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Edición Nº 1676 |
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Los Despidos Masivos
LA hégira puede ser explicada de varias formas, pero dentro del aeropuerto las cifras y versiones son disímiles y caprichosas. Lo que se sabe es que en un momento todo cambió. Para las aerolíneas el caso está fechado por inicios del 2000, cuando la inestabilidad preveía un futuro oscuro. Desde ahí el flujo de gente es constante y va en aumento, y aún después del triunfo de Toledo la fuga persiste. El inexorable escape ha convertido al aeropuerto Jorge Chávez en la gran estación rumbo a cualquier parte, en vez de la otrora aduana turística de una clase alta y media alta cada vez más ausente. En un momento todo cambió. Ahora los que viajan son otros. Son identificados fácilmente, ya sea por la forma en la que están vestidos (la austeridad es el primer indicio), el número de gente que los despide (más de15 es flagrante) o las cosas que llevan consigo (menestras o ajíes de gallina en balde se traducen en diáfana alevosía). El dolo se percibe en las miradas nerviosas en la cola del check in , en las manos temblorosas sosteniendo el pasaporte púpura o en las lacrimógenas despedidas ulteriores. Finalmente, el ojo trajinado de los counters termina por adoptar el estereotipo social sin tapujos como prueba final y condenatoria. La jurisprudencia abunda y la sentencia no tarda: "ésos no vuelven". -El tipo de gente que viaja es de clase C. Los turistas son pocos actualmente, la mayoría viene en familias con niños y van a Orlando o Disney. Pero ahora todos están buscando chances afuera. -¿Cómo se dan cuenta de eso? -Viajan con maletas en las que parece que se llevan la casa entera. O por perfil de pasajero. -¿Cómo definen el perfil? -Dicen que van de turismo y ves que el boleto lo han comprado a duras penas, viven en Villa El Salvador, tienen un puestito de trabajo... -¿Tiene que ver el tipo de cosas que cargan? -Ves que están llevando quesos, maní, hasta recuerdo que
en Navidad alguien se llevó a Japón un pavo cocido. Le pregunté
si no había pavos en Japón y me respondió: "Sí,
pero no saben igual". Qué le voy ha decir.
Lisetta Guazzotti trabaja en American Airlines, ella no lo dice pero a los que tienen ese perfil les dicen "los paterson", toponímico apelativo que alude a la ciudad de Patterson, New Jersey, a algunas horas de New York, donde reside la principal colonia peruana en los EEUU, que se calcula actualmente en 35 mil. Pero no les tienen mucho cariño ya que se les considera pasajeros problemáticos. No entienden que deben pagar por el sobrepeso de sus maletas, creen que el boleto de avión les da derecho a todo, y finalmente buscan viajar con los acompañamientos más bizarros. "Ese es un paterson", cuchichean entre ellos. Sin embargo, lo que podría traducirse en un aumento del movimiento comercial dentro del aeropuerto debido a los flujos migratorios, no se ha vuelto más que otra de las caras con las que se disfraza la recesión. Así lo afirma Efraín Chamorro, quien trabaja en el Restaurante Nacional desde 1987: "la mayoría de los peruanos está migrando, pero ésos no consumen, ésos tienen escasos soles, a lo más compran un té o un café". La situación en los locales aledaños no es distinta. A lo más una gaseosa para la espera. Un cariz desolador contrasta con el movimiento del Jorge Chávez. Tristeza con ilusión, pena con esperanza, el resultado es el mismo. Masa por movimiento igual energía agridulce. Energía para irse y buscar otro futuro. Perú, país sin futuro. Una radio emite un especial sobre Héctor Lavoe. Es de uno de los taxistas que se pelea en cada arribo por llevar a algún extranjero despistado por 50 soles a donde sea. Todos vuelven, miente el portorriqueño, y eso que es su aniversario. (JPP)
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