Edición Nº 1671


 

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    ARTICULO

    24 de mayo de 2001

    Loco por la Bolocco
    Ex Presidente argentino cazado por diva chilena: Extractos del nuevo libro de la "menemóloga" Olga Wornat. La pareja se casa el sábado 26.

    La ambición de Cecilia Bolocco sólo puede compararse a la de Carlos Menem. Para ella no existe un último peldaño. Para él no hay más meta que el poder. El noviazgo, que comenzó con planeados y furtivos encuentros románticos, transcurrió salpicado por los desenfrenados celos de Zulemita, las intrigas de Zulema Yoma, los juicios que aún enfrentan Menem y sus familiares y los despropósitos de la propia Cecilia al querer imitar a Eva Perón. Sin embargo, se casan, con todo y las cuentas bien hechas: acuerdo prematrimonial. La boda se avizora suntuosa, justo cuando los argentinos se debaten en grave crisis económica y política. A continuación, chispazos del acucioso relato de Olga Wornat en el que Alberto Fujimori, también es protagonista.

    "Chechi" en portada de Gente. Vestida del mismo color que será su traje de bodas, diseñado por la colombiana Silvia Tcherassi.

    TE juro Nena que ella no durmió en Los Olivos, no pasó nada... Te lo juro por la memoria de Carlitos. Créeme, por favor... -dijo Carlos Menem con desesperación.

    Del otro lado del teléfono su hija sollozaba, y, entre ahogos, amenazaba con dejar de verlo para siempre si la historia entre Cecilia Bolocco y él, que los medios insinuaban, era verdad.

    Zulemita estaba en Cuba, había llegado de vacaciones a las playas de Varadero con sus amigas Mónica Gostanián y Gabriela Glay. Mientras se reunía con Fidel Castro -después declararía que el cubano ¡era el hombre más fascinante que había conocido!-, le transmitía saludos de su padre, y lo invitaba a visitar Anillaco cuando Menem abandonara el poder, la rubia Cecilia "Chechi" Bolocco aterrizaba en Buenos Aires, apuntando su batería de seducción sobre el otoñal mandatario en retirada.

    En los primeros días del mes de septiembre de 1999, después de mucha insistencia y misteriosas negociaciones personales, y mediante la colaboración de algunos alcahuetes, que vieron en ella la posibilidad de levantar el alicaído ánimo del Jefe, siempre listo para las blondas féminas, Bolocco había logrado una entrevista de tres días, intimista y sugestiva, para su programa de televisión, La noche de Cecilia, que se emitía por el Canal 13 de Chile.

    Un mes antes, en agosto, la rubia había puesto en escena el mismo ritual de seducción con el entonces presidente peruano, hoy prófugo de la justicia de su país, Alberto Fujimori.

    Bolocco y su equipo habían llegado a Lima con gran alharaca, despertando curiosidad y algunos comentarios maliciosos. La ex Miss Universo no solamente logró su cometido, sino que, siempre ávida de conocimientos, salió a pasear con "el Chino", ambos montados en bicicleta, por las calles de un barrio miserable de las afueras de Lima. Al final del paseo, descorcharon una botella de champán ante la algarabía de los simpatizantes fujimoristas y de cientos de desarrapados que pugnaban por tocar la rubia cabellera teñida de la diva.

    "¿Qué le parece Cecilia Bolocco, señor Presidente?", preguntó un periodista. Fujimori respondió: "Es una maravilla". Y agregó entusiasmado: "Cecilia vino porque quiere conocer la realidad del país en el lugar de los hechos. Y no como hacen muchos que nos difaman sin saber nada de lo que hago. Volverá próximamente para conocer la vida en el campo y los secretos de la cocina típica peruana".

    Cecilia, por su lado, dijo: "Vine para entrevistar al presidente Fujimori porque me parece una persona interesante como para presentarlo en el nuevo programa que estoy preparando. No es ningún encargo de nadie, sino mi propio interés de conocerlo más a fondo. Me parece un ser muy especial, capaz de bajar al llano y sin necesidad de usar máscaras".

    Y sus deseos de incrementar sus conocimientos fueron supersatisfechos, porque ella misma, con cara de niña boba y a propósito de sus posteriores tres días con Menem, suministró detalles de aquel encuentro en Perú.

    Menem, según Wornat, volvió a sus andanzas: mujeres y póquer. Encima, enredado en denuncias.

