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Edición Nº 1674 |
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Obsesión Fatal
LA decisión de Luisanna González por un control último, calculado al mínimo -por cierto minimal- y dentro de un riguroso abstracto, donde el sustento se localiza desde la manufactura hacia el orden sensorial, lleva a una concepción de la pintura como proceso de perseverancia, constancia y paciencia en sí misma. El acto o el instante de realización del cuadro cobra aquí una vital importancia en cuanto es un momento de autocontrol. El cuadro se plantea desde una actitud o un estado anímico continuo delimitado dentro del espacio que ocupa. El caballo de batalla es invisible. Se puede decir que el ojo percibe tanto una textura como una sensación, que en la teoría personal de Luisanna González la da el hecho de la acumulación sucesiva de la línea vertical y la vibración de unas respecto a las otras. Involucrarse con este tipo de imagen abstracta toma tiempo a la comprensión, y sobre todo porque el color se plantea también en el límite de lo bizarro. El lienzo será invariablemente muy claro, muy oscuro o muy frío. Sin embargo, la presencia que implica este tipo de trabajo lo hace asequible desde su orden, ligado a una mimesis de vacío aparente, extrañamiento o patrón de sintonía alterado. La inclinación por el control se aprecia igualmente aunque en otro ámbito, en el tratamiento de la mancha. De manera más específica Luisanna González encamina la mancha hacia la figuración -con las flores- y hacia la desaparición, aplicándola como velo a las figuras. Tanto en sus dibujos como en esta serie de manchas se aborda el tema de lo femenino con una perspectiva de glamour intencionalmente errático. El encubrimiento del motivo lo vincula a una idea de ocultamiento y develación acorde con el sentido de las medias de nylon, el impacto del rouge o el misterio del contenido de la cartera. Hay algo de perversión inocente o decadencia adolescente en este estilo de representación de la feminidad que puede encontrar su sentido en la frase de Rilke: "Lo bello es el comienzo de lo fatal". La identidad desaparecida en la serie de las líneas se manifieste tal vez, y por eso mismo, en un sentido radical en la serie de lienzos y dibujos sobre objetos y figuras de mujeres. En su mayoría fragmentadas, algunas de estas imágenes -o algunas de estas mujeres- narran una dislocación del encuentro consigo mismas en la búsqueda de su identidad. La caída, buscas evadirte, encuentro, son frases asociadas a los zapatos de taco, la adivinación del futuro y el desnudo. La muestra podrá apreciarse desde el 20 de junio en la galería Forum de Miraflores (Larco 1150, sótano) MFN. Homenaje A Verdi
Poeta a Ciegas
PROBABLEMENTE Jorge Eduardo Eielson sea el poeta que más haya experimentado, no digo ya con la rima en amarillo o la rima en rosa, sino con un concepto poético anhelado desde que la palabra poeta significaba algo así como ciego, o por lo menos la ceguera estaba asociada con la iluminación divina, la sabiduría, o una suerte de estrato supremo que se encarnó en el poeta oficial del mundo antiguo a través de la ceguera. Hablo de la verosimilitud, la fe o firme creencia en la ficción. Si Homero fue ciego y Martín Adán escribió a ciegas, Eielson es un artista visual. Artista visual también a ciegas y si alguien no cree por un segundo, durante la lectura, en la existencia real de las esculturas subterráneas, que tire la primera piedra. Sucede que la palabra, por ser efímera en el tiempo es muchas veces inasible. Así como una pieza artística ocupa un espacio real y determinado antes de ser un caballo de batalla o una mujer hermosa. Entonces cuando el arte y la palabra dialogan sólo es posible hablar de poesía -con el perdón de los novelistas y los críticos de arte-. Y la poesía pasa de ser un género literario a ser sólo poesía, por fortuna. Creo que pensé en ello específicamente a raíz de Sobre la Luz, poema del libro "Celebración" dedicado a los amigos del poeta. La luz que solamente es luz / Cuando ilumina una cosa / No es la luz verdadera. La luz / Que pasa velozmente y no deja sombra / Que todo lo sostiene y lo anima / es quizás la luz divina. Pero la luz / De que hablo es otra luz / Hundida en mi memoria como un anillo de oro... Cuando se acaba la lectura del poema, el poema ha terminado, se le fue la voz. Y por eso es grato que la palabra luz se nos prenda a los oídos con la voz repetitiva, sin medida, muy rara vez en la vida, hasta que el corazón se hace estrella. Claro que el poeta sabe que esa luz no se explica con palabras. Como quien dice mesa es esta cosa y no el sonido mesa ni la mesa en tu cabeza. Sólo que la luz no es un objeto tonto como una mesa sino más bien algo que viaja. Y por eso tal vez el espacio ciego entre esta reflexión y el silencio de la palabra luz, nunca más mencionada hasta la ceguera u oscuridad. (MF) Las muertes de Alonso
EL joven escritor Paul Alonso acaba de publicar su ópera prima titulada "Por las Muertes que Cargamos". Reúne textos que dada su afinidad temática y discursiva (como el mismo Alonso lo declara en su apropiación de un prólogo de Cortázar) merecían mutuamente ser compilados en un solo volumen. De esta forma se nos presenta un mosaico de géneros (poesía, cuentos y una nouvelle) que dan cuenta tanto de la versatilidad del autor, como de su continua búsqueda personal reflejada en la exploración de distintas variantes literarias. Así, un primer conjunto de historias bajo el nombre de "El registrador y otros cuentos" exponen la madera narrativa del novel escritor que se dilucida especialmente en el cuento epónimo. En "La Conciencia de la Locura" se reúnen un puñado de poemas de los que se entrelee un marcado aliento de testimonio grupal. Finalmente, la nouvelle, marcada por un deseo de autoconocimiento proyectado en el amor por la mujer ideal ("la mujer etérea", parafraseando alguna canción de Caifanes), recorre los estertores de un joven conflictuado. El libro, prologado por Luis Jaime Cisneros, será presentado en el Centro Cultural de la Católica el sábado 23 de junio a las 7 y 30 de la noche. Junto a él estarán los escritores Oswaldo Reynoso y Melvin Ledgard. Diablo en La Red
NUNCA se llegó a saber si en La verdad sobre Dios y JBA la intención del autor fue poner Dios o dios, pues el título va en mayúsculas. Creo que aquí el autor difiere del personaje y mi interpretación es correcta. Sin duda JBA lo hubiera escrito con minúsculas. El prólogo ya avisa a quien desde niño identificara a Dios con Satanás, probablemente por la confusión de las letras del nombre del Tetragrammaton=YVH, en vista que la cuenta remite invariablemente a tres y no cuatro letras. JBA no revela en su novela esotérica el cuarto nombre de Dios, más si el primero: Adonay, el señor. Y aunque el hálito no le alcanza a este niño gordo sino para la masturbación, se dedica a trabajar hasta los 30 años en librerías ocultistas hasta la felicidad. La novela, para los iniciados en el humor negro, empieza por negar al autor, luego al libro y finalmente al lector en un análisis del maya hindú. Y ya que se habla de religión cuenta como el acto de unión divina se le confundió con la fornicación al ver a Shiva. La lógica y el humor son uno y otro, implacables.
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