Edición Nº 1677

 

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    ARTICULO

    5 de julio de 2001

    OPERA BUFA
    El embrollo diplomático que ha armado el teniente coronel golpista (r) Hugo Chávez Frías, presidente de la ahora llamada República Bolivariana de Venezuela, está resultando en un embarazoso fiasco para este rimbombante y bufonesco personaje.

    Chávez se despacha frente a un gabinete cautivo mientras el Libertador cavila y sufre.

    EL asunto va a ser cada vez más bochornoso para el propio presidente Hugo Chávez, y más comprometedor, en la medida que siga cuestionando la concreta y mesurada versión del ministro del Interior Antonio Ketín Vidal sobre la captura de Vladimiro Montesinos Torres.

    Al extravagante mensaje de tres horas de la semana pasada -espectáculo que tuvo que soplarse no sólo la efigie paciente del propio Libertador, sino el pueblo venezolano retenido en cadena, el gabinete cautivo con somnolientos viceministros incluidos, la cúpula de militares inquietos y el ramillete de los directores de unidades desunidas como la PTJ, la DISIP, la Dirección Inteligencia Militar y la Guardia Nacional- siguen ahora otros agresivos capítulos de esta curiosa telenovela.

    Ya Chávez amenazó con soltar una "bomba" este 5 de abril, en el día nacional de Venezuela, coincidiendo con esta edición de CARETAS, contra el circunspecto ministro-detective Vidal consagrado ahora como nuestro Sherlock Holmes. La bomba seguramente le reventará en la cara al Simón Gorila caribe.

    También ha reiterado éste que sólo restituirá a su embajador cuando salga el gobierno del ilustre Dr. Valentín Paniagua.

    Ante semejante condicionamiento, bien haría Alejandro Toledo en confirmar a Antonio Ketín Vidal en el Ministerio del Interior, por razones de dignidad nacional.

    Impecable ministro del Interior Antonio Ketín Vidal. Derecha: A Otayza lo sacaron de la DISIP tres días antes.

    Más aún, Toledo debiera seguir pidiendo explicaciones sobre el amparo y protección que se dio a Montesinos en Venezuela durante 7 meses, y sobre esa "captura" que sólo se realizó cuando el juego estaba al descubierto y la entrega en proceso.

    Hasta ahora, el comportamiento de Chávez y de algunos de sus ministros y parlamentarios o es tan agresivo e infantil que confirma la impresión que el propio mandatario estaba perfectamente al tanto de lo que sucedía,

    La oposición y buena parte de la prensa venezolana están convencidas de ello y una comisión parlamentaria integrada por Luis Manuel Esculpi, Carlos Melo, José Gómez Febres y Enrique Ochoa ha acudido ante la Fiscalía General de la República solicitando que por lo pronto se investigue al director de la Inteligencia Militar, Rafael Cipriano Martínez, al actual director de la DISIP, Carlos Aguilera, y al diputado Pedro Carreño.

    Carreño es del entorno íntimo de Chávez y está en una de las posiciones más absurdas y culpables. Pero lo que compromete a Chávez y su régimen es una impresionante secuencia de declaraciones y actitudes. A continuación un resumen comprensivo:

    Todo comenzó el 14 de diciembre, cuando en Lima CARETAS y otros medios dieron cuenta de las revelaciones del mayor EP Alejandro Montes Walter, el capitán EP Javier Pérez Peso y el suboficial Manuel Túyume Gonzales, custodios que acompañaron a Montesinos en su fuga y dieron la pista que había viajado a Venezuela vía Las Galápagos, Costa Rica y Aruba.

    Alarmada seguramente por esta revelación, al día siguiente, el 15, se presentó a la embajada peruana en Caracas Emma Mejía Guzmán confesando que había acompañado a Montesinos de Costa Rica a Aruba, llegado con él a Caracas en avión privado el 7 provistos de nombres y pasaportes venezolanos falsos proporcionados por otro acompañante, el Dr. Carlos Mora, para hospedarse en la habitación número 118 del hotel El Avila. Luego, el 14, Vladimiro se había internado en una clínica, el Instituto Diagnóstico de Caracas, para someterse a una cirugía plástica bajo el nombre de Manuel Antonio Rodríguez Pérez. Las indicaciones eran, pues, claras, y ese 15 fue sin duda un día frenético. Mejía fue sacada con salvoconducto hacia Lima para ponerla a buen recaudo como testigo al alcance del procurador Jose Ugaz, mientras una delegación policial viajaba a Caracas para reforzar la agregaduría y denunciar la situación a la Interpol venezolana y proceder a la captura de Montesinos.

