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Edición Nº 1678 |
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La Cruz Y El Martillo
La turbada vida emocional de Juan Clímaco Basombrío Pendavis, ex alumno del Colegio Santa María, tuvo como consecuencia cobrar de la forma más brutal e inesperada la vida de Alexandra Brenes, la hermana menor de uno de sus mejores amigos, Sebastián. De la misma forma, la empleada de 28 años de los Brenes Hague, Ida Merino, se encuentra en coma debido al letal ataque del perturbado homicida. ¿Hubo premeditación? ¿Insania súbita de un joven marianista huérfano de padre? Crónica que busca esclarecer los misterios de un crimen atroz. Escribe JERONIMO PIMENTEL* CLIMACO: Escalera. El que sube escaleras. San Clímaco, autor de "La Escala Espiritual", así llamada porque el santo señalaba que eran necesarios veinte peldaños para conducir el alma a la perfección. El sábado 7 de julio, Juan Clímaco Basombrío Pendavis (19) descendió por esa escalera al sótano del espíritu. A las 2 de la tarde, quien todos conocían por Clímaco (muchos creían que su peculiar nombre se debía a la insidia de algún malintencionado condiscípulo en vez de a la pía erudición de sus padres) llegó a la casa de su ex compañero del Santa María, Sebastián Brenes Hague (18), para conocer con él los resultados de su postulación al programa de Márketing de la Universidad San Ignacio de Loyola. Iban a revisar los resultados por internet. El día anterior, Clímaco le había llevado algunos libros a su casa. Inicialmente, Sebastián había decidido estudiar música -así lo manifiesta en el anuario de su colegio-, pero desanimado por el difícil panorama para los bateristas de rock peruano, decidió conjugar una carrera sin renunciar a su afición: "realiza todos los sueños que tengas", aconsejaba su reseña de despedida. A las dos de la tarde Carlos Lescano Méndez (18), también
egresado de las canteras del colegio marianista y bajista de "Canchita
Serrana", el grupo de rock que conformaba con Sebastián, llamó
por lo mismo: el ingreso. Sebastián le pidió que vaya a
su casa con su bajo, amplificador y efectos, ya que fuera cual fuera el
resultado de la postulación, lo seguro es que el sábado
7 de julio el grupo que sobrevivía ralamente a la inclemencia de
la distancia posescolar se reuniría a festejar o aplacar las glorias
o penas de Sebastián. Lo seguro es que el sábado 7 de julio
prometía horrores para los muchachos. Después de una imprescindible hamburguesa sabatina, Lescano llegó
a Trinitarias 100 -"por la 14 y 15 de Caminos del Inca" avisó a
los amigos que lo jalaron-, donde fue recibido por Alexandra Brenes Hague
(16), la bella hermana menor de Sebastián, quien lo admitió
con su mejor sonrisa. Lescano entendió rápido: Sebastián
había ingresado. Subiendo la escalera de caracol que daba al segundo
piso del departamento 301, una suerte de azotea coronada por una pequeña
habitación donde solía ensayar el grupo, se desplegaba un
feliz panorama: Sebastián y Clímaco veían televisión
acompañados por eventuales cervezas. Arrimaron la mesa de cristal
que interrumpía la feliz colocación de los instrumentos,
y empezaron un pequeño concierto desplegando toda la furia contenida
en la ansiosa preparación preuniversitaria. Ese día, Clímaco se había despertado "pesado e incómodo", "me dolía el estómago y me calentaba la cabeza, llegando a vomitar bilis". Los interminables repiques de las baquetas de Sebastián, junto al tenso slapeo de las cuerdas graves de Lescano, martillearon la cabeza de Clímaco, "no acostumbrada a los altos volúmenes que se despliegan en los ensayos", en explicación del bajista. A eso de las 5 y 20 bajaron a la bodega más cercana a comprar cigarrillos y brownies. Es probable que a estas alturas los amigos ya hubieran fumado un poco de marihuana. Sebastián confiesa en su declaración haberla consumido, y Carlos le señaló a un oficial del Serenazgo de Surco que Clímaco les había confesado que también lo había hecho. Luego volvieron a la casa a seguir tocando. LA CRUZ Miembro del grupo pastoral, animador del programa de Confirmación,
debido a sus méritos, así como su apego y cercanía
a los sacerdotes del Santa María, fue uno de los 4 alumnos seleccionados
para ir a Roma el año pasado a presenciar la beatificación
del fundador de la congregación marianista, Guillermo José
Chaminade. Era callado, introvertido y un poco dejado para los compañeros
de su promoción original. Cordial, por momentos impulsivo, a veces
fosforito para los del año en el que cayó, luego
de que repitiera cuarto de media. Alguno recuerda que había adquirido
un gusto por la discusión, prefiriendo ultimamente el debate político,
aunque informal. Sin embargo, la conclusión parece ser que su temperamento
era más bien silencioso, coincidente con su gusto por el remo,
deporte que practicaba con devoción.
