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Edición Nº 1678 |
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Un Patrón De
Conducta Jorge Olavarría (66) es un curtido político, periodista, abogado e historiador venezolano. Además fue candidato a la Presidencia, cumplió con funciones de constituyente y congresista. Aquí hace para CARETAS un análisis exclusivo sobre Hugo Chávez y el entrampado del caso Montesinos.
NO se puede ocultar lo inocultable: Vladimiro Montesinos entró a Venezuela con el conocimiento o la ayuda del Presidente Chávez y permaneció allí con su protección. Esto concluyó con el intento de retirar de un banco de Miami una gruesa cantidad con un mandadero. El banco se lo sopló al FBI, éste investigó e informó a las autoridades peruanas el paradero y la identidad de quienes tenían la custodia del prófugo. Ello llevó a los guardaespaldas de Montesinos a negociar su entrega a cambio de la impunidad por el hecho ilícito de Miami, más los cinco millones de la recompensa. Los peruanos montaron la operación "jaquemate": la entrega de Montesinos a la embajada del Perú en Caracas mientras se celebraba en Valencia la reunión de la CAN con la presencia del Primer Ministro del Perú, Javier Pérez de Cuéllar. No está claro si él sabía que la Embajada en Caracas estuvo a punto de recibir a un secuestrado. Este era el caso. Un secuestro. Si "jaquemate" hubiese tenido éxito se habría creado un delicioso problema de Derecho Internacional. Por una parte, la sacrosanta extraterritoralidad de la sede diplomática. Por otra, la calificación del estatus de Montesinos. ¿Un refugiado al cual había que darle salvocunducto? No. ¿Un prófugo apresado por una autoridad policial legítima? Tampoco. ¿Un secuestrado? Sin duda. Montesinos fue víctima de un secuestro frustrado. Fue llevado a cabo -aparentemente-por venezolanos a cambio de la recompensa y de un perdón prometido por el gobiemo de los EE.UU. ante un secuestro en un país extanjero. ¿Y cómo pensaban sacarlo? ¿Remedarían lo que Israel hizo con Adolf Eichman cuando lo secuestraron en Argentina? Del otro lado: ¿Qué hubiera hecho el gobiemo de Venezuela cuando se enterara de la presencia de Montesinos en la Embajada? ¿Protestar? ¿Qué? ¿El haber apresado a un prófugo al cual encubría? En síntesis, una situación de enfrentamiento entre tres Estados delincuentes. El de Venezuela, culpable por encubrir a un acusado de delitos de lesa humanidad. El del Perú, por secuestrar a ese prófugo y usar para ello la extraterritorialdad de la residencia de su embajador. El de los Estados Unidos por prometer indulgencia a cambio de un secuestro en un país extranjero. Menudo pasticho. Pero dejemos ese enredo. Veamos el asunto desde otra perspectiva: el patrón de conducta que Chávez ha dibujado ante la comunidad internacional. El primer trazo fue la carta que el 3 de marzo de 1999, el recién estrenado Presidente le envió a su compatriota Vladimir Ilich Ramírez Sánchez. El terrorista preso en Francia conocido como El Chacal. Este sujeto comparte con Montesinos la coincidencia de ser ambos hijos de comunistas que nombraron a sus vástagos con el nombre de Lenín. Travesuras de las estrellas, dirán las quiromantes. La carta empieza así: "nadando en las profundidades de su carta solidaria, pude auscultar un poco los pensamientos y los sentimentos... Digamos con Bolívar que el tiempo hará prodigios en cuanto mantengamos rectitud de espíritu, en cuanto observemos esas relaciones necesarias que se derivan de la naturaleza de las cosas". Y concluye: "Con profunda fe en la causa y en la misión ¡por ahora y para siempre!" La Embajada de Venezuela en Francia extremó esfuerzos con los abogados del Chacal para anular el juicio que lo condenó, pues, oh ironía, fue secuestrado por la Policía secreta francesa en Sudán en una forma similar a la frustrada en Caracas. Chávez confirmó el patrón con el encubrimiento de Montesinos. Abrazó y besó a Muamar Kaddafi en Libia, es el primer y único Jefe de Estado que ha visitado a Hussein. Es conocida su cercanía con el régimen de Fidel. No se pueden excluir las diatribas en contra de lo que entiende como "neoliberalismo". Eso en la superficie y con palabras. Por debajo de la mesa hay cosas más serias. Los rumores de su ayuda material a subversivos bolivianos y ecuatorianos salieron a la luz cuando Peter Romero, Secretario norteamericano de