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Edición Nº 1677 |
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En la Ruta del Extasis
A mediados del año pasado se incautaron dos toneladas de cocaína en el distrito de San Martín de Porres. En medio de las montañas blancas, 266 cápsulas no parecían dignas de recibir atención. Pero representaban la señal de la última innovación en el mercado de drogas. Cuando se sometieron a análisis, se halló que se trataba de la droga sintética conocida como éxtasis. Hasta ese momento, la Dinandro trataba con píldoras de variados logotipos. En el último boletín de la Europol se consignan los escudos del Barcelona y la Warner Brothers, un cupido listo para flechar. No se advertía que ahora viaja en polvo. Si una dosis está en el promedio de 15 miligramos, es fácil imaginar cuántas cápsulas se llenan con 50 camuflables gramos. La alarma comenzó a sonar. EL INFORMANTE La comercialización no deja rastro muy evidente. Sus consumidores son jóvenes entre 15 y 27 años que suelen pertenecer a clases altas. Dichos círculos son complicados para infiltrar, por eso cuando la Dinandro captó un informante, procuró no dejarlo ir. Antes de arrepentirse y retirarse del caso, el muchacho conectó a los infiltrados con un vendedor. Así, se pudieron adquirir unas cápsulas similares a las incautadas durante el 2000. La pista se siguió y llegaron hasta un chalet en Maranga. De allí entraban y salían los minoristas. Se pudo establecer los precios: 15 dólares por unidad y, a partir de un mínimo de cien, 10 dólares. -¿Cuántos tienen para vender? -Unos mil. Convinieron en encontrarse media hora después. Se les advirtió
a los infiltrados de ser puntuales, pues luego tenían una venta
que hacer. Cuando uno de ellos salió a hacer la supuesta entrega,
los agentes intervinieron. Aunque sólo encontraron autopartes en
su poder, la historia dentro de la casa era otra.
TIEMPOS ALTOS Discos compactos y vídeos regados. Suciedad, marihuana por doquier. Plantas y semillas seleccionadas, las holandesas conocidas como skank. Infinidad de fotografías de motocicletas clásicas. Los ocupantes dormían sobre colchones y por allí reposaba un ejemplar de la revista High Times (Tiempos Altos), dedicada al estilo de vida asociado con las drogas. La vivienda se encontraba de cabeza. No opusieron resistencia. Tres austriacos y tres peruanos, todos con los reflejos retardados por la marihuana. Y, en un cuarto de la segunda planta, el premio. 865 cápsulas y 56 gramos de metanfetamina holandesa en polvo, suficientes para llenar 500 comprimidos más. Aunque en un principio lo negaron, luego los austriacos reconocieron su participación. Andreas Winter entró al Perú por primera vez hace cinco años y desde ese momento afirma dedicarse al negocio de reparación y exportación de automóviles antiguos. Se ha comprobado que sólo salieron del país tres carros. El mecánico Steiner Herbert llegó al país sólo una semana antes del operativo para, dijo, trabajar con los autos usados. El socio de Winter, Georg Gortan, habría sido quien se contactó con la principal pieza del rompecabezas, ausente hasta hoy. El noruego Aundun Johanson conoció a los austriacos en el mismo continente europeo y fue él quien les propuso el negocio. Como cualquier ilícito relacionado con las drogas, era redondo desde el punto de vista económico. Producir una cápsula en el viejo continente está entre los 40 y 60 centavos de dólar. Se puede adquirir en el mercado por dos o tres dólares y en el caso de lotes significativos el precio se puede reducir a un dólar la unidad. El valor agregado está en su traslado a América Latina. En una fiestarave, el joven ansioso por exacerbar su sensibilidad y amar a sus semejantes paga hasta 25 dólares por una pastilla de placer. Johanson se enteró y salió del país. Los austriacos
confesaron que hicieron viajes a Piura y Cusco para entregar parte del
mismo lote, por lo que no se puede precisar la cantidad total. Posteriormente,
el juez Elar Zavalaga, titular del 46o Juzgado Penal de Lima, ordenó
su detención a nivel internacional. Por tratarse de un proceso
reservado, Zavalaga se abstuvo de brindar declaraciones. Nada indica que
Johanson esté cerca de caer.
DROGA BIEN ¿Por qué una mafia europea instalada en el Perú? ¿La historia no era al revés? Como cualquier otro producto, el éxtasis tiene tres fases para instalarse definitivamente en el mercado. La primera, la introducción, ha sido finalizada (ver CARETAS 1631). Se encuentra en la etapa de la consolidación y ahí los europeos no quieren soltar la posta. No solamente exportan la droga, sino que controlan su distribución a los minoristas, ésos sí peruanos. No están interesados en crear ningún tipo de conflictos -a estos detenidos no se les encontró armas- ya que primero se debe llegar a la tercera etapa: la de la masificación. En un mercado como el peruano todavía parece lejano. Con cápsulas que se adquieren en la calle a un precio que oscila entre 15 y 25 dólares, y aunque el consumo está en aumento, es poco probable que el éxtasis deje de ser una droga de "niños bien". Las zonas identificadas son Miraflores, San Isidro y La Molina. Durante el verano (ver CARETAS 1656), la ruta del éxtasis se amplía a la zona comprendida entre Punta Hermosa y Bujama, con concentración en el llamado "bulevar" del kilómetro 100. Por lo pronto se realizan intentos para adaptarse al mercado. Cápsulas provenientes de Colombia (se ha detectado una remesa con logotipo de estrella de cuatro puntas) y en México ya se introdujeron al país. El proceso se encuentra en el nivel más básico de la farmacéutica. Lo único que detiene el sello de su fabricación en el Perú es lo limitado del mercado. Y al tener una audiencia adolescente se ha producido el efecto placebo que ya se dio en otros países. A pastillas libres de toda droga se les marca encima con los famosos logotipos, y a volar. Aunque no sea más que un simulacro. (Enrique Chávez)
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