Poco antes de las 6 y media, Clímaco, el-que-sube-escaleras, baja por un vaso de agua -la cabeza- encontrándose con Alexandra, a quien saluda cordialmente aunque con un poco de pena. Ya sabía que en la quincena de julio Alexandra partiría a EE.UU. Algunos ex alumnos de la promoción de Clímaco han manifestado que era vox populi el amor platónico que la menor de los Brenes le provocaba a Basombrío Pendavis. El afirma que no tenía ningún vínculo con ella y que su relación era buena. Sebastián bajó al rato y le preguntó a su hermana que a dónde había ido su mamá. "Se fue de compras con mi tía", fue la respuesta de Alexandra. Clímaco conversaba con ella cuando Lilian Hague se despidió de su hija por última vez. Seis de la tarde. Carlos Lescano ya ha bajado a la sala. Sebastián no tarda en seguirle el paso y luego de charlar someramente sugiere que vuelvan a la azotea a tocar. Basombrío Pendavis, espectador de lujo del dúo, no se niega a presenciarlos, por lo que sube con ellos "al cuarto de arriba", pero media hora después baja a la primera planta del departamento por una corbata que le pide al baterista dueño de casa. Tenía el matrimonio de un primo. "Sácala de mi cuarto", responde el baterista, conciso. Efectivamente, la retira del closet de su dormitorio. Un fondo musical de funk rabioso hacía cortina a sus ires y devenires. LA MUERTE DEL PADRE Concierto de caídas para un muchacho angustiado. Clímaco
tenía un escalón no sorteado. Pasado, saltado, escalado.
Trunco. Él no se refería al escollo como escollo, ni a la
frustración como frustración, ni al escalón imposible
como escalón imposible. Le decía, en cambio, "la muerte
de mi papá". Internamente. Escollo que dentro del profesorado del
Inmaculado Corazón y el Santa María había sido el
"suicidio de su papá" -el primer papá muerto de la prom-,
y que para algunos docentes había sido "el suicidio presenciado
por Clímaco de su papá". El doctor Dreyffus, quien atendió
a Clímaco en aquella época, lo debió diagnosticar
como "trauma". Igual que en la Clínica San Pablo, donde lo trataron
dos días. Sin embargo, el sacerdote marianista Roos ha afirmado
que el padre de Clímaco falleció por un infarto. Pero en
la cabeza de el-que-sube-escaleras eso debió ser un escalón
alto, que ni el grupo pastoral del colegio, luego de un puñado
de años, pudo ayudar a superar. Adolescente sin padre, madre entera,
tres hermanas, "mi condición económica es normal, podemos
sobrevivir".
