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Edición Nº 1678 |
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Por JAIME BEDOYA
ES con verdadero interés histórico que el turista visita el Cuarto del Rescate en Cajamarca: recinto que fuera escenario de un chantaje por medio del deleznable recurso del secuestro. Con afín motivación didáctica, el educando nacional escapa feliz a un día más de enclaustramiento en el aula sometiéndose al tradicional recorrido escolar del Museo de la Inquisición: templo de la intolerancia oscurantista y laboratorio práctico de la tortura como método de manipulación social. La familia peruana espera su turno para contemplar con unción durante algunos minutos a la Doncella de Ampato: cadáver congelado de una adolescente conocida familiarmente como La Momia Juanita que hace 500 años, luego de sufrir artero golpe que le perforó el cráneo, fuera abandonada en las faldas de un nevado. Despojo orgánico que, con la misma portabilidad que registraría un queso u otro producto perecible gracias a la versatilidad de un moderno estanque refrigerado, fuera exhibido durante un año a una población japonesa siempre intrigada por toda excentricidad de origen peruano. Los tres casos mencionados constatan que los testimonios históricos no siempre son grandiosos, ni ejemplares, ni agradables. Precisamente por mostrar las peores posibilidades de las que es capaz la especie, el pasado debe conocerse sin capítulos cerrados. Lo que varía es la manera de aprovechar válidamente la atención masiva hacia estos peores momentos, no sólo con fines elementalmente pedagógicos. Un ejemplo. En Alemania, la cadena de hoteles Inter-Continental acaba de poner la primera piedra de su último proyecto: un hotel de lujo en una históricamente controversial edificación de Obersalzberg. Esta ciudad, a 150 kilómetros al sudeste de Munich, fue la elegida por Martin Borman como polo de expansión estratégica del nazismo durante el Tercer Reich. Ahí tenían casa, además de Borman, Rudolf Hess y Goering, el propio Hitler, residencia conocida como el Berghof, bombardeada por los británicos y demolida por las mismas autoridades bávaras en 1952 para evitar que se convirtiera en destino de peregrinación nazi. Hoy en día está prohibido detenerse en el terreno donde se levantaba. Lo que sí se salvó del bombardeo aliado fue el Kehlsteinhaus ("Casa del Té"), alarde de técnica arquitectónica alemana con el que Borman agasajó a Hitler al cumplir los 50 años. Es una espectacular casa mirador con paredes de un metro de ancho construida sobre una montaña de roca viva de 1,834 metros de altura, al que sólo se accede, en sus últimos 124 metros finales y en 41 segundos, a través de un espacioso elevador de latón revestido de espejos. El Furher sufría de claustrofobia. La chimenea del salón principal, hecha íntegramente de mármol italiano negro, fue un regalo de Benito Mussolini. Pero lo más espectacular del Kehlsteinhaus es la vista panorámica de 200 Km. del área del Berchtesgaden. Esto lo convirtió en locación privilegiada de documentales propagandísticos donde Hitler en la terraza, acariciando a su pastor alemán Blondi, Eva Braun en discreto segundo plano, y con el infinito bávaro de fondo, era presentado como amante de la naturaleza, el amor y el paisajismo. El Furher sufría de agorafobia. Al tomarlo, los norteamericanos rebautizaron el A nivel local, el único que ha tenido algunos atisbos en este
sentido visionario de la historia reciente ha sido Beto Kouri. Meritorio
ha sido el lanzamiento de sus ataúdes económicos hechos
tras las rejas. Lo versátil de la propuesta y su filosofía,
además del valioso alivio a las economías más deprimidas
que supone, contribuye a hacer más transitable el inevitable paso
final1.
No resulta improbable que a Vladimiro Montesinos le llegue una propuesta
de compra -posiblemente extranjera, como en el caso de Fujimori- de los
derechos exclusivos de su testimonio para hacer una película o
un libro. Mientras llega ese inolvidable día para el fisco peruano2,
existen otras posibilidades de desarrollar centros de pedagogía
moral preventiva, modestos pero honrados vehículos de resarcimiento
para el Estado .
El Museo de la Corrupción, por su vastedad, podría ocupar
toda la Feria del Pacífico. En este complejo podrían exhibirse,
entre MiGs y ropa usada, piezas exquisitas como el desodorante a medio
usar que el asesor abandonó en una habitación de hotel en
Caracas, el tabique nasal de Laura Bozzo y la hemeroteca más completa
de los editoriales fujimoristas de Expreso cotejados con sus correspondientes
facturas celebratorias en diversos restaurantes de la ciudad.
Fundamental en este circuito sería la casa veraniega de la Playa
Arica, que salvando las distancias entre Lurín y Munich, viene
a ser el Kehlsteinhaus montesinista. Este Taj Mahal en vida para
Jaqueline Beltrán, que reúne el dudoso gusto de columnatas
de purpurina, túneles secretos y chimeneas eléctricas que
serían el sueño húmedo de Ricky Pizarro, con la albañilería
reclusiva de un paranoide sociópata, sería un paseo familiar
ideal para el fin de semana. Alrededor florecerían kioskos de cebiches
y souvenirs, contribuyendo al despegue económico de la zona y aliviando
el tránsito escolar hacia las vecinas ruinas de Pachacámac.
Pero el destino estrella sin duda lo conformaría la visita a
la Salita de Transacciones de las ahora en desuso oficinas chorrillanas
del SIN. Debidamente forrados con poliuterano transparente a la usanza
de los asientos de taxi antiguo, los confortables de cuero podrían
recibir según turno y por contados segundos al ciudadano ávido
de experimentar la tentación controlada de una sensación
corruptora.
No es difícil imaginar, una gris tarde de invierno, una larga
cola de visitantes doblando la esquina hasta la avenida Escuela Militar,
anhelando secretamente ser entrevistados por algún noticiero matinal
deseoso de conocer sus impresiones previas. En una democracia sana todos
tienen algo que decir.
_________ 2 Robert Hanssen, espía
norteamericano que se ha declarado culpable de 15 cargos de espionaje
a favor de Moscú realizados entre 1979 y el 2001 traicionando nueve
dobles agentes, dos de los cuales murieron ejecutados, ha negociado su
cadena perpetua con el Estado norteamericano. Entre otras cosas, el gobierno
-como agraviado- recibirá una participación de todo contrato
sobre libro o película que firme Hanssen. No se precisa porcentaje.
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