Estado para asuntos hemisféricos, dio a conocer pruebas de las andanzas de Miguel Quintero, colaborador de José Vicente Rangel cuando éste ocupaba la cartera de RR.EE. Como muestra de la relación son subversivos colombianos está la descarada protección que Chávez le dio al aeropirata José María Ballestas, acusado de haber secuestrado un avión de Avianca y refugiado en Venezuela. Actuando conjuntamente con la Policía Técnica Judicial de Venezuela, la Policía colombiana lo detuvo en Caracas (había orden internacional de captura). Como la PTJ actuó sin coordinar con la Policía Política (DISIP) Chavez destituyó al Jefe de la Técnica y -protestando ante la actuación de una policía extranjera en Venezuela- el aeropirata fue de hecho liberado al ser enjuiciado por un delito de pena menor. Aunque se dice que está preso, nadie lo ha visto y en todo caso, está a punto de salir libre, ya que la extradición camina con pies de plomo. Todo esto configura un patrón de conducta en cuyo contexto el amparo dado por Chávez a Montesinos no es una excepción, sino algo que emsambla perfectamente con la continuidad de una política en la que el espacio para el doble discurso ya no es suficiente. Misión de Oposición
SORPRENDIDOS. Perplejos. Así se declaran los parlamentarios venezolanos que llegaron este lunes al país. Las similitudes entre Fujimori y Chávez son más que eso. Son casi gemelos. Ya que el gobierno de Hugo Chávez insiste en fantasías contradictorias para explicar el impasse Montesinos, los seis parlamentarios de oposición llegaron hasta Lima para tratar de hallar información que ayude a clarificar la estadía ilegal del ex asesor en su país. Ellos son Elías Matta (Causa Radical), Alejandro Arzola (Partido Regional), Ezequiel Vivas (Proyecto Venezuela), Pedro Pablo Alcántara (Acción Democrática) y Carlos Casanova (Partido Socialdemócrata). Aunque se agenciaron el viaje de su propio peculio, el Congreso peruano procuró apoyarlos en todo lo posible. El tercer vicepresidente del Congreso, Manuel Masías, sirvió de anfitrión. "Les proporcionamos el salón Haya de la Torre, computadoras, Internet y les brindamos asistencia para la coordinación de sus entrevistas". Sus pesquisas, esperan, no se quedarán en la retórica. Van hasta el punto de encontrar los nexos de algunos grises personajes con el narcotráfico internacional y algunas sospechosas cuentas abiertas aquí. Mientras los parlamentarios desfilaban por los programas de televisión, dos temas claves parecían ser pasados por alto: 1. Esta comisión, denominada Parlamentarios por la Verdad, no tiene reales efectos legislativos. Aunque su conformación es una atribución brindada por el Congreso venezolano, la Comisión legislativa del caso Montesinos está en Caracas, íntegramente compuesta por oficialistas. Según el parlamentario Casanova, el trabajo de esa extensión chavista debe culminar sus funciones la próxima semana. 2. José Mendoza, parlamentario adicto a Chávez, cumple con la misma labor de vocero no oficial del Presidente que con muy mal gusto llevó a cabo hace poco Pedro Carreño. Ya amenazó desde Caracas con información comprometedora sobre los gobiernos de Paniagua y el futuro de Toledo. Mendoza dirigió la investigación contra el aeropirata colombiano que terminó en total impunidad (ver nota aparte). Además, allana el camino para la solución final: acusa a algunos miembros de la DISIP de haber protegido a Montesinos -habla de sobornos de 200 mil dólares- pero exculpa al gobierno y a la institución. En palabras de Casanova, "se cerrará el caso con cuatro chivos expiatorios. Ese análisis deja en completo ridículo al gobierno. Hablan de seis funcionarios corruptos. ¿Ellos pusieron en entredicho la seguridad venezolana? Admitir esa tesis es todavía peor para el gobierno". De algún modo, los venezolanos también vinieron en búsqueda de una especie de apoyo emocional. Casi terapéutico. Peruanos como el propio Masías pasaron por la experiencia que ellos deben enfrentar cuando regresen mañana a su país. Su destrucción moral por parte de un Congreso con mayoría intransigente (la proporción es de 68 a 101). "Iniciarán una campaña de descrédito y nos acusarán de antipatriotas", dijo a CARETAS Casanova. ¿Todavía le cabe duda, amable lector, de que la costilla con la que se creó a Simón Gorila era en realidad sushi? (ECH).
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