Por eso Clímaco volvió a subir las escaleras, por tercera o cuarta vez. Pero inmediatamente pidió el teléfono a Sebastián para llamar a su casa. De nuevo, porque según declara Lescano ya lo había hecho de un teléfono público cuando fueron a comprar a la bodega. Y bajó las escaleras por (pen)última oportunidad. El teléfono estaba en el dormitorio de Alexandra. Manifestación policial ante la DININCRI: -DIGA: ¿Tiene o ha tenido alguna relación sentimental? -No. -DIGA: ¿Nunca ha tenido una relación sentimental? -No tengo y nunca he tenido una relación formal. DESTINO CRUZADO Alexandra, recostada en su cama, pantalón de buzo gris, casaca
a cuadros azul, polo celeste, insinuó una venia de aprobación
cuando Clímaco hizo el ademán de llamar. Cuando éste
cuelga el fono ella le pide que le pase la voz a la empleada, que quería
hablar con ella: Ida Augusta Merino Alburqueque (28). ...Le señalé
que Alexandra la requería y me respondió que ya iría,
y al frente de la escalera que conecta al segundo piso del inmueble, sobre
el piso, vi un martillo y sin motivo alguno volteé y observé
a la empleada que se encontraba de espaldas.... Estado crepuscular
igual vaivenes de (in)consciencia, explicaría luego un siquiatra
en la televisión. ...y me acerqué y la agarré
de sorpresa y ella empezó a gritar y yo le decía que se
calle. Sin móvil aparente, probablemente quiso abusar de la
empleada, sugiere el informe de la DININCRI. ...y al no hacerme caso....
El baño, el baño, el baño. Limpiar la sangre en el baño. Baño de sangre. Ropa ensangrentada, martillo sangriento, mirada de sangre. ...No encuentro la razón, quizás me loqueé... ...Nunca he tenido ese tipo de reacciones... ...Perdí la noción del tiempo, todo se me nubló... APARECE ALEXANDRA -¿Qué pasa? -La empleada se cayó de la escalera. El martillo debajo del polo. No lo hagas, no lo hagas, no lo hagas. -¿Ida? -silencio disfrazado de rock- ¿Ida? Estado crepuscular. Consciencia e inconsciencia. El brazo firme de Clímaco le impide llegar al cuarto de la empleada. Pathos que detienen el paso. -Alexandra, no pasa nada. -¡Sebastián!, grita ella. No se callaba, por lo que le tuve que propinar un golpe con el martillo en la nuca... La arrastra por el pasadizo hasta el dormitorio y la chica sigue gritando. Golpeando el sol hasta que el sol estalle. Funky, baquetas, "Canchita Serrana", rock, bulla, dolor de cabeza. Pero no se calla. ¡Sebastián! Un cojín le tapa la boca (¡Sebastián!) pero para Alexandra, la vida, se extingue de golpe. DIGA: ¿Con cuál de sus manos maneja las cosas y con qué mano cogió el martillo y agredió a sus víctimas el día de los hechos? -Soy diestro, lo cogí con la mano derecha y con ella empecé
a golpear a las personas ya conocidas.
CUATRO VERSIONES DE UN MISMO HECHO 1. El policía. El comandante PNP Samuel Salazar escucha gritos de auxilio, le pide a José Bances, el chofer del Serenazgo, que se estacione. Estaban buscando, por la primera cuadra de Trinitarias, al hijito de la Sra. Mónica Torres que no volvía. Entra al edificio, en las escaleras desenfunda su arma pero la escena que ve le hace devolver el arma al cinto. "El asesino blande un martillo, Lescano, un vigilante y Brenes no pueden controlarlo. Lo reduje de un golpe en el bajo vientre". Mucha sangre en la cabeza de Brenes. Pedí refuerzos y una ambulancia. El homicida decía incoherencias, estaba controlado, pero de pronto Sebastián Brenes preguntó por su hermana. "Mierda", pensé, "si no ha salido, o está escondida o está muerta". Revisa las habitaciones. Primero el dormitorio principal, luego el de Sebastián, luego lo sorprende una luz prendida y una puerta cerrada. En el baño encuentra un plástico ensangrentado, supuestamente de la alfombra del pasillo. Continúa su pesquisa en el dormitorio de Alexandra. La puerta semiabierta choca con sus pies. Analiza. Muchacha en el suelo. Decúbito ventral. Cabeza destrozada. Examina. Sin pulso. Rigidez cadavérica. La última habitación, junto a las escaleras. Al lado de la cama camarote crece un montículo de bolsas, cajas y maletines, y de todo ello florece un pie. "Otro pie", piensa. Levanta los cachivaches y se encuentra con un cráneo semidestrozado, medio metido bajo la cama, con pulsos vitales. ¡Ambulancia! Al cierre de esta edición, Ida Merino tenía escasas posibilidades de recuperación. 2. El bajista. Carlos Lescano escucha que Sebastián
había gritado su nombre. Primero piensa que es juego, a la segunda
andanada de alaridos baja corriendo. Lo que ve le aterra: Sebastián
tirado en el suelo, su cabeza vomita sangre, Clímaco parado, inclinado
sobre él, levanta un martillo. "Me quiere matar", gime Sebastián.
