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Edición Nº 1678 |
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Corifeos y Cómplices
EL miércoles 18 se presenta en el auditorio del Colegio de Abogados de Lima, "Los Escaños de Montesinos. Testimonios de una entrega sin condiciones" de Guillermo Gonzales Arica. Se trata de una recopilación de las mociones de pedidos de investigación de las mil y un trapacerías del otrora todopoderoso Vladimiro Montesinos, presentadas entre 1995 y 2000, y de las insólitas argumentaciones de sus ahora amnésicos panegiristas. El tema no es nuevo para Gonzales Arica. Como ex asesor de los grupos parlamentarios UPP y GPI y de destacados parlamentarios de la oposición entre 1995 y 2001, fue testigo de innumerables legicidios y de la mayor obsecuencia que se se haya visto en un Congreso de la República. El peor Congreso del siglo XX según el ex parlamentario Javier de Belaunde Ruiz de Somocurcio, "aún peor que el de Leguía". Así mismo, como fundador de la Asociación Prensa Libre
y Democracia denunció ante tribunales internacionales la interceptación
telefónica realizada en 1994 y 1995, durante la campaña
electoral; la torturas infligidas por miembros del SIN al periodista Fabián
Salazar, el primero en dar cuenta de la existencia de los vladivideos;
y sobre la participación del SIN en la campaña electoral
de 1999. Y, más adelante, recogió e hizo pública
junto con la congresista Anel Townsend la versión de los acompañantes
de Vladimiro Montesinos sobre su fuga abordo del velero Karisma. Denuncia
que puso a las autoridades tras los pasos de Montesinos en Venezuela.
Ciertamente "Los Escaños de Montesinos", para incomodidad de quienes han pasado rápidamente al olvido, trae a la memoria el dedicado celo con el que fatigaron toda lógica: Martha Chávez de Ocampo, Luz Salgado, Daniel Espichán, César Larraburre, Gilberto Siura, Luis Delgado Aparicio, entre los más connotados. Gracias a ellos todas las iniciativas para investigar a Montesinos y a la red que tejió con hilos de plata (en contante y sonante) no prosperaron. De más de un centenar de mociones de investigación sobre Montesinos presentadas entre julio de 1995 y noviembre de 2001, sólo un par fueron aprobadas antes de la caída del régimen: la de las interceptaciones telefónicas, que bajo la batuta de Martha Chávez de Ocampo no llegó a ninguna parte; y las irregularidades en el proceso electoral de abril pasado, que tampoco tuvo resultado alguno. No es éste un afán asépticamente testimonial. Todo aquello que contribuya a esclarecer los grados de complicidad y encubrimiento que Montesinos orientó, a veces con textos de puño y letra que fueron leídos en el pleno, tiene, particularmente en estos días, un significado especial. Pero también resulta ser un reconocimiento al rol de las minorías,
sobre todo en circunstancias como las vividas en la década pasada,
en la que el poder corruptor de Montesinos parecía haberse extendido
por casi todas las intituciones del país. "El Congreso fue un escenario
privilegiado y es falso que ahí se librara batallas inútiles.
Se podían perder votaciones, pero se ganaba en transparencia y
dignidad. Si de veras queremos un Parlamento independiente y autónomo
tenemos que defender y recordar a quienes estuvieron en la vanguardia
de la defensa de los derechos ciudadanos", dice Gonzales Arica.
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