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Edición Nº 1675 |
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Laderas Sin Lógica
Escribe UN plano de zonificación es un gráfico lleno de colores y buenas intenciones. Suele estar colgado en las paredes municipales en donde los interesados pueden consultar qué hacer sobre sus terrenos; así, un manchón amarillo con la denominación R-1, por ejemplo, significa que se puede construir una casa unifamiliar (concepto un tanto absurdo para las clases con las justas pudientes en cuyas viviendas suele acomodarse más de una familia) e indica también que no se sobrepasará los dos pisos, según el caso. Un R-7 ó más significará que el proyectista puede irse en alturas. Desgraciadamente estos manchones no significan mucho en términos
de diseño urbano; así, volumetrías, tratamiento de
fachadas, alturas que deben formar las calles, quedan libradas a la buena
de Dios o, más bien, a la buena del bolsillo, o a la de la especulación
o, por último, a los malabares que debe realizar el arquitecto
para satisfacer toda suerte de gustos y apetitos. Resultado: el caos edilicio
que nos rodea y que se puede apreciar en casi cualquier parte de la ciudad;
como en la avenida La Marina, a la altura de San Miguel, en donde se encuentra
un logradísimo estilo Kentucky Mac Decó; o en el San Isidro
empresarial, posmoderno, que luce un verdadero catálogo de arquitecturas,
como para escoger.
PROTEGIENDO LAS CASUARINAS Las presentes páginas pretenden sugerir un camino para preservar un barrio destacado de la ciudad, como Las Casuarinas, que viene sufriendo últimamente la agresión de edificios que, aprovechando la riqueza paisajista creada durante 40 años de esfuerzo vecinal, quieren ahora usufructuar abusivamente de un espacio ya logrado, arriesgando su permanencia. Para ello se plantea crear una franja de amortiguamiento (que puede ser fácilmente lograda a través de una disposición complementaria) que evite que los volúmenes de edificación avasallen a la naturaleza; que las vistas panorámicas sean interrumpidas; que el aumento de tránsito en vías de poca sección y trazo serpenteante se constituyan en un peligro para los moradores; que evite, por último, que la intimidad de las viviendas se vea alterada por la presencia de ventanas indiscretas. Ya para escarmiento otras partes de la ciudad han sufrido el embate
inmisericorde de la densificación. La franja costera de Miraflores,
sus atractivos malecones, fueron densificados al extremo, permitiéndose
que se levantara una verdadera muralla de alturas variables, en reemplazo
de las casonas que la poblaban. Una alternativa deseable hubiera sido
mantener una altura no mayor de tres pisos frente al mar y más
bien densificar hacia atrás, escalonadamente, de manera que muchas
más edificaciones gozaran del horizonte. Igual criterio se pudo
aplicar en el perímetro del club de golf de San Isidro. Y son muchos
más los casos que pueden ilustrar la falta de sentido con la que
se ha venido destruyendo-construyendo Lima en las últimas décadas;
pero no vale la pena llorar sobre leches derramadas ni áreas demolidas.
Se trata, más bien, de preservar lo preservable. La Municipalidad
de Surco en este sentido puede sentar un precedente, dando el paso de
la zonificación al diseño urbano, es decir, el que permite
pasar de las dos dimensiones -las del plano- a las tres -las del diseño
del espacio- para que las futuras construcciones no continúen concibiéndose
como individualidades sin responsabilidad hacia el conjunto. Un buen consejo
para el Concejo.
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