Impide la consumación. Forcejeo, el mayor de los Brenes se escurre
y pide ayuda al vigilante de la cuadra. Carlos siente un golpe seco que
le impacta el rostro, pero "sin efecto". Sube Julián, el guachimán,
y junto a Carlos reducen a Clímaco. Inmediatamente llega la policía
con un serenazgo. Inspeccionan. Confusión.
3. El Vecino. Carlos Gómez Barrios, 79 años, vecino del segundo piso. Escucha como "si se movieran muebles, tiraran las cosas", pero no le da importancia, "cosas de jóvenes", se explica. Después de un momento baja a comprar medicinas a su mujer. A punto de sacar su bólido blanco, escucha una voz gutural que reclama desesperada su nombre: "Carlos, Carlos". Ve a Julián, el vigilante diurno, subir las escaleras. Don Carlos va tras él. Lo que ve le conmueve: un sujeto dominado, "pálido y mudo, ido"; y una policía fémina (PNP Marisol Oliva) que registra las habitaciones. "Alexandra tenía todas las virtudes que puede tener una muchacha de su edad", reflexiona. Me quedé vigilando la casa después de que se llevaron a todos. A la madre la atendí en la mía, le ofrecí un vaso de agua, resultaba contraproducente que viera a su hija en ese estado. A día siguiente, en el velorio, le di mis condolencias. Mi hija era muy amiga suya. 4. Clímaco. Basombrío Pendavis confiesa que atrajo a Sebastián arguyendo una llamada telefónica. Cuando éste baja, a traición, le asesta un martillazo en la nuca. Brenes pierde el equilibrio pero no el conocimiento. Intenta un segundo golpe pero Brenes se protege con el brazo y atenúa el combo. Clímaco lo golpea con los puños en la cara, desesperado, una y otra vez. Él llama a Carlos, quien aparece de inmediato y le quita la herramienta mortal. Forcejeo. Sebastián pide ayuda. Empuña una estatua de bronce y la lanza contra el rostro del bajista "sin efecto". Sebastián regresa con un guachimán. "Entre los 3 lograron reducirme", confiesa. Al cabo de 5 minutos aparece Serenazgo, quienes lo enmarrocan, y él no se acuerda de nada. EL ULTIMO ESCALON En la Comisaría de Chacarilla lo registran. Dos guantes de lavar y una soguilla de nylon blanco de 2.30 m afloran de sus bolsillos salpicados de manchas rojas. Incriminación, planeamiento, predeterminación. Afirma que los guantes son para lavar y que la soguilla la utiliza para hacer ejercicios. Delación, compromiso, culpa. Y después no sabe,1.75 m de sin explicaciones. De repente me encolerizo por cosas insignificantes, no concilio bien el sueño pero no uso somníferos. Alrededor de la comisaría se forma una pequeña turba. "A ese chico le falta amor", intenta Salazar. Clímaco, el-que-sube-escaleras, baja ahora sus últimos escalones. Los de la carceleta del Poder Judicial. Su próxima parada es final: Lurigancho. (*con información de Luis Felipe Soto)
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