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Edición Nº 1675 |
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ALAN García -el de ahora por lo menos- es una dama. O, mejor dicho, para que no se me mal entienda: Todo un caballerito. Porque, seamos sinceros, jamás en la historia del Perú se ha visto un perdedor en elección alguna tan acomedido y tan compuesto, al punto que, según esta revista, es capaz de recibir un portazo casi en la cara y él siempre sonriente y ofrecido a colaborar. Me parece extraordinario, al menos de que se trate de una estrategia, una treta, para luego sacar la escopeta de dos cañones que debe tener escondida en el ropero. Pero así y todo debo reconocer que sabe hacerlo y que ahora hace pensar a algunos (menos yo, claro) cómo no voté por él, si es tan buena gente (y hasta tiene departamento en París). Ojalá la voluntad le dure. Y Toledo sepa corresponder con buenos modales para ver si, así por lo menos, algo empieza a cambiar en el país. Un lector me reprocha no conocer el currículum de Toledo, porque le atribuyo haber estado en Harvard, (culpa del papi de Lourdes) olvidándome de Stanford, que es en verdad, según se me dice, donde estudió economía. Ya sé que Harvard tiene aún más prestigio, pero mi voto no se hubiera alterado de ponerme a pensar que en verdad estuvo en la otra universidad. Como piensan muchos aquí en el Perú, y algunas academias de idiomas lo pregonan: con haber aprendido inglés basta. Según me escribe un amigo con referencia a la impertinencia del periodista de El País de España que denominó anciano a nuestro tan sólo maduro presidente provisional: qué extraño, dice, porque en España a las personas de cierta edad se les dice "grande" por decir mayor, y aún mejor "ya es grande". Lo que no se ha percatado mi amigo es de que eso de grande tampoco le pega a Valentín Paniagua. No por cuestión de edad sino de estatura. De tamaño, digamos, porque estatura sí que tiene. Carlos León Trelles, ese congresista del pasado oficialismo que hizo mérito -y obtuvo éxito rotundo- para que su paso por el Parlamento fuera total y absolutamente desapercibido, acaba de hacerse famoso por ser el hombre que colmó el vaso, o mejor dicho la taza, al arrojar una contra la mesa directiva del Congreso. ¿Y por qué razón cometió un desaguisado de tal naturaleza, por el cual hubieran expulsado del Parlamento por cinco años a Javier Diez Canseco? Porque quería su parte de la marmaja. Quería cobrar por lo que se ha dado en llamar, con abuso de la semántica, liberalidad. Jamás, que yo sepa, alguien ha tenido desvergüenza parecida, tal como también pretendió hacer una buena parte de su mal afamada bancada: esquilmar el Erario Nacional en beneficio propio. Claro que si hace años hubiese pedido lo mismo por retirarse del Congreso en el que prácticamente ni siquiera calentó asiento, el Perú entero hubiese votado porque le paguen y se vaya a su casa. Lástima que lo pretendió hacer recién ahora, cuando ya se le adelantaron en el saqueo otros miembros del ex gobierno. León Trelles, en verdad, colmó la taza vacía. Y la paciencia de sus ciudadanos. ¡Pobres europeos, tan ricos que son y les ha tocado primero la fiebre de las vacas locas y ahora la fiebre porcina! A este paso no van a poder comer ni siquiera canard a la orange. Que se apuren antes de que les llegue la fiebre del pato, el conejo y otros animales comestibles. ¿Será ésa una venganza tercermundista? Porque aquí la gente no tiene esos problemas. ¿O acaso los peruanos comen carne? (Quizá lo hagan, pero de vez en cuando nomás). (Y sólo unos cuantos). Viernes, p.m.: Día y horario de pandillas. Basta hacer un peligroso recorrido por ciertos barrios (como Lince cerca de la Vía Expresa, por ejemplo), para ver a esos grupos de colegiales ya mayorcitos andar y correr en grupo con palos y piedras en las manos buscando a quien agredir, o para agredirse entre ellos. Mis tías dirían que eso se debe a la televisión (¡y eso que ellas no alcanzaron a ver la que se transmite ahora!). No sé a qué se deberá, aunque hay sicólogos que tratan de explicar el fenómeno atribuyéndolo a desorientación, falta de motivaciones reales y de educación, y sobre todo carencia total de esperanzas. Pero lo cierto es que si usted no quiere verlos en acción, no se arriesgue los viernes a la tarde, luego de la salida de los colegios. Véalos en la TV. Es menos riesgoso. Ahora, antes de que empiece el partido, hay quienes, serrucho en mano unos, y franela preparada otros, exigen que se sepa cuál va a ser el Gabinete, esencialmente para ver dos cosas: Si se tumban un ministro antes de que salga al gramado (estoy mismo Belmont), o, por lo contrario si logran la chamba tanto tiempo esperada. Nunca un Gabinete ha sido tan esperado por tan sólidas razones. Han subido las tarifas telefónicas, razón por la que hablar por teléfono cuesta aún más caro. Antes se podía hacer una llamada desde un teléfono público con una moneda de cincuenta céntimos. Ahora habrá que poner todo un sol para hablar lo mismo, porque los teléfonos no dan vuelto. Y lo que es a mí, sin que suban las tarifas, el agua y la luz me cuestan cada día más. "Revise usted sus instalaciones", es la respuesta fácil y reiterada que escucho cuando me quejo. Las reviso, pero al mes siguiente suben igual. Yo creo que a las que habría que revisar es a las empresas de servicios.
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