    "Me llama la atención todo este jaleo que se armó de mi entrevista con Carlos Menem, porque con Fujimori los encuentros fueron más íntimos (sic), en el sentido que cenamos juntos, solos, sin custodia, y lo invité a un concierto en Lima y, cuando me iba, me acompañó hasta la puerta del avión y me regaló un ramo de flores. A nadie se le ocurrió nada raro...", dijo a los periodistas con una cándida sonrisa.

    Nunca se sabrá si sus galanteos fueron retribuidos por el "Chino", un tenebroso personaje al que los periodistas peruanos definen (entre otras cosas) como "asexuado", y que cuando era presidente recorría el país acompañado de sus "geishas", cuatro periodistas peruanas nada agraciadas que no lo dejaban ni a sol ni a sombra y lo adulaban como a un emperador.

    Los sabedores de la intimidad cuentan que cuando Menem la vio, la "desnudó" con la mirada. Y que apenas se enteró de que había sido Miss Universo y era la reina de la televisión chilena con un programa de más de 35 puntos de rating, no dudó un segundo en recibirla generosamente.

    -Quiero quedarme unos días más en la Argentina. Me encanta estar con usted porque somos muy parecidos, tenemos los mismos tiempos... -dijo ella provocándolo.

    -Cecilia, tutéame por favor -le pidió él.

    La Bolocco llegó a la residencia de La Rioja vestida para matar. Enfundada en un ajustado tailleur rojo furioso de corta minifalda que dejaba expuestas sus largas piernas desnudas y calzada con sandalias plateadas de taco guja, la diva no dejó lugar para las dudas sobre las intenciones que se traía con él -todavía- ocupante de la Casa Rosada.

    Después de hacer un mohín, entornó los ojos y lanzó la primera pregunta: "Dicen que usted tiene fama de seductor... ¿Cómo hace para seducir?"

    •••

    Después de la primera vez que se vieron, Cecilia Bolocco no tardó en llamar al celular de Carlos Menem con la excusa de confirmar datos para el reportaje que le había hecho.

    Ese día hablaron casi dos horas. A partir de ese momento, las conversaciones se transformaron en un rito imparable. Tenían extensas y almibaradas pláticas, y cuando él dejó la presidencia, ella acompañó su desolación con sus consejos: frases místicas robadas de los libros de Paulo Coelho.

    Un día, él le madó por fax la letra del tango "Como dos extraños", su preferido. En realidad, no era nada original. Ese tango le cantó a casi todas las mujeres que pasaron por su vida. Y ella le leyó las oraciones predilectas de su libro de cabecera, El Alquimista, de Paulo Coelho, que repetía en su programa de radio Caracol y en cuanta entrevista le hacían. "Cuando el dsicípulo está preparado, el maestro aparece".

    En realidad eran tan parecidas, que para hacer sentir especial al otro, utilizaba recursos de anteriores conquistas.

    -Eres muy linda Ceci, me gustas mucho, te extraño... -le dijo una mañana, cuando llamó para despertarla.

    -Carlos eres un hombre sabio y encantador, me das mucha paz, soy tan feliz de haberte conocido... -respondió ella.

    -Tengo muchas ganas de verte, parece mentira que hace poco que no nos vemos io te extraño... -se animó él.

    -¿Por qué no te vienes? -lo apuró ella.

     
    Chechi estuvo en Perú en 1999. Coqueteos, cena y concierto con el "Chino", pero lo descartó..

    El 14 de febrero del 2000, después de un fugaz encuentro en Santiago, Menem viajó a Miami, a escondidas de su hija. Salió de Buenos Aires en avión privado y llegó hasta la casa de ella, en Biscayne Point Circle.

    Esa primera vez, para escapar de los periodistas, se alojaron en un hotel, en uno de los más lujosos, en el Baltimore, en la suite presidencial. Aquí ocurrió un episodio que casi empaña la cita. Una mañana, Cecilia se estaba bañando y salió del baño envuelta en una toalla. En la habitación estaba, cómodamente sentado, el jefe de la custodia de Carlos Menem, el subcomisario Jorge Rossotti. "¿Qué hace usted acá?", preguntó ella espantada. "Soy el jefe de la custodia del presidente", contestó Rossotti. Cuando Menem regresó y se quedaron a solas, ella le dijo "Carlos, no me gusta que el jefe de tu custodia entre en la habitación sin pedir permiso". Menem le aseguró que nunca más iba a ocurrir. Habló con Humberto Kelle, ex secretario de su hermano Munir y que ahora trabajaba para él y le dijo: "Ponélo en línea a Rosotti". Dicen que el grandote se tomó tan a pecho la sugerencia de su jefe, que entró en la habitación del subcomisario y lo "molió a golpes", según testigos directos. El hombre anduvo mucho tiempo con anteojos oscuros.

