Edición Nº 1670

 

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    17 de mayo de 2001

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Entre el Debate y los Bonos


    AY hija, mira, con todo lo que yo quiero a Güido (fuera de que donde camotes se asaron cenizas quedaron y en esa fogata, tubérculos de toda índole sí que abundaron), pucha, he estado a punto de llamarlo para sugerirle que decline en mí el rol de moderador en el debate de candidatos, hija, porque él es demasiado ponderado y civilizado para el par de barbajanes a los que va a tener que manejar.

    Yo en cambio, pucha, no sabes. Esta iniciativa de hablarle a Güido surgió a raíz de que la otra noche, o sea, soñé que regresaba a la casa paterna, allí en Javier Prado y, o sea, me encontraba una vez más a la Olinda llorando porque se le había desaparecido el vuelto del pan y mi tiíta Ana Luisa (que era más tacaña que Alfredo Jaililie con sus enemigos), pucha, estaba a punto de someterla al garrote vil para que la pobre mujer confiese que ella se había agarrado los dos soles. Ese recuerdo, hija, lo tengo vivísimo porque en la realidad ocurrió horrores de veces hasta que un día, o sea, harta de ver que Olinda sufriera y sufriera y sufriera (y yo sí que era una abogada de las mujeres y no como la perra chusca esa de la Bozzo, que mejor no me hagas hablar porque te digo lo que me han contado mis amigas del Sophianum sobre ella), pucha, yo me puse a investigar y di con los dos sospechosos principales: Alex, que era el jardinero y Alan, que era el mayordomo.

    Para que veas lo que es la vida de coherente, hija, Alex era un churrupaquito así, de este tamaño, encorvado y con las piernitas arqueadas (como de danzante de tijeras, tú me entiendes), que hablaba moviendo la cabeza como una vizcacha de monte asustada por el puma de Arguedas, más o menos, y cuando tenía que contestar algo que una le preguntaba, pucha, engolaba la voz como si estuviera dando una charla de cómo ganar amigos en el Club Provincial Cora Cora, todo para barajar la nota. Por ejemplo, o sea, tú le decías "oiga Alex, ¿por qué no dan las hortensias lila este año?", el cholo se encorvaba y sacaba pecho, antes de responderte con una voz sacada de las entrañas del aparato fonador, "os quo la tiorra ho ostado moy salitrosa, mi reina", y a mí me tenían que dar agua florida para las pesadillas cada vez que lo escuchaba.

    El otro, cómo te explico, era un cholón de ésos que hay millones por acá, largo, fofo y con cara de nalga, que se creía el Duque de Kent porque mi mami le puso el uniforme de mayordomo argumentando que de todos los que había en la casa, a Alan era a quien menos le arrastraban las bastas del pantalón. Bueno, ése era de los que ponía radio en la zona del garage... ¡y cantaba valses a gritos con las audiciones en vivo de Radio Nacional, justo cuando todos intentábamos hacer la siesta! Taimado y mentiroso como una sanguijuela en aprietos, pucha, el tal Alan era capaz de venderte un burro muerto como si fuera una pieza de Sevres. Yo lo detestaba con toda la fuerza de lo que soy capaz, sobre todo cuando servía la mesa y venía con la sopera, se inclinaba a mi costado y yo le veía ese gordito que se les hace a ellos entre el cuello y la oreja, y en una de esas fue que me vino mi primer ataque de anorexia, que me duró quince años y me costó treinta kilos, no sabes.

    Bueno, los junté a los dos en la repostería, le di a cada uno cinco minutos para que se defendiera del cargo de haberse tirado el vuelto del pan y claro, como se odiaban entre ellos como perro y gato, pucha, solitos fueron soltando información hasta que todos ahí nos enteramos de que se agarraban los vueltos entre ellos y se los repartían mitimiti, ¿te puedes imaginar? Todo, gracias a una buena moderación como la que hice, y que no fue nada más que andar amenazándolos con dejarlos sin trabajo, que es exactamente lo mismo que ahora está diciendo el 40 por ciento del electorado peruano, yo sé que tú me entiendes.

    Bueno, hija, lo que me hizo olvidarme de la moderación famosa fue enterarme de que Delia ha sacado una ley regia para que nos paguen los Bonos de Reforma Agraria indexados, en dólares y poco menos que con intereses de banco alemán. Buena Delia, así se hace. Ya te vamos a llamar Maripí, Mariló, Maribé, Martitú y yo para un lonchecito así nomás sencillito pero de largo porque lo que has hecho, pucha, sí que es un aporte al desarrollo nacional y no como el jardinero y el mayordomo segundo, que mejor paso la página. Chau. chau. (Rafo León).


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