Edición Nº 1676

 

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    28 de junio de 2001
    Por AUGUSTO ELMORE

    ¡Qué problema! ¿Cómo empezar esta página: con la noticia buena o la noticia mala? Creo que, pensándolo bien, aún sin dejar de pensar y lamentar la mala, empezaré por alegrarme refiriéndome a la primera, como sin duda se han alegrado todos los peruanos, salvo los ahijados y ahijadas del llamado Doc.

    Cuando hace años, casi a la medianoche, escuché y después vi en la televisión la noticia de la captura de Abimael Guzmán tuve una satisfacción y una emoción tal que hizo asomar en mis ojos verdaderas y sinceras lágrimas, porque los hombres también lloramos. No en igual forma, pero el domingo en la mañana cuando me asomé a la pantalla de mi computadora para echarle una mirada a la Internet, sentí una compensación muy grande al enterarme de la detención en Venezuela de Vladimiro Montesinos, noticia que no había alcanzado a salir en los diarios peruanos (así fue como pude comprobar, por haberme levantado temprano en día domingo, que es verdad aquello que dicen que a quien madruga, Dios lo ayuda). La noticia a la que me refiero en primer lugar era un deseo y, además, un reclamo, una necesidad nacional. La captura de Montesinos, ambas en verdad, han significado la constatación de que el crimen no paga. Qué mejor le puede haber sucedido al Perú en los últimos años que Guzmán y Montesinos sean vecinos de celda.

    Tal como dice un amigo, la captura de Montesinos puede haberse debido a que el Cholo Toledo le dijo al presidente Chávez cuando se encontraron en Lima recientemente: ¡Tú sí chaves! Y parece que en verdad sabía, y esperó el momento oportuno, ante los cancilleres de los países andinos, para sacar la carta que tenía escondida en la manga.

    Leí, también en Internet, la información que el lunes publicó el diario La Vanguardia, de Barcelona, referida a Montesinos: "Se refugió en Venezuela por confiar en los oficiales golpistas que cobijó en el Perú. Pero apestaba demasiado para que alguien, a la larga, se comprometiera por él". ¡Apestaba demasiado" se titula la nota. ¡Y cómo!

    Todos los peruanos, tal como ocurrió con la captura de Abimael, somos hoy un poco más felices que antes.

    La mala noticia a que me referí antes, y cuyo comentario he venido posponiendo hasta este lugar de la página, es el terremoto ocurrido en el Sur del país, que ha afectado seriamente a ciudades tan nobles como Arequipa, Moquegua y Tacna. Allí se puede decir que llovió sobre mojado, porque todo el Sur en especial venía sufriendo los efectos de la dura crisis que afecta al país. Y que a eso se añada un terremoto de esa magnitud, de efecto tan devastador, es en verdad como para ponerse a llorar

    Ni siquiera la felicidad de saber que Montesinos está entre rejas podrá amenguar el padecimiento de arequipeños, moqueguanos, tacneños y el de los ciudadanos de tantos otros pueblos abatidos.

    Frente a la situación, Toledo empezó a dar señas de estadista, porque interrumpió su importante gira al extranjero para visitar los pueblos asolados por el terremoto, para solidarizarse con sus habitantes. ¿Será que los Presidentes no nacen, sino se hacen un poco cada día? Esperamos que sea cierto.

    Al referirse al terremoto y a la captura de Montesinos, Toledo dijo en la televisión: Equilibremos la noticia. Buscar el equilibrio es una buena cosa, especialmente después de tan larga campaña.

    De allí que interpreté mal el titular ese de El Comercio que decía: "Viejos puentes necesitan ser refaccionados". Se refería en verdad a los puentes que cruzan el Rímac, pero yo creí que se trataba de los puentes entre la civilidad, las instituciones, los poderes del Estado. Cualquiera haya sido la información, la verdad es que hay que refaccionar los puentes entre los peruanos.

    Pese a eso va el siguiente comentario, porque hay que darle al César lo que es del César: Ahora, viendo el tenor de algunas cartas que recibe esta revista, y las respuestas a las mismas, parece que el malo de la película terminó siendo Fernando Olivera, y que "el joven" (como se decía en mis tiempos al galán de las películas de cowboys), Alan García. De perseguidor el primero parece estar a punto de convertirse en perseguido. ¡Cosas veredes, Sancho!

    Lo que no hay que perder de vista es que, aparte de su empeño en encontrar las pistas de las supuestas (¿o probables?) deshonestidades del gran empresario inmobiliario que resultó García, Fernando Olivera hizo un aporte inmensurable a la democracia y al país: el vídeo en el que Montesinos aparece sobornando a Kouri, principio de lo que sería el fin de la vergonzosa e infamante era fujimorista. Esa contribución le debería ser reconocida aun por el propio Alan García, aunque sea desde París, en donde ahora se encuentra, claro.

    Es necesario que Montesinos sea presentado a la prensa nacional e internacional con el mismo traje a rayas que le pusieron a Abimael Guzmán, en medio de un patio y entre rejas como él. Muchos peruanos verán así cumplidos sus anhelos.

    Que conste que he evitado, dados los acontecimientos, referirme al enésimo avión de la FAP que cayó recientemente, con lamentable pérdida de vidas.


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