ex capitán y durante el juicio
se refería a él con un cariñoso "Vladimiro". Ese día le cayó también la quincha a un abanico de fiscales que en los tiempos de la doctora Colán se hicieron inconfundibles: Flor de María Mayta Luna, Julia Eguía Dávalos, Mirtha Trabucco (la del caso de las firmas falsificadas) e Hilda Valladares. Todas eran del entorno de la tres veces Fiscal de la Nación. Párrafo bueno aparte merece el nuevo presidente (interino, por 60 días) de la Corte Suprema, Oscar Alfaro Alvarez. Fue también presidente de la Corte Superior de Huancayo, su tierra natal, y uno de los vocales supremos destituidos tras el golpe de 1992. A fines del año pasado retornó junto con Cabala Rossand. "No tengo ninguna ambición de estar en el cargo, yo sólo cumplo la ley", dice Alfaro. Cuenta también que, tras ser echado por los golpistas, él mismo asumió su defensa. Ganó en primera instancia, pero cuando el expediente subió a Sala durmió 8 meses, hasta que se dio una ley que impedía a los supremos mayores de 60 años ejercer. Entonces, mágicamente, se resolvió que no podía volver (él superaba los 60 años). "No guardo rencor a nadie -agrega-, a pesar de que sufrí el maltrato a un ex miembro de un poder del Estado. Tenía que hacer cola para ingresar al Ministerio Público o al Palacio de Justicia. Incluso me quitaron las cátedras que tenía en algunas universidades. Ahora, los amigos que antes me olvidaron de pronto se acuerdan de mí". Alfaro debe convocar ahora a una Sala Plena con los 18 vocales supremos, para que entre todos elijan a su nuevo presidente. Se anuncian nuevas listas de no ratificados para estos días. Y no ha faltado quien diga cómo el CNM, no conformado totalmente por abogados, termina con la carrera de magistrados. Ciertamente, de los 7 miembros del CNM, dos -el médico Luis Flores y el ingeniero Jorge Lozada Stambury, ambos representantes de los colegios profesionales-, no son abogados. El resto sí: Teófilo Idrogo, representante de las universidades particulares; Ricardo La Hoz, elegido por la Corte Suprema; Fermín Chunga, representante de los Colegios de Abogados; Pedro Angulo, presidente y representante de las universidades nacionales; y Daniel Caballero, elegido por la Junta de Fiscales Supremos. Ocurre, sin embargo, que, tal como dice el jurista Julio Silva Santistevan, ésta es la única instancia que puede hacer sentir que la justicia no le pertenece sólo a los abogados sino, también, a la gente. ¿Hay algo más importante cuando se habla de justicia?
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