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Edición Nº 1671 |
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¿Que quién ganó el debate? Pues todo parece haber quedado en lo mismo porque unos y otros aseguran que su candidato, ya sea Toledo o García, fue el ganador. Lo único cierto es que el que perdió moralmente fue García, que se sentía absolutamente seguro de batir a su contrincante y, además, sus partidarios le habían asegurado que gracias a su labia proverbial iba a barrer con el Cholo. Pese a sus preferencias, el autor de esta página tiene que conceder una suerte de empate técnico entre ambos. Y piensa que la encuesta ¡telefónica! que favoreció a García puede ser más bien fruto de la disciplina de los compañeros que, aleccionados oportunamente, bien pueden haberse puesto a marcar el teléfono cuantas veces les fue posible. Entonces, si se quiere, empate ¡y no hablemos más! Lo que sí parece absolutamente exagerado es el afiche de Perú Posible que el lunes apareció sobre las paredes diciendo que "Toledo: ¡Arrasó!". ¡Ya pues, Cholo, no te pases! La que parece una jugada al alimón es la de los mellizos (¿o siameses?) Bayly-Vargas Llosa (hijo), que el lunes aparecieron en una conferencia inaugurando el cortesano y servicial apelativo de "presidente García", que repitieron cuantas veces les fue posible en un esfuerzo subliminal del tamaño del propio Alan. Esta contienda electoral, señores, no se libra entre Toledo y el presidente García, sino entre los candidatos García y Toledo, a secas. ¡No se pasen de zalameros! Me pregunto: ¿Cuando regrese Fujimori los mellizos también lo tratarán de presidente? ¿O a él no? El domingo fue el día de Alan García en la televisión: su spot del valsecito ("Y me llamo Perú…") fue repetido a la hora cumbre, entre 8 y 9 de la noche, cuantas veces fue posible y, además simultáneamente, en los canales 4, 5, 7, 8, 9, y algún otro para el que no me alcanzó el zapping, en un esfuerzo económico que parece haber sido cubierto, para sorpresa de los peruanos, por la ONPE, que se atribuyó el aviso político contratado (acto del que debería dar cuenta). Esa fue como una torta de cumpleaños que se la comió el dueño del santo él solito. En vista de los ataques que viene recibiendo esta página por parte de seguidores y fieles (y aparentemente amnésicos) creyentes de Alan García, que andan muy molestos porque el suscrito insiste en hacer memoria sobre lo sucedido entre 1985 y 1990, me veo obligado ahora a recordar lo siguiente: En una época el Apra enviaba a sus grupos de choque, los mal afamados búfalos, a golpear a sus rivales cada vez que éstos hacían alguna manifestación, y hasta a periodistas que se atrevían a intentar entrevistar, sin su consentimiento, a su líder Víctor Raúl Haya de la Torre. Francisco Igartua debe de recordarlo muy bien. Hoy en día, adoptada su nueva apariencia de paloma blanda y bonachona, los apristas alanistas (como los señores Gabriel La Torre, Fredy Gambeta, María R. Temoche) se ocupan más bien de agredir e insultar por correo electrónico a los periodistas que, como quien esto escribe, recuerdan al pueblo peruano lo ocurrido en los años infaustos en que el Apra desgobernó el Perú). De boca del propio Alan García los peruanos hemos aprendido que en política no se puede ser ingenuo, y eso me basta para creer que si llegan al poder volverán a repartirse los puestos públicos, a defraudar el erario nacional, a dejar que se destruya la infraestructura vial, a controlar los precios artificialmente en propio beneficio. Por ello, los correos electrónicos que me envían denostando mis opiniones, me tienen sin cuidado. Oprimo el "delete" y basta. Si esta página ha tomado partido y elegido de arranque entre uno de los dos candidatos es porque no cree en el voto en blanco ni en el viciado. En el Perú de hoy hay que correrse el albur y votar por el futuro, no por el pasado. Votar en blanco es tirarse a una piscina vacía, cosa que no me gusta hacer. Aunque algunos podrán decir que hacerlo por Toledo es zambullirse en una medio vacía, y tratar de no tocar fondo. Quien maneja sin mirar por el espejo retrovisor se estrella. O lo estrellan. Si al menos AGP no se hubiese acogido a la prescripción de los delitos que se le imputan, quizá lo hubiese pensado dos veces. Pero acogerse a que pasaron los años y ya no puede ser juzgado, es como conceder que, de serlo, correría el riesgo de ser condenado. Una periodista aprista de la nueva hornada escribió hace poco en La República que en el nuevo contexto internacional le sería imposible a Alan García cometer los mismos digamos que errores (aunque el propio AGP calificó hace poco como "delito" a la inflación) de su primera gestión. Aparte de reconocer dichos errores, la periodista parece no tomar en cuenta de que en este mismo continente el populismo de Hugo Chávez, el mandatario venezolano, parece enrumbar a su país hacia un precipicio parecido, esta vez con carácter autoritario y aún más demagógico. Si AGP llegara al Gobierno -digo, es un decir-, sin duda que seguiría el mismo camino y, como antes con Fidel Castro, trataría de ganarle en figuración internacional al coronel Chávez (¿o ya es Mariscal?). Para ser sincero, creo que uno de los correos electrónicos más ingeniosos que ha recibido esta página -a la que, como dije le caen tantos ataques apristas últimamente- es el del lector ese que recuerda el aforismo de Gabriel García Márquez que dice: "La literatura de ficción la inventó Jonás cuando convenció a su mujer de que había vuelto a casa con tres días de retraso porque se lo había tragado una ballena". Eso sí me parece ocurrente. Después de todo la literatura de ficción no ha matado a nadie.
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