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Edición Nº 1677 |
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¡No las TOQUES!
"Hay una granada frente al estadio de la U". La llamada anónima fue breve, no brindó mayores detalles. A pesar de ello, su tono no era amenazante. En la Unidad de Desactivación de Explosivos, Udex, gozan de una experiencia forjada por años de atentados terroristas. Y desarrollaron esa intuición que les dice cuando aquel que habla al otro lado de la línea es el mismo que puso la bomba. Este no parecía ser el caso. Efectivamente, el explosivo estaba allí. Solitario, frente a la puerta tres del Monumental. Se desalojó toda la zona. La onda explosiva de la granada suele ser de seis metros y 360 grados. Los peatones fueron retirados a 25 metros a la redonda. El técnico se acercó y respiró aliviado. La argolla de seguridad todavía estaba en su lugar. ¿CONSPIRACIÓN? Los humanos, débiles y falibles, nos acostumbramos a la política universal de la segunda oportunidad. Se puede aplicar en un rango que va desde las relaciones sentimentales y las prácticas laborales hasta los delitos más condenables. Los técnicos de la Udex, sin embargo, deben confrontar diariamente el gran lema escrito en uno de los salones de su unidad: "El primer error es el último". Más mundana y resignada es una frase que corre de boca entre boca los "Aquí rige la ley de la biroca. Al que le toca le toca". Ahora le tocó a las granadas. En el estadio, cerca a un colegio
en el Callao, Rinconada del Lago en La Molina, incluso en Chiclayo. El
viernes pasado, una granada encontrada en una plaza de estacionamiento
del distrito limeño de San Miguel. El lunes 2, una caja con doce
en Puerto Fiel se constituyó en la última perla del rosario.
No es difícil hacer una especulación entre líneas. ¿Hay un patrón?¿Cada granada desperdigada es una pieza de ajedrez dispuesta para explotarle en la cara a una difícil situación política? Los argumentos contrarios a la teoría conspirativa tienen peso. En primer lugar, no se ha detectado ningún tipo de método para dejar las granadas. Pueden reposar a vista y paciencia de todo el mundo en la entrada de un estadio, como permanecer ocultas entre las plantas de una exclusiva zona residencial. En segundo lugar -y esto es lo más importante- la procedencia y año de fabricación brinda las pistas para encontrar el origen de la mayoría de granadas. EL SÍNDROME POSHUAYCÁN La trágica historia de los dos pequeños que murieron al manipular unas granadas que se encontraban en una casa de Huaycán el pasado 13 de junio (CARETAS 1675) desató una serie de interrogantes que fueron respondidas con una andanada de granadas repartidas en la ciudad. Estos explosivos se pueden adquirir fácilmente en el mercado negro y con anterioridad han sido utilizados en acciones de la delincuencia común. La mayoría de medios manejaron entonces la hipótesis por la cual el cerco de seguridad sobre la tenencia de granadas -a todas luces ilegal- se estrecharía. Sin embargo, casi todas las que han sido regadas en Lima no tendrían esa procedencia. Según los números de serie, estas son rusas y fueron fabricadas entre 1980 y 1985, años en los que escalaba la violencia. Por razones de seguridad para sus efectivos, las FF.AA. las repartieron de un modo indiscriminado. Luego no se produjeron actos masivos de devolución y los artefactos comenzaron a acumular polvo como souvenir de guerra en repisas y depósitos. Los oficiales podían llegar a tener seis granadas en su hogar. CUATRO SEGUNDOS El tiempo de vida de una granada es de cuatro años. El que transcurre
entre la remoción del anillo y la explosión es de tan sólo
cuatro segundos. A pesar de ello, la manipulación de una granada
"vencida" es todavía más peligrosa y ésas son las
que se mantienen en muchos hogares.
Es poco probable que los delincuentes comunes se deshagan de sus armas luego de un incidente como el de Huaycán. Del mismo modo, los narcotraficantes deberían librarse de la cocaína cada vez que se descubre un cargamento. Es mucho más cercano a la realidad pensar que esas granadas -rusas, con una antigüedad que oscila entre los 15 y 20 años- estén siendo abandonadas por familias que las recibieron en los años de la lucha contrasubversiva. Temerosas por los niños que estén a su alrededor, pero también porque existe un vacío legal con respecto a ellas. No se ha producido una amnistía que facilite su devolución y una de las consecuencias es que se abandonen irresponsablemente en los tachos de basura o en plena vía pública Quienes quieran devolverlas sin complicaciones, pueden ir a la Udex. Lo que no sería raro es que estos eventos sean aprovechados para remover el ambiente. La metodología no es extraña. El 21 de mayo, una granada fue dispuesta frente a la casa del publicista Alfonso Salcedo. Recibió una llamada en la que se le advertía del hecho y se le acusaba de traidor por retirarse de la campaña de Alejandro Toledo debido a su filiación aprista. Ese fue el mismo mes de la mochila bomba en el Jurado Nacional de Elecciones. Allí, los altos mandos de la Udex sí perciben un afán sistemático de desestabilización que no encuentran en el actual frenesí de granadas tipo piña que se están recogiendo por toda Lima. Para el comandante José Vallejos, jefe de la Unidad, ahora lo principal es instruir a la población para que no se arriesgue. Por el momento, siguen pendientes de las llamadas que reciben y pasan por la rutina diaria de revisar los alrededores de dependencias públicas y privadas sujetas a posibles atentados. Para ellos, hay mucho movimiento pero todavía no existe la alerta roja. Incluso, como siempre, queda un poco de espacio para el humor. -Mire. Vallejos nos enseñó una granada. Hizo un movimiento pero no explotó. Tan sólo se produjo una llama: un encendedor adaptado para despistar a los visitantes. El Comandante encendió su cigarrillo y rió aparatosamente. Al que le toca, le toca. (Enrique Chávez)
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