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Edición Nº 1673 |
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Por FERNANDO VIVAS
NO se puede huir de Toledo. Taxistas, recepcionistas y curiosos panameños me preguntan por él. Como Montesinos está tranquilo en la provincia de Chiriquí ("No me diga, maestro, yo lo hacía en Venezuela o Colombia; en serio, no se burle, aquí también tiene jungla y aeropuertos y está más cerca de los bancos") la prensa ístmica lo reemplazó por el duelo entre un viejo zorro de la política y un emergente con cartón. Panamá vive un dilema que la parte en dos, que le da divisas y la identidad que antes se creía le era arrebatada. Un nacionalismo pragmático recorre ahora las 50 millas del canal, sube, baja y se nivela con el sistema de esclusas: el negocio es líquido, 500 mil millones de dólares de peaje desde que en el 2000 el canal pasó a ser 100% panameño. Bajo la administración gringa el país recibía la mitad aunque no asumía ningún costo. ¿Deben agradecer a sus invasores el haber trazado el fabuloso tajo tanto como por haberlo entregado en azul? Panamá es esa caudalosa y colorida garita de control que sonríe a los comerciantes y piratas del mundo. Panamá es el canal y viceversa, subráyenlo con maracas. El turismo sí sufrió un revés. Se fueron los gringos que gastaban sus dólares en casa y los latinos pasan de largo el duty free del aeropuerto camino a Miami y al Caribe. El reto panameño es aprovechar su hub de conexiones aéreas y jalar gente para sus playas, sus tiendas y su irresistible Casco Viejo. (Además, como los gringos protegieron celosamente las márgenes boscosas del canal, a pocos minutos de la ciudad hay monos, culebras y pajaritos exóticos aguardando al ecoturismo que empieza a abrir la maleza y asomarse a la gran acequia). Alquilé un carro y crucé la cintura de avispa del continente en una hora. Un fiasco y un hallazgo. Colón, punto de entrada al canal, está de espaldas al Caribe mirando a su monstruosa Zona Libre: centenas de almacenes baratísimos con vendedores que desprecian al turista que los distrae de sus tratos al mayoreo. Dios salve la paz de Portobelo, 40 Km. al este de Colón, un fuerte colonial en ruinas que repelió a los morgans y drakes que ahora, en sus versiones modernas, lavan dinero y fundan empresas de fachada en apenas 24 horas amparados en la generosa legislación panameña. El musgo de las piedras, el óxido de los cañones, el Cristo Negro de la iglesia local y otras huellas del tiempo me conmueven como no lo hacen las toneladas métricas de los containers que nadan sobre el país. Visiten Panamá. Del canal de Panamá a los canales de Toledo. En el primer besamanos del Sheraton se poncharon a tres broascasters: Genaro Delgado Parker que ha invertido en la campaña triunfal y quiere que todos lo sepamos; Ernesto Schütz que hizo cola y ya se iba cuando por fin consiguió audiencia y el equipo de Domingo Palermo cuyo Canal A se la jugó con poco rating pero con buena muñeca. Primera crítica constructiva de Caretas TV al Presidente electo: sea distante y equitativo con los medios, deje de interesarse en sus líos judiciales, no se le pase por la cabeza seguir negociando apoyos ahora que ya ganó. Si ya renovó trato con algunos ayayeros pues será mejor que les haga perromuerto a ellos y no a los peruanos que queremos confiar en usted. Y, por favor, doctor Toledo, no vuelva a insinuar, como lo ha hecho en entrevista para el ABC de España, que una intriga montesinista inventó lo de sus contradicciones respecto al fallecimiento de su madre, pues fue en esta página donde se ventiló por primera vez el tema y rechazamos de plano su insinuación. Usted dio a entender que su mamá falleció en el terremoto de mayo del '70 y eso no era cierto según consta en su autobiografía y en el Pabellón San Mateo del cementerio de Chimbote. Caretas TV simplemente registró su propia discrepancia.
Escribe JAVIER PROTZEL
Me es muy difícil ver todo lo que hay de interesante en la televisión. Del cable, claro está, más una que otra excepción de la otra. Ofrece tanto que uno podría volverse adicto, conozco casos. Yo me cuido, y entre la televisión y la vida, prefiero la vida. Pero es que hay películas, y tantas. En el 53, en el 73, en el 71, el 44 y el 72. A veces el 18. Hasta en el 68: Buñuel, el Indio Fernández. Los canales europeos: largometrajes italianos, franceses, españoles, a horas imposibles que uno tiene que grabar. Pero no hay tiempo. Grabo mucho más de lo que veo; me quedan unos 50 largometrajes haciendo cola: una pequeña videoteca cuyos títulos lentamente se reciclan, con películas que acaso nunca vea, como esos libros que me miran desde los estantes. Pero otra cosa es el magnetismo de la actualidad, de la conversación. Más que la información internacional de BBC y CNN, me engancho al drama político nacional. Ahí es necesario conectarse con Althaus, que nos pone en el centro de la agenda política. Por cierto, una buena tarde de fin de semana incluye "Rueda de Prensa"; da gusto escuchar análisis inteligentes. A veces Quijandría. Pero como yo zapeo, vagabundeo viendo como muchos otros de todo y de nada, ensaladas de imágenes y discursos que relajan. Por eso no está mal ver goles y echarle una mirada a Janet Barboza.
La Danza de Quinn
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