Edición Nº 1673


 

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    7 de junio de 2001
    Por AUGUSTO ELMORE

    A nadie que haya leído esta página en las últimas semanas, o meses si se quiere, le puede caber la menor duda sobre la posición que quien la escribe ha tenido respecto de las últimas elecciones. La misma me ha hecho merecedor de diversos vilipendios de apristas fanáticos que, en especial desde el extranjero, como la señora María Temoche, que por vivir en Washington desde 1967, es decir antes de que Alan García destruyera el país, no tienen la menor idea de lo que sucedió después. Persistí en la esperanza de que el Perú superara esa circunstancia y eligiera en las elecciones del pasado domingo a una nueva figura, para que el futuro tuviera alguna posibilidad sobre el pasado.

    Los votos de los ciudadanos peruanos me han dado la razón. Por estrecho margen, es cierto, pero razón democrática al fin de cuentas. Y para quien esto escribe no cabe nada más que reconocer la hidalguía que tuvo el señor Alan García en reconocer el triunfo de su oponente a pocas horas del conteo de los votos. Fue ése un gesto admirable de democracia que hace predecir nuevos tiempos para la democracia peruana. Ahora sí creo que, más que Alejandro Toledo, el que ha triunfado es el Perú como país.

    Por eso, esta página dejará de lado las trapisondas naturales del proceso electoral y, más bien, estará a partir de este momento al tanto del futuro. Me reconciliaré (aunque nunca estuvimos peleados) con mi propia revista, que tanto hizo en favor de García. Creo que estas elecciones han sido absolutamente ejemplares. Y por ellas, primero felicito al gobierno del gran Presidente Paniagua, al ganador, Alejandro Toledo, y también al perdedor, Alan García. Ellos, de común acuerdo, podrán hacer del Perú lo que el Perú, y los peruanos, merecen -y necesitan- ser.

    Una de las cosas más hermosas que he escuchado con motivo del triunfo de Toledo ha sido aquella que se dijo en la televisión antes de que éste hiciera el uso de la palabra a pocas horas de su triunfo: Por primera vez en la historia del Perú un peruano que surgió de la más baja pobreza, llega a la Presidencia de la República. Ese es un hecho contundente, al que me adhiero de todo corazón. No sólo ha triunfado un Cholo (con mayúscula), un indígena si cabe. Ha obtenido el triunfo que merecía el hombre que supo tener éxito, porque de Cabana -nombre que ahora es casi un símbolo- Toledo llegó a Harvard, y de allí a la Presidencia del Perú.

    "Un Perú de todas las sangres", ése fue el llamado de Toledo, y el gran lema del Perú que nacerá con el nuevo gobierno. ¡Apoyémoslo!: ¡Todas las sangres! No tengamos miedo a nuestras diferencias. Empujemos el carro de nuestras coincidencias., eso fue lo que dijo Toledo en el gran mitin de su triunfo.

    "Hoy comienza el cambio", eso estaba escrito en el gran letrero colocado en la tribuna oficial del Paseo de la República. ¡Que comience ya! Hagámoslo todos. Es hora definitiva que no existan más apristas y antiapristas. Veremos lo que ocurra en el Congreso.

    Por eso, en honor a la nueva realidad, esta página arría sus banderas enarboladas en contra de la candidatura de Alan García, cuyo comportamiento inmediatamente de conocido el resultado de las elecciones parece demostrar que supo aprovechar muy bien su estada en París, porque de la democracia y la civilización francesas tiene que haber aprendido el gesto que tuvo. Yo, que fui su tenaz aunque modesto contendor, lo saludo.

    Lo he dicho: ya el Perú en la noche del domingo parecía un país diferente. Sin las acrimonias y las mutuas acusaciones entre los contendores, con el comportamiento admirable del perdedor y con la llaneza, la parquedad sin aspavientos y la carencia de altivez del ganador. La carrera de vallas que tuvo que sortear cada uno de los corredores de fondo pasó al olvido, así como las zancadillas, los cabes, los empujones. Ahora sólo tenemos el futuro por delante, que ojalá transcurra como la noche de este domingo extraordinario que hemos vivido los peruanos.

    Una mención final de agradecido reconocimiento al gobierno del doctor Valentín Paniagua, que supo en todo momento mantenerse al margen de la disputa electoral, demostrando que quedan fuerzas vivas en este Perú saqueado moral y económicamente por el régimen anterior. Y felicitación calurosa al Jurado Nacional de Elecciones y a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), por su contribución extraordinaria al resultado final, conocido en forma tan rápida e inobjetable.

    Como periodista y como peruano escribo estas líneas con total satisfacción, sabiendo que aunque hay ganadores y perdedores, por encima de todo ello hay un ganador definitivo: el Perú. Suena patriotero, pero hoy hay una razón para serlo.


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