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Edición Nº 1675 |
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El Emisario Del Zar
Robert Brown -subdirector interino de la sección de reducción de la demanda de drogas ilícitas en los EE.UU.- trabajó bajo la administración Clinton y ahora continúa con Bush. Muchos mostraron los nudillos cuando éste eligió a John Walters, considerado un conservador, como zar antidrogas. El temor es que se concentre presupuesto en la militarización de la lucha contra las drogas y se descuide la demanda. Tal parece que el balance consistirá en ubicar a Walters en la cabeza del equipo y a personal menos radical en puestos claves del mismo. Brown, experimentado funcionario de alto rango que pasó en visita relámpago por el país, tuvo un diálogo abierto con CARETAS.
Entrevista de EL visitante empequeñece a medida que avanza en el inmenso interior de la embajada de Estados Unidos. Cuando por fin logra superar las medidas de seguridad, tiene algunos nuevos problemas de autoestima difíciles de explicar. A pesar de ser digno representante de su país, Robert Brown está muy lejos de intimidar. Su español es perfecto -sólo le echa mano al inglés cuando los tecnicismos lo obligan- y su actitud no guarda relación con la prevención. La tiene solamente con las drogas. Es su trabajo. Su Presidente, George W. Bush, es un conocido entusiasta del ejercicio y las pesas. Ahora llegó el momento de demostrar que su músculo político internacional, usualmente flácido, está en mejor forma. El periplo europeo al que se ha sometido tiene entre sus puntos claves el borrar una imagen militarista y antiecológica, además de enfrentarse al misterio que es su par ruso, Vladimir Putin. El Perú debe ser sensible ante los cambios de un área particular de la política gringa: la antidrogas. Sobre todo en un momento en el que la Comisión Waisman califica a la administración de Fujimori -en su momento obediente aliado de Clinton- como un narcoestado, y cuando la puesta en marcha del Plan Colombia puede traer consecuencias en toda la región andina. Brown tiene el mapa claro: desarrolló una carrera militar de casi treinta años durante la cual trabajó en Vietnam, España y Bolivia. Fue el primer funcionario de enlace de la DEA en Washington y desde 1996 estuvo bajo el mando de Barry McCaffrey. Como sobreviviente de la anterior administración, está parado en dos aguas. -La entrada de John Walters ha producido prevención -sobre todo en algunos sectores latinoamericanos- debido a ser de línea dura. ¿Qué piensa de eso? -El recién entrará en funciones desde julio y por lo tanto no existe una posición oficial al respecto. Tiene mucha experiencia en todo lo relacionado con las drogas. Por lo demás, es claro que la administración Bush se enfocará en toda el área de tratamientos y prevención. En los Estados Unidos tenemos 3.5 millones de consumidores duros de cocaína. -Pero el consumo casual ha descendido... -Cierto. En los últimos veinte años hemos reducido
en un setenta por ciento el número de consumidores. Pero quedan
estos adictos duros. Aunque desarrollamos programas de prevención,
por ejemplo, para jóvenes de 12 a 15 años, hacen falta otros.
Se van a canalizar más fondos hacia el sector privado y también
habrá énfasis en el sector penal. Hay un círculo
vicioso de adictos que viven entrando y saliendo de las cárceles.
