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Edición Nº 1675 |
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Por FERNANDO VIVAS
NOS falta mucho para sentirnos satisfechos o, simplemente, nos falta sentirnos satisfechos de cualquier cosa que hagamos. Nos faltan las dos cosas. Subestima del logro y sobreestima del desprecio, el peruano no se halla en el punto medio del páramo. Sin embargo, hemos aprendido bastante. De ejemplo forzado, la pantalla. Montesinos corrigió y aumentó a Mac Luhan: El medio es el mensaje y éste se vende según el miedo y los intereses del dueño frente al poder. Estos sentimientos encontrados del empresariado mediático, además, se pueden investigar, medir con herramientas de audiometría, leer entrelíneas de los espacios periodísticos, rastrear en los programas de entretenimiento. Es más, se puede replantear la legislación y estimular la vigilancia de la sociedad civil para que las tensiones no se exalten y en el shock del susto, en el orgasmo de los favores, no se cometan nuevas tropelías. De lo bueno poco y de lo poco, con identidad-problema. Nos hemos estado mordiendo el poto y mirando el ombligo (los más rayados intentan lamerse los codos) sin sacar conclusiones, sin ver afuera y adelante. 1ra paradoja: la tele peruana está ensimismada en sus problemas y a la vez teme explotar esas marcas de fuego, esa tinta indeleble, esas paltas exportables. Las telenovelas hechas en casa se vuelven remotas (pero hay que tomarles la posta a los Crousillat en ese rubro) y el humor, con la excepción de `24 minutos', se rezaga y su carcajada apenas se oye. En la caja de grillos que se ha vuelto el 11 Montesinos sigue siendo un cómico ambulante, el Chino sigue metiendo la yuca, Susana sigue siendo su esposa, Jorgito del Castillo sigue siendo un imbécil y todos imitan a Carlos Alvarez que ya no sabe a quién imitar. ¡Coño, renuévense! Gisela y los noticieros de la mañana son programas "container" y ahí está lo malo que pudiera ser bueno. El montón y la indefinición de ideas arruina los proyectos, a menos que alguien salve a tiempo lo más valioso de ellos. Gisela aburre con sus concursos, empalaga con su "señitismo", pero juega muy bien con los textos y vidas cruzadas de la farándula (lección recogida por Magaly) y ha sido la primera en introducir en el medio el voyeurismo totalizante del Gran Hermano. No un grupo humano seguido hasta el empacho publicitario pero sí un par de esposados ponchados de vez en cuando. 2da. paradoja: cuando exportamos, lo hacemos por nuestra capacidad mimética, por nuestro esmero en parecernos a otros. No sabemos vender localismo como otras industrias. La mejor telenovela peruana es la que parece de otra parte. Tenemos suerte pero estamos fritos. `Los de arriba y los de abajo' y `Patacláun' casi no salieron del Perú; en cambio, algunos títulos de América Producciones que usted ya olvidó, se han visto hasta en Arabia. El equivalente de Betty la Fea sería aquí una tontita que se tiñe, se desengrasa y se quita las costillas para parecerse a Thalía. Pero ché, mirá a Gianella Neira en Argentina cuando la presentás como la bomba latina que es. Bueno por ella. Jaime Bayly recuperó bríos en una corta temporada local. Su monotalkshow del 2000 se desvanecía en Miami y sólo mantenía despiertos a insomnes chilenos y argentinos. Telefé lo quería a ver si prendía. Pero en Lima `El Francotirador' prendió de inmediato y fue tan local y coyuntural que dejó apuntes para historiadores. Parte de su impacto se debió a que César Hildebrandt estaba fuera del aire y ahora que éste ingresa por la misma frecuencia se espera otro chispazo. Síntesis: afirmar esa cualidad mimética nacional sólo si a partir de ella surgen productos originales. Producir sin hacer caso a las letanías de la autoproclamada alta cultura, a los amargados del humor, a los comodines del periodismo, a los resentidos que se golpean el pecho con una mano y con la otra siguen haciendo de las suyas, a los inseguros de la noche, a los mongos del día. El que no quiera que no se reconcilie con la TV, que la colme de improperios, que zapee hacia el cable, que la boicotee, que lea, que cambie de hábitos. Pero que no crea que el medio es intrínsecamente malo y ajeno. Mientras que unos rinden cuentas y otros se renuevan a la fuerza, nuevos empresarios miran con apetito a la televisión. Por primera vez en mucho tiempo (El Comercio invirtió en el Canal 9 de Radio El Sol que fracasó antes de cumplir un año en 1959 y en 1989, en sociedad con bancos locales, manejó el Canal 4) medios escritos quieren incursionar en la TV abierta. Aparte de la aventura de cable de El Comercio, La República también quiere pantalla. Sino es el Canal 4 en oferta obligada por las circunstancias penales familiares, será alguna otra frecuencia la que acoja éstas u otras sanas iniciativas. Y nosotros, mucho ojo.
Escribe JAIME DELGADO
UN caso ilustrativo. La Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (ASPEC) que presido organizó un concurso escolar de análisis de la publicidad; participaron más de mil niños a nivel nacional; ellos tuvieron la libertad de escoger cualquier anuncio de TV, periódicos, revistas, etc., para someterlo a un examen crítico. Es la primera vez que se realiza algo similar en nuestro país y ha sido gratificante saber de la capacidad que tienen los pequeños, cuando son debidamente motivados, de desarrollar su percepción crítica frente a los mensajes en los medios. El comercial de TV más criticado por los pequeños ha sido aquel de cerveza Cristal en el que un joven en una reunión usa su botella como instrumento mágico para darles besos a las chicas y con sólo un soplo levantarles la falda; los niños han coincidido en que el comercial es grosero, ofensivo, denigrante y frívolo. Uno de ellos dice que "deberían hacer comerciales más decentes en vez de ensuciarles el cerebro con estos comerciales". Llama la atención que los anunciantes tengan que recurrir a argumentos tan pobremente creativos para invitar a tomarnos una cerveza.
Gajes de Oficio
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