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Edición Nº 1677 |
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Aviones Militares del Perú ¿Por Qué
se Caen?
SEIS aeronaves de las fuerzas armadas peruanas fueron derribadas durante el conflicto con el Ecuador, en 1995. Resulta irónico que en los seis años siguientes, en que se consolidó la paz, al menos quince aviones y helicópteros de combate y transporte, en su mayoría de la Fuerza Aérea Peruana, se hayan estrellado accidentalmente y sin que nadie les dispare un solo tiro. Este año es especialmente dramático. En seis meses, se han estrellado tres aviones de la FAP y dos helicópteros, de la Policía y del Ejército. La escalada empezó el primero de marzo del 2001, presumiblemente
debido a fallas mecánicas. El capitán FAP Rafael Fronda
pilotaba un avión `Tucano'; en el asiento trasero iba el comandante
FAP y piloto instructor, Rodolfo Pereyra. La misión era sencilla:
trasladar la aeronave de instrucción y combate del Grupo Aéreo
No. 9, en Pisco, al Grupo Aéreo No. 51, en la base aérea
Las Palmas. Es en este último lugar donde reciben sus primeros
entrenamientos de vuelo los futuros pilotos FAP. Cuando el `Tucano' sobrevolaba
el balneario de Cerro Azul, "sin previo aviso, falló el motor",
cuenta uno de los pilotos, "y vimos cómo, progresivamente, las
hélices se detenían frente a nuestros ojos". En los contados
segundos que les quedaba, antes que la gravedad hiciera presa de ellos,
condujeron el avión tras la línea de viviendas para eyectarse
en forma segura. Lamentablemente, al estrellarse, las partes de la nave
salieron disparadas cual esquirlas, hiriendo mortalmente a un poblador
de la zona.
El caso de los aviones de combate MiG-29 es patético. El primero de la flota, comprada en secreto durante el régimen de Fujimori, cayó en diciembre de 1997 (CARETAS 1514). ¿Qué pasó entonces? El piloto, mayor FAP José Martinelli, cumplía un vuelo de entrenamiento en el Grupo Aéreo No. 6, con sede en Chiclayo, donde estaba camuflada la flotilla de dieciocho MiGs. Según información extraoficial, "el piloto perdió la natural visibilidad del horizonte a causa de dos mantos de nubes, uno abajo y otro sobre el avión; cuando luego de unos segundos revisó sus instrumentos, era demasiado tarde: ya estaba desorientado y aproximadamente a 2000 metros de altura, muy cerca de los cerros, y en posición crítica". El MiG cayó en las pampas de Naylamp, a 60 Km. de la base aérea. El mayor FAP Martinelli, que logró eyectarse a tiempo, había sido entrenado con 20 a 25 horas de vuelo en Bielorrusia, como parte del cuestionado contrato. Tal vez ese tiempo, como afirma el general FAP (r) Alberto Thorndike, "no sea el suficiente para mantener a nuestros pilotos seguros en el aire". Según informa Thorndike, ahora los oficiales de la FAP empiezan a entrenarse muy tarde, con el rango de alférez y edades entre 22 a 26. "Volar un avión -dice- es como aprender un nuevo idioma: mientras más temprano, mejor". De hecho, en el Grupo Aéreo No. 51 subsiste desde 1998 un descontento entre los pilotos, porque les han reducido las horas de entrenamiento en el aire debido al elevado costo que esto supone. La tragedia de los MiGs continuó el 13 de marzo del 2001, cuando
una comisión del Congreso de la República, encargada de
investigar las irregularidades en la compra de estos aviones, se había
trasladado a Chiclayo para constatar el buen desempeño de los mismos.
Del Grupo Aéreo No. 6 despegaron ocho aviones. Lo que sucedió
luego, es historia conocida porque ocurrió en las narices de la
Comisión y de decenas de periodistas. "¡Se cayó otro
MiG!", coreó la multitud.
¿Pero cuáles fueron las causas de ese accidente? Según fuentes extraoficiales, el comandante FAP, Ricardo García, guía del escuadrón de los ocho MiGs encargados de la exhibición, "despegó a sabiendas que su nave presentaba una falla en el generador de corriente, pues una luz roja en el panel de alarmas así lo indicaba. Quizás el no querer aguar la fiesta a sus superiores impulsó a García a despegar, confiado además, en que según los manuales, el MiG-29 puede volar un máximo de 30 minutos con esa falla técnica". Debido a esta falla, durante los últimos minutos de la exhibición, el altímetro habría dejado de funcionar marcando 300 metros, cuando en realidad la nave estaba por encima de los 600. Cuando el piloto quiso levantar la nave para ganar altura y perfilarse con un buen ángulo de aterrizaje, `entró en pérdida'; es decir que perdió sustentación y empezó a caer. Las estadísticas indican que el 75% de todos los accidentes aéreos se deben a errores del piloto. ¡Horror! El general FAP (r) Luis Escobedo, especialista en seguridad de vuelos, dice que, en efecto, "el piloto es normalmente quien comete el último error en la cadena de eventos que conducen a un accidente". Pero, ¿cuál es la causa principal de la caída de los aviones?, le preguntamos. "De acuerdo a un estudio mundial de la OACI, la principal causa de pérdida de vidas son los accidentes del tipo `Vuelo Controlado Contra el Terreno' (VCCT). Sucede cuando una aeronave cuyo funcionamiento mecánico es normal, es volada inadvertidamente contra tierra, quizás por seguir una ruta errónea o volar demasiado bajo". Este tipo de accidentes representa el 58% de las víctimas, la pérdida del control de la aeronave, el 26%; los desperfectos técnicos, el 21%; los incendios y las explosiones, el 9%; entre otros. De hecho la caída del último cazabombardero Sukhoi SU 22, fue del tipo VCCT. La noche del 19 de junio del 2001, el mayor FAP Dante Alva y el capitán FAP Iván Carrillo, salieron del Grupo Aéreo No. 11, en Talara, junto con otros tres aviones a cumplir una misión de entrenamiento de "navegación nocturna". La misión consistía en sobrevolar Paita, Sullana y Santa Lucía para luego regresar a la pista de aterrizaje de la base aérea, donde se realizaría ataque simulado. La torre de control del Grupo No. 11 perdió contacto con la aeronave y cinco minutos después el avión que le seguía se percata de un resplandor en la zona de los cerros de La Brea, a una distancia de cinco millas fuera del curso que debería haber tenido. Se investigan las causas. Según los especialistas consultados, la escalada fatídica se detendría si es que los presupuestos, recortados debido a la crisis, volvieran a la normalidad; y entonces se pueda brindar a los aviones el debido mantenimiento y a los pilotos un entrenamiento temprano y con más horas de vuelo. De otro modo, los modernos Sukhoi y MiGs peruanos corren el riesgo de ser deshonrosamente rebautizados con el irónico apelativo que se dio a los accidentados bimotores `Alfa 80' de la década del sesenta: "Tumbas con alas". (G.A.T.)
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