-Walters solía ser radical con respecto a las penas para los traficantes, incluso para los de marihuana. ¿Sigue pensando así? -Hay que esperar para ver qué dice al respecto. No sé cuales son las intrucciones que ha recibido del Presidente, pero estoy seguro de la importancia de lo relacionado con tratamiento. Y claro, todos los de mi oficina estamos en contra de la legalización de la marihuana. -En los dos últimos años el consumo de drogas en los EE.UU. se redujo en 21%, pero aumentó el consumo de drogas sintéticas. ¿Cómo trabajan en ese frente? -Es la tercera prioridad. Hoy en día el consumo de drogas sigue estable. Tenemos 14.8 millones que abusan regularmente de cualquiera de ellas. A principios de los ochenta hubo prácticamente una epidemia, más de 25 millones. En cocaína, la tendencia es la reducción de consumidores casuales y un aumento de los recurrentes. Anualmente consumimos 300 toneladas métricas. La capacidad productiva de los países andinos está alrededor de las 800 toneladas. Eso te da una idea de nuestro consumo y el máximo al que se puede llegar. En América del Sur el consumo es de 100 toneladas y otras 50 de hojas para masticar. En Europa el aumento es significativo y consumen alrededor de 150 toneladas. Entonces, la cocaína se mantiene como nuestra principal preocupación. Sigue la heroína. En el curso de los noventas, los adictos a ella subieron de 600 mil a un millón. -¿Cuál es el panorama de las drogas sintéticas? -Creció exponencialmente el consumo de metanfetamina,
una droga enteramente sintética. Es un estimulante muy peligroso,
la cocaína de los pobres. No sé si la ves mucho en Sudamérica,
pero, más que en cualquier lugar del mundo, Asia tiene significativos
problemas con ella. Para hacerla, dependes de cierta sofisticación
con respecto a los químicos. No se podría hacer en los laboratorios
del Alto Huallaga. Hay otras como el éxtasis, pero todavía
no conocemos tan bien la escena rave. En los noventa, tuvimos algo así
como medio millón de usuarios de metanfetamina, lo que es muy destructivo
en términos sociales. AFUERA NO ES MEJOR -Algunos hablan de la militarización de la frontera con México... -Tenemos una extraordinaria relación de intercambio que no lo permitiría. En ese contexto tienes que lidiar con contrabando -incluido el de personas- tráfico de armas, lavado de dinero. Para controlarlo tenemos muchos recursos en las patrullas de frontera, nuestro servicio de inmigración y naturalización, las aduanas de frontera. No hay la más mínima posibilidad de militarización. Es extraordinaria la disposición para cooperar que tenemos con el presidente Fox. -¿Mantendrán el grupo de alto nivel contra las drogas que se conformó junto con el gobierno de Zedillo? -Buena pregunta. Tenemos que esperar. De hecho, vengo de una
conferencia en Quito, todos hicimos presentaciones pero la mejor fue la
mexicana. Tienen voluntad de enfrentar a la corrupción. Hay incremento
de colaboración en lo militar, sabemos en qué andan y ellos
saben en qué vamos nosotros. Pero no hay incremento de pie de fuerza
o movimientos. Claro, los mexicanos utilizan mucho más a sus militares
contra las drogas que nosotros.
-El Plan Colombia está en el ojo de la tormenta. Hay quienes afirman que el conflicto puede escalar gracias a él... -Nuestros cálculos sobre el daño que a EE.UU. le hace al consumo de drogas es de 150 billones de dólares anuales. Y eso, al menos en lo que se refiere a la cocaína, es un problema regional. Se pueden observar conexiones globales entre tráfico de armas, de drogas, de humanos. Durante los últimos cinco años la coca se ha concentrado en el sur de Colombia. Hace unos años, Perú era la mayor fuente cocalera. -¿Pero puede el Plan Colombia escalar la guerra? -¿Todavía es lejana una intervención directa en Colombia? -¿Qué podría interesarnos tanto como para empujarnos a hacer eso? Así me esfuerce en pensarlo no llego a encontrar una razón. DE NÚMEROS Y DROGAS -El problema social asociado con los cocaleros no ha desaparecido. ¿Hay cambios que se puedan hacer? -Nuestro Presidente envió al Congreso un paquete de ayuda de 837 millones para la región andina. Se contemplan 206 millones de dólares para el Perú. El debate se estará realizando en las próximas semanas. -¿La tragedia del avión derribado en la selva peruana revela las falencias de los métodos antidrogas? -Hay una investigación realizada entre ambos gobiernos y han hecho grandes avances en el reporte conjunto. Hay que esperar, ni siquiera tocaría el tema. -Los números sobre las hectáreas de coca en el Perú varían. ¿Cuáles son los suyos? -Los números son distintos pero están cerca. Los que tenemos están alrededor de los 34 mil, pero los otros no pasan de 40 mil. -¿Cree que los términos generales de la política de Clinton se van a mantener? -Es demasiado temprano para saberlo. Pero la administración Bush planea transferir casi dos billones de dólares para la región andina, la mitad en Colombia. Vamos a repasar la política para ver qué podemos corregir.
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