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Edición Nº 1676 |
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Probando, Probando
EL jueves 28 Alejandro Toledo inicia la segunda etapa de una gira que comenzó el domingo 24, horas después de que dos cataclismos -uno natural y el otro político- sacudieran al país. Ese día, en Madrid, no sólo lo recibirá el rey Juan Carlos en el Palacio de la Zarzuela, sino que asistirá a un almuerzo ofrecido por el Presidente del Gobierno español José María Aznar, y sostendrá reuniones con diversos líderes de la península. De ahí en adelante lo esperan cinco días más en los que se entrevistará con los mandatarios de Francia y Alemania, además de reunirse el martes 3 de julio en Estrasburgo (Francia) con las cabezas del Parlamento Europeo y el presidente de la Unión Europea, el italiano Romano Prodi. En todas estas citas, Alejandro Toledo tiene dos objetivos fundamentales: agradecer el apoyo de la comunidad internacional al proceso de democratización del país y "pasar el sombrero" -léase captar donaciones- para financiar su Programa de Apoyo Social de Emergencia (CARETAS 1675). Si tuviéramos que basarnos en los resultados cosechados por Toledo y compañía en los EE.UU, en la primera etapa de esta gira, cabría esperar un desenlace positivo. MARCOCHOLO EN EE.UU. "Hay una química muy linda", aseguró Alejandro Toledo a su salida de la Casa Blanca, el martes 27, luego de sostener una reunión con Condoleezza Rice, consejera para la seguridad nacional de los EE.UU., en la que también participó el presidente George W. Bush. Era pasado el mediodía y el líder peruano acababa de recibir las felicitaciones de Bush por su victoria en las urnas. En el diálogo que sostuvieron, y que el mandatario norteamericano salpicó con algunas frases en español para sorpresa de los presentes (entre los que se contaban Javier Pérez de Cuéllar, Raúl Diez Canseco, Eliane Karp y el embajador peruano Carlos Alzamora), Toledo agradeció al mandatario norteamericano la participación del FBI en la captura de Vladimiro Montesinos (ver nota aparte). Toledo estaba exultante. Esa mañana había desayunado con
representantes del Consejo Empresarial Peruano-Norteamericano, junto al
ministro de Economía Javier Silva Ruete y el canciller Pérez
de Cuéllar a quienes acompañó poco después
en la firma de un crédito con el Banco Mundial por US$ 300 millones.
Y, a media mañana, conversó cerca de 45 minutos con Collin
Powell, el secretario del Departamento de Estado, abogando para que se
desclasificara información de la Inteligencia nortemericana relacionada
con Montesinos. Según trascendió, Powell se comprometió
a apoyar su pedido.
Con Bush hablaron del narcotráfico, tanto así que acordaron realizar una reunión con los mandatarios de los países productores de hoja de coca para afianzar la búsqueda de soluciones. El tema era esencial para Toledo, pues éste ha manifestado más de una vez que con la sustitución de cultivos y la obtención de tasas preferenciales para la importación de sus productos, el Perú se vería beneficiado. Para distintos observadores, la deferencia de Bush -al recibir informalmente a un líder que aún no es jefe de Estado- augura una buena proyección en las relaciones del Perú con los EE.UU. Esa tarde Toledo acudió al Senado norteamericano y recibió de manos de los responsables de su Subcomisión de Relaciones Exteriores (los influyentes senadores Christopher Dodd y Jesse Helms) la Resolución 107 que felicita y respalda los esfuerzos del gobierno de transición y del pueblo peruano en el actual proceso democratizador, así como compromete el apoyo del gobierno norteamericano al desarrollo y la lucha contra la corrupción. Horas después, Madeleine Albrigth por el Instituto Nacional Demócrata, y César Gaviria, como Secretario General de la OEA, se sumarían al saludo. Y esa noche Enrique Iglesias, presidente del BID, organizó una cena en honor del Presidente electo. Para un solo día, el ritmo había resultado endiablado. Eso sin contar que Toledo ya había tenido una agenda bastante apretada el lunes 25 en Nueva York, cuando se reunió con representantes del JP Morgan, Citibank (donde todos lo ajochaban respecto a quién sería su ministro de Economía, reservándose la confirmación de PPK para Washington), y participó de un almuerzo-conferencia organizado por el America's Society en el hotel Waldorf Astoria. En todo momento Toledo convocó el apoyo tanto para las zonas devastadas por el terremoto del domingo, como para su programa de Apoyo Social de Emergencia consistente en la generación de puestos de trabajo productivos. Fernando Villarán, responsable del tema en PP junto a Kurt Burneo y Pedro Francke es, dentro de la comitiva, el encargado de "vender" las bondades del programa ante gobiernos y organismos capaces de aportar los fondos para su puesta en marcha desde el 28 de julio. "Calculamos que el programa demandará unos US$ 600 millones en dos años. El Estado podría cubrir 200 millones, el resto tendría que provenir de fondos no reembolsables", precisó a CARETAS. Ese es el tamaño de la bolsa detrás de la cual van Toledo
y sus adelantados. Políticamente les fue bien, y como recaudadores
de la solidaridad global tampoco se podían quejar: en Nueva York,
ante Kofi Annan, el Secretario General de las Naciones Unidas, Toledo
logró que la ONU ofreciera su colaboración en la conformación
de una "Mesa de Donantes", la misma que canalizará aportes no reembolsables
a través del Programa de Desarrollo de las NN.UU. Sólo allí
se esperan captar US$ 300 millones en los próximos meses.
Lo único que cayó mal durante esta escala fue el despreocupado anuncio de que JP Morgan o Citibank podrían "perfilar" la deuda externa peruana, cuando es sabido que para eso se requiere una suerte de licitación de la misma. Sino que lo diga el hoy procesado Alfredo Jaililie. HACIENDO LA$ EUROPA$ Toledo sabe que sus próximos movimientos pueden depararle la ayuda que requiere para echar a andar un programa que, buscando reactivar la economía, atienda las demandas sociales. De ahí su interés por ganar el apoyo de Europa -para lo cual sumará a Mario Vargas Llosa en su comitiva-, y especialmente de España, país que actualmente desembolsa una media anual de US$ 30 millones en ayuda al Perú. En París, Toledo tiene pensado reunirse con el Presidente Jacques Chirac, el Primer Ministro Lionel Jospin, el ministro de Cooperación Charles Josselin y el presidente de la Asamblea Nacional Raymond Forni. Y de pasar a la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. El Presidente electo sabe que la Unión Europea anualmente dedica US$ 60 millones al Perú, los mismos que se utilizan en el financiamiento de programas de lucha contra la pobreza extrema y obras de salud básica. Su objetivo es abrir más el caño, de ahí el carácter estratégico de esta escala. Finalmente tiene programado visitar Berlín (4 y 5 de julio) y reunirse con el Canciller Federal Gerhard Schroeder y el ministro de Cooperación Económica Heide Wieeczorek. Habrá que ver si Alejandro Toledo es como el ekeko y regresa con los fajos que necesita para aplicar su programa económico. (Pedro Tenorio).
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