    Congresista Carreño y ministro Rangel mintieron a sabiendas.

    Allí empezaron los problemas, Los policías venezolanos en compañía de los peruanos fueron primero al hotel El Avila (no se entiende por qué no directamente a la clínica) y encontrando pertenencias de Montesinos, una peluca, medicinas y hasta una fotografía suya. También un registro de llamadas telefónicas aparentemente comprometedor. Según Vidal, nuestra agregaduría comunicó a la Interpol venezolana a las 7:30 p.m. la ubicación de Montesinos en la clínica quedando en encontrarse en determinado lugar -"la cuarta transversal de Altamira, detrás del hotel Altamira Suites", según Chávez- para intervenir juntos.

    Pero el encuentro no se produjo, y un contingente policial venezolano de 14 hombres tomó solo la clínica para avisar después que no había encontrado a Montesinos.

    Sin embargo, el diario Tiempo Nuevo de Patricia Poleo eventualmente acreditó gráficamente que Montesinos sí había sido intervenido en el Instituto Diagnóstico, y la clínica misma confirmó en un comunicado público que éste había estado internado hasta el día 16.

    El día siguiente era un sábado y el personal de la Interpol venezolana comunicó a la delegación peruana que, tratándose de un medio feriado, tendrían que esperar hasta el lunes para seguir con la pesquisa, Los peruanos volvieron al país,

    Ya en ese periodo inicial, por cierto, el ministro de Defensa José Vicente Rangel "garantizaba" que Montesinos no se encontraba en Venezuela, y lo hacía tan enfáticamente (¿cómo lo podía saber?) que sugería lo contrario.

    Pero después de estos episodios iniciales, y considerando que Chávez mismo dijera en su alocución interminable que la policía venezolana había encontrado huellas de la presencia de Montesinos en el hotel El Avila el mismo 15 de diciembre, ¿cómo es posible que poco después el ministro de Relaciones Interiores Luis Miquilena y su policía montaran un espectáculo periodístico exhibiendo a un peruanito llamado Manuel Alexander Rodríguez Pérez para demostrar que Montesinos, bajo el nombre falso de Manuel Antonio Rodríguez Pérez, no se encontraba en el país?

    Al Doctor la cirugía estética lo rejuveneció. El 15 en este hotel encontraron su foto.

    Más aún, ¿cómo explicar que el 13 abril el parlamentario de confianza del presidente Chávez, el ya famoso Pedro Carreño, afirmara que él sabía que Montesinos había sido asesinado en una base naval en el Perú y, peor aún, que el propio Chávez dijera públicamente que él había "oído una historia parecida" y que creía que Carreño era una hombre responsable?

    Después del testimonio que dio el propio Chávez del hallazgo de pertenencias de Montesinos en el hotel El Avila, todo lo posterior apunta a un encubrimiento del más alto nivel.

    Con esto debía bastar. En el Caribe también, por la boca muere el pez.

    Pero hay, claro está, muchísimo más.

    Otro hombre de confianza de Chávez, Eliécer Otayza, era el director de la DISIP, y José Guevara, el hombre intervenido por el FBI en Miami es un antiguo funcionario de esa dependencia policial de inteligencia, la que según su propia versión, fue encargada de resguardar a Montesinos. Tres días antes de la "captura", Otayza fue retirado de la DISIP, evidentemente para no comprometerlo con una presunta "DISIP paralela" que han inventado ahora.

    Gálvez, por otro lado, comenzó a ser fichado poco después de llegar a Miami para intentar sustraer los US$ 39 millones que le quedaban a Montesinos en el Pacific Industrial Bank, encontrando dificultades. Cuando Chávez pasó por Lima el 20 de junio para prometerle a Toledo que en "en menos de lo que canta un gallo" encontraría a Montesinos, ya sabía que el asunto en Miami estaba color hormiga. Y, en efecto, Gálvez fue detenido por el FBI el 23.

    Alertados y ansiosos de cobrar la recompensa de US$ 5 millones, los mercenarios trataron de entregar a Montesinos ese mismo sábado 23 en la noche. Pero por milagrosa coincidencia, y "gracias a Dios", la Dirección de Inteligencia Militar venezolana, después de diligente, larga, paciente y esforzada labor, trabajo que involucró, según poco después Chávez, una serie de operaciones arduas, logró interceptar el automóvil que precisamente llevaba a Montesinos a la embajada peruana. De película, ¿no? De película grotesca.


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