    •••

    Inmediatamente después de Keko, las malas lenguas vincularon a Cecilia con uno de los empresarios más fuertes de Chile, Guillermo Luksic, hombre casado y miembro de una de las familias más ricas de Santiago, pero por más que decenas de reporteros gráficos la siguieron noche y día tratando de retratar el supuesto affaire, nadie logró encontrarlos juntos en ninguna situación embarazosa. "No la pueden ver linda y sola, entonces le inventan romances que no existen", se escuchaba decir en los pasillos del Canal 13 de Chile.

    Agosto de 1999 la llevó al Perú. Su entrevista con Alberto Fujimori hizo olvidar aquellos rumores y alimentó un nuevo morbo: la Chechi lo llevó al concierto, el japonés la invitó a comer... Pero quince días después el avión la llevó a la Argentina y entonces sí, ya en septiembre, junto a Carlos Menem, floreció la primavera.

    •••

    Los juegos de seducción de la pareja (un clásico de la vida sentimental de la Bolocco y de Menem), los entredichos por el contrato prenupcial, las amenazas de Zulemita, todo quedó en segundo plano cuando el martes 24 de abril (de este año) el fiscal Carlos Stornelli le pidió al juez Urso que citara a Carlos Menem a declarar como supuesto jefe de una asociación ilícita. El pedido no sólo reclamaba indagar a Menem sino que incluía la posibilidad de que quedase detenido. Se habían acabado los días de vino y rosas, de pizzas y champán. El mismo día de la citación, la revista Gente traía en tapa a la Chechi, vestida de rosa, con la siguiente frase: "Mi boda durará tres días y tres noches". Un bochorno que alarmó a la tropa del Jefe. El noticiero de mayor rating de la Argentina, Telenoche, dedicaba un bloque a las declaraciones de Bolocco en Gente y sus paseos haciendo compras, mientras a su "pololo" lo acorralaba la justicia. "El mundo Bo...locco", se llamaba. Y la periodista Mónica Cahen D'Anvers comentó con sorna: "Un mundo un poco bobo y un poco loco".

    -¿Justo en este momento a esta mina se le ocurre dar esa nota y encima pedir 15 mil dólares a cambio?

    "Menem-Bolocco S.A.", el libro de Olga Wornat. Al lado, anillo de bodas Bulgari: platino y diamantes.

    -Qué mal está Carlos, mirá el papelón que está haciendo con esta pelotuda, así no llega a ninguna parte -murmuraban preocupados los fanáticos que se acercban a la mansión de la calle Echevarría el día de la citación del fiscal, ansiosos por mostrar su solidaridad.

    En el Congreso, los gobernadores y la cúpula partidaria del peronismo lograron amontonarse, con el gobernador Carlos Ruckauf y sin el candidato a presidente justicialista Eduardo Duhalde, para declararle la guerra a la justicia. "Vamos a colgar en Plaza de Mayo a los jueces y fiscales. Estos hijos de puta terminan muertos", decía un famoso operador bonaerense de Carlos Menem.

    Por única vez Zulemita y la Chechi coincidieron en la reacción: ambas estallaron en llanto.

    Cecilia Bolocco había llegado a Buenos Aires el 17, en compañía de su madre y su ladera Jimena Campbell.

    Se alojó como siempre en el Alvear, el hotel de Mario "Bollito" Falak. El mismo que tiene micrófonos entre el entelado francés de las habitaciones para grabar las conversaciones de los huéspedes importantes, que luego van a parar a la SIDE y a manos de los alcahuetes menemistas. ¿Sabía Cecilia Bolocco que sus conversaciones eran grabadas prolijamente cada vez que se alojaba en el lugar?

    El mismo 17 la invitaron a comer en la casa de la familia Neuss, en la Avenida Alvear. Llegó impecable, con un traje de cuero color violeta y un top de paillettes del mismo tono. Menem la aguardaba enfundado en un traje azul, el color preferido de ella.

    Apenas se miraron, Chechi lloró. Como siempre que se encuentra con su "pololo", las lágrimas brotan de sus ojos como por arte de magia.

    -Cecilia por favor, no me dejes más, no puedo vivir sin ti... -dijo Carlos Menem, y se besaron apasionadamente.

    Don Enzo Bolocco, que en materia de enredos con la justicia tiene cierta experiencia, llamó a su hija preocupado y le dijo que tuviera un poco de cuidado. Le aconsejó bajar el perfil todo lo posible.

    "Cecilia no puede quedar como la novia de los presidentes prófugos. Ya le pasó con Fujimori", se quejaba un miembro del entorno de ella.

     


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