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Edición Nº 1671 |
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El Camino Imborrable
"Declárese de preferente interés nacional la investigación, identificación, registro, protección, conservación y puesta en valor de la red de caminos existentes en el Imperio Incaico dentro del territorio nacional" (Decreto Supremo Nº 031-2001-ED). Con esta norma legal, el Presidente Valentín Paniagua ha dado un paso importante en la revalorización y el futuro potencial del Qhapaqñan o Gran Camino Inca. Se trata de la impresionante red vial del antiguo Perú, gracias a la cual hace quinientos años el Imperio Incaico alcanzó su desarrollo y consolidación. Sus dimensiones eran -y siguen siendo- colosales, aunque en la actualidad muchos tramos han desaparecido por obra del hombre o el tiempo. En todo caso, el camino parte del Cusco y llega por el norte hasta Quito, Ecuador; y por el sur hasta Bolivia, Chile y Argentina. El siguiente paso es poner en valor el Gran Camino Inca. Prácticamente,
será como desenterrarlo después de medio siglo de olvido.
Para tal efecto, el Poder Ejecutivo creará una Comisión
Nacional integrada por todas las municipalidades provinciales y distritales
comprendidas a lo largo de la red vial, así como por un equipo
multidisciplinario de historiadores, arqueólogos y etnólogos,
entre otros especialistas. Quien no debe faltar, por ser probablemente
quien más conoce la ruta, ya que la ha hecho a pie, es Ricardo
Espinosa, El Caminante (fue él quien en abril pasado propuso al
Presidente Paniagua que el sistema vial incaico sea candidato a patrimonio
cultural de la humanidad).
De mayo a diciembre de 1999 Espinosa recorrió desde Quito, Ecuador, hasta el Cusco, y desde allí, siempre acompañado por arqueólogos nativos, siguió hasta La Paz, Bolivia. Fueron 4,000 kilómetros o cinco meses y medio de caminata. Luego recorrió, también a pie, siete caminos trasversales más (ver mapa), que constituyen ramificaciones del Qhapaqñan hacia la costa. Por lo tanto, él es quizás la única persona que puede aportar una visión global de la ruta e informar, por ejemplo, dónde hay minas o carreteras que estarían poniendo en riesgo el camino. No vaya a suceder lo que sucedió con las líneas de Nasca: la carretera Panamericana se construyó encima de ellas. Los caminos son empedrados de hasta cinco metros de ancho que atraviesan
pampas, forman interminables escalinatas o serpentean cerros sobre los
4,000 metros de altura. Algunos tramos todavía son utilizados por
los lugareños, otros están por desaparecer bajo la nieve,
la tierra o el ichu. Espinosa calcula en cien los sitios arqueológicos
de primer nivel asociados a la ruta. Desde las monumentales ruinas de
Aypate, en la sierra de Piura, o el `Convento de las Monjas', en La Libertad,
hasta el templo de Racchi, en el Cusco. Ocho mil fotografías son
el testimonio de un trayecto que constituye "el misterio por resolver
más grande y atractivo de toda América del Sur".
El impacto a favor del turismo, tema de consenso entre los dos candidatos
presidenciales, sería enorme. Según Boris Gómez,
empresario de ecoturismo del Cusco, ayudaría a solucionar la sobrepoblación
de las actuales dos rutas conocidas como Camino Inca (cuatro días
de caminata hasta Machu Picchu). "En 1990 estos caminos fueron recorridos
por apenas 4,453 turistas extranjeros; en el año 2000, por 78,877.
De continuar así, el uso público de los mismos se hará
insostenible", advierte Gómez.
La Ruta Apalache
THE Appalachian Trail es un parque nacional atípico. Se trata de una estrecha senda de aproximadamente 3,488 Km. de longitud, que va paralela a la costa atlántica de los EE.UU., desde el estado de Maine, en el norte, hasta el de Georgia, en el sur. Es el sendero continuo y señalizado más largo del mundo, cruza 14 estados y en algunos puntos llega a alcanzar elevaciones de 1,829 m. En el camino, los atractivos naturales saltan a la vista por su excepcional belleza, siendo uno de los más impresionantes el sistema montañoso de los montes Apalaches. Según los entendidos, sólo se podría comparar The Appalachian Trail con el Gran Camino Inca por su longitud. Porque el camino peruano, dicen, "no es sólo una ruta de caminata de tres o cuatro meses, sino que tiene un sentido místico, histórico y turístico". Lo que sí habría que aprender del circuito norteamericano es el hecho que en la actualidad es mantenido por 34 organizaciones diferentes de conservación de senderos y 40 voluntarios al año.
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