|
Edición Nº 1676 |
|||||||||
|
|
|||||||||
|
|
Por JAIME BEDOYA
LA simultaneidad del terremoto que ha asolado el sur del Perú con la captura (?) en Venezuela de Vladimiro Montesinos, hace más grotescos e imperdonables los crímenes del segundo. La miseria de poblaciones enteras a quienes sólo una tragedia natural hace protagonistas tangenciales de la noticia, contrasta hirientemente con el desfalco millonario que desde el poder hiciera este sujeto. Tan nefasta es su impronta que hasta en su caída sigue haciendo daño: Aviones iguales a los que se distrajeron en su inevitable recojo son de los que se necesitan para llevar víveres a los damnificados. Los que se compraron, festín de comisiones en nombre de una guerra prefabricada, son chatarra. En Camaná, un sobreviviente anónimo buscaba solo y sin ayuda los cadáveres de sus sobrinos desde el sábado, que fue cuando se los llevó el maretazo que se comió 500 metros de litoral luego del terremoto. En Lima, la misma noche de su llegada Montesinos ya recibía visitas, gozando de un derecho fundamental del que no podría privarse siquiera a un torturador. Por radio, los damnificados en Moquegua que estaban durmiendo en la calle pedían ayuda entre sollozos. Lamentablemente en esos momentos medio país estaba concentrado en discernir si es que el gesto de Montesinos era una sonrisa nerviosa o la mueca enajenada de un dinamitero suicida a punto de encender un fósforo. Así como el periodismo que se precie independiente no puede quedarse callado cuando un presidente electo pierde su tiempo en juergas que ya no le corresponden, es justo reconocer que ahora Alejandro Toledo tuvo el tino de postergar su gira y advertir oportunamente de la necesidad en estos momentos de poner lo urgente antes que lo importante. Recién ahora, que los cuerpos en Camaná empiecen a salir a flote y comiencen a aparecer las imágenes de las zonas de desastre humano y no arquitectónico, el crimen del régimen del que Montesinos fue viga maestra se hará más asqueroso y se volverá más sublevante el porqué tanta gente, durante tanto tiempo y en nombre de tan poca cosa, lo apoyó. Especialmente esa elite económica y social, supuestamente educada, para quien ni el crimen de La Cantuta o la prostitución de la televisión les impidieron gozar de un país convertido por el fujimorismo en un saco sin fondo con mano de obra barata. De paso, Susana de la Puente -qué rápidos reflejos1- ya está con Toledo en Nueva York. Sería una barbaridad que un solo centavo de los 5 millones de dólares ofrecidos como recompensa por la detención de Montesinos, fueran a parar a alguno de los participantes de una farsa venezolana cuyo papel principal recae en ese homínido con boina que los caribeños tienen como dirigente temporal. Ese dinero no pertenece a los cazarrecompensas, sino a las víctimas más pobres del montesinismo. Las limitaciones que tiene el actual Gobierno de transición en atender a los perjudicados se la debe a la cleptomanía de Montesinos, a su Jefe, a sus sirvientes, los rentados y los ad honorem, que tantos tuvo y ahora no duermen sin Xanax. Ese insomnio es lo único que se han ganado por mérito propio en estos ocho años. Este genio del mal que se incriminó a sí mismo filmándose en miles de actos dolosos, y cuyo plan maestro de escape suponía una fuga en velero con tres pistoleros y una vedette a bordo, le debe su reputación, más que a la brillantez propia, a la mediocridad ajena. Podría decirse que la carrera profesional de Vladimiro Montesinos empezó a comienzos de los setenta con una fotocopiadora. Reproduciendo todo documento que pasaba por su manos cuando trabajaba para el Comandante General del Ejército, empezó a reunir el banco de datos ajenos que luego se convertirían en su principal metodología de ascenso mediante la infección. Empezó dispersando rumores sentimentales, acabó manejando información secreta. Esta primera incursión en las artes de la deslealtad sentó las bases de una personalidad trepadora favorecida por la ausencia absoluta de culpabilidad respecto a lo incorrecto. Lo que la sicología llama un sociópata, y la calle, más sabia y siempre instintivamente en busca de la matriz de las cosas, adjudica a una filiación digamos controvertida. No puede dejar de reconocerse que de la fotocopiadora al chuponeo telefónico hay un salto cualitativo considerable, pero el poder que acumuló no puede descansar exclusivamente en el uso de la tecnología y los métodos encubiertos. Si existió un Montesinos es porque tuvo una clientela. ¿Dónde está esa gente ahora? Algunos, felizmente, en la cárcel. Otros, fugados. Y los demás, todos esos que hace unos meses bailaban tecnocumbia o reposaban sus nalgas en los confortables del SIN creyéndose importantes porque un capitán dado de baja los había mandado llamar, siguen circulando por ahí, camuflados como demócratas conversos, gozando de un retorno a la decencia moral contra la cual atentaron, perfeccionando el arte nacional del reciclaje asolapado. Resulta patético escucharles justificar su proximidad y complicidad con Montesinos aludiendo que no sabían quién era. Es decir, sí sabían cuánto iban a ganar con verlo, qué número tenían ellos en la lista al Congreso de Perú 2000, qué juicios necesitaban de una palanca del asesor, pero desconocían un prontuario que Caretas ya había adelantado desde agosto de 1990 (!): dado de baja del Ejército en 1977, defensor de narcotraficantes desde 1978, procesado por traición a la patria en 1983, prohibido de ingresar a instalaciones militares en 1985. Además, como denunciara Liberación en diciembre del '99, era un asesor presidencial a tiempo completo que recibía 200 mil dólares al mes por los servicios profesionales que prestaba en su tiempo libre, o mejor dicho, en sus horas de sueño. Es cierto, no hay pena de cárcel para el oportunismo. Ejercer el proxenetismo de la civilidad ante el poder no figura en el Código Penal. Pero no hagan de su vergüenza pública una lección del ridículo. Hay quienes deberían guardar silencio y penitente perfil bajo por lo menos cinco años, aunque sea por respeto a sus hijos y a los más jóvenes, a quienes compete construir de los escombros morales en que hemos quedado una sociedad habitable. No sería desagradable constatar que en este país nace gente de distinta calaña a la del escorpión. Hay varios que por propia decisión se han excluido solos de esta feliz posibilidad. ________
|
||||||||
|
|
|||||||||