|
Edición Nº 1679 |
|||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||
|
|
Por
FERNANDO VIVAS Angurrias y reveses de Laura y de los dueños
de la pantalla.
El fracaso de Montesinos fue precedido por un servicio público involuntario: ponchar el forro de los dueños de la tele que hoy se desgarran ante la posibilidad de que su negocio sea constitucionalmente definido como lo que es, un servicio que acarrea responsabilidades públicas. Se asustan porque se les advierte que aquella trampa política en la que cayeron como ratones hambrientos puede prevenirse -¡por su propio bien!- con una legislación donde la sociedad civil vigile que la tele responda democráticamente a sus intereses y no a los lobbies del poder. Otro servicio de Montesinos fue enseñarnos que al broadcaster le gusta que se le trate con cariño. Por eso, mientras su estrategia fue de una perversión nazi, su lenguaje mantuvo el afecto del diminutivo. Pepe y Pepito Crousillat, Julito, Samuel y Mendelcito, fueron grabados así, halagados por el yo te estimo del policía bueno. El juego ya acabó ¡piña pues! y los policías malos son del Gobierno de Transición. Pero quiero dirigirme a Ernestito Schütz: Nunca es tarde para pedir disculpas y colaborar con la justicia, no hay que quemar más a un canal que no sólo pertenece a sus fundadores sino que es una tradición nacional. Salvemos al 5, querido Inge. . Con Genaro Delgado Parker no vale el diminutivo, es un papacho cogido en falta y con impedimento de salida. Genaro siempre supo que la TV era un servicio público. Y en sus mejores momentos se comportó a la altura de la definición, renovando la programación, promoviendo la autorregulación del gremio, defendiéndose del controlismo velasquista. Ahora, ¡qué pena!, mira ratings sin ganas y mide los miles de kilómetros de distancia entre su oficina limeña, su departamento de Key Biscaine y su yate atracado en el Mediterráneo. . (Pero Genaro no se ha quedado quieto. Me cuentan que una semana atrás reunió en su oficina al chileno Marcos Assadi, gerente de Canal 4, y a Federico Anchorena de Canal 5, y convocó a la directiva de la Asociación de Radio y TV presidida por Fernando González del Campo. Su propósito era convencer a la ARTV, dirigida por hombres de radio sin el rabo de paja de sus pares de la TV, a hacerse a un lado para promover una nueva directiva que se hiciera cargo de sus angustias judiciales y que, con Anchorena a la cabeza, fueran con aureola de buenos muchachos a presentar sus saludos a Toledo luego del 28. La ARTV no habría aceptado la sugerencia). . El nuevo Papá Upa de la televisión nacional podría ser Baruch Ivcher. Se lo ha ganado. Pero los arranques patriarcales de la TV pionera, la de los canales locales en expansión por un territorio virgen, la de Genaro y Neca Neca cuando enfrentaban la expropiación y la censura, tienen menos sentido que nunca en estos tiempos de cable, globalización y saturación. Ivcher tendrá que remontar las fricciones internas de su canal -sus gerentes están movidos- y aprovechar su buena estrella para hacerse del top del ranking sin aplastar a nadie. . Responsabilidades públicas y angurrias privadas. Que miedo y cohecho no se mezclen nunca más con inversión y ganancia. La gran lección que sacarán de todo lo que pasó nuestros broadcasters deshonrados es que el capital no se reduce a la caja, al minuto vendido y al favor del gobierno. El capital también es la credibilidad, la foja limpia, la serenidad para capear el temporal. . ¿Y ahora qué?, ¿amnistía? Ni hablar. Quizá en un futuro, cuando todos hayan confesado sus pecados -los diferidos, los vivos y en directo, los enlatados, los de mucha y poca sintonía. Ahora, que enfrenten la justicia y las pifias. No importa lo poco que ganaron, no importa que se llevaran un gran fiasco, queremos que admitan cuánto se vendieron y hagan acto de contrición. . Laura Bozzo no enfrenta los cargos de sus ex patrocinadores, pero su vida tampoco es una veredita alegre. El Perú la repele pero sólo aquí puede grabar su show (dicen que nadie le quería alquilar un auditorio hasta que Genaro le ofreció el del 13). Para remate el Consejo Nacional de TV de Chile acaba de multar a Chilevisión, canal propiedad de Universidad de Chile, por trasmitir su espacio. Estos son algunos considerandos: "la conductora va construyendo una atmósfera de confrontación en la cual se involucra y enjuicia violentamente", "desconocimiento de la dignidad de las personas", "estímulo permanente para hacer aflorar los aspectos más negativos de las relaciones humanas". No es censura, es defensa del consumidor.
Escribe AUGUSTO TAMAYO
No soy un gran espectador de TV. Veo televisión al final del día. Generalmente la enciendo a las 9 o 10 p.m. y muy temprano en la mañana. Debo ver como promedio una hora diaria de programación. De los 80 y pico canales no veo más de 6 ó 7. Tal vez mis intereses se han ido reduciendo últimamente pero confesaré que no encuentro mucho de interés en la imagen televisiva, y no hablo sólo de la TV nacional, aunque ésta esté particularmente paupérrima. Debo también decir que no dejo de tener una pequeña parte de responsabilidad al haber hecho TV -no de manera permanente pero con alguna frecuencia- en los últimos 25 años. En los últimos tiempos podría decir que me limito a ver partidos de fútbol muy de vez en cuando, muy poco noticiero, frecuentemente los documentales históricos y biográficos de Mundo, los científicos más que los de fauna en Discovery, los médicos de Discovery Health, los programas de la noche de RTP, algo de la programación de Film & Arts. Estoy claramente ubicado en ese pomposo, elitista, no masivo extremo del espectro de televidentes, pero a cierta edad uno tiene que resignarse a ser lo que se es y a gustar de lo que gusta aunque la responsabilidad, el compromiso, la comprensión de lo moderno o lo popular y algunas otras virtudes cívicas parecidas le reiteren a uno lo equivocado que puede estar.uelito Barraza. Y me duermo con las sagradas notas del himno nacional en algún canal de señal fría. ¡Qué Cachos!
Hay personajes cuya vida privada es un talkshow del disfuerzo y viceversa. A la pregunta ¿tu crees que la bronca fue de verdad o fue puro teatro? la respuesta es: las dos cosas. Carlos Cacho y Laura Borlini se bronquearon al aire -motivos sobraban pero el mayor fue la desatinada visita de la argentina a la competidora Magaly TV- mientras Michelle Alexander, la alcahueta de los mejores flirts y peleas forzadas de la tele, sumaba extasiada el rating-problema. La risa acaba cuando el conductor no se aparece al día siguiente y eso es lo que terminará sucediendo a "Mil disculpas" y a todo Canal A. Esta es una frecuencia asmática y chillona, le cuesta respirar y lo hace tan llamativamente que convoca nuestro morbo, divierte ocasionalmente y, si se la toma en serio, irrita. Como no puede capitalizar su inversión, capitaliza sus roches y sus culpas. Periodísticamente, A vale tanto como el abrazo entre Domingo Palermo y Alejandro Toledo. El primero tiene poco que ofrecer y el segundo no tiene nada que pagar (eso esperamos). Pero sí da pena que su único programa rescatable sucumba al berrinche de Carlos ante ese maniquí al que le dieron más cuerda que la que soportaba. Sola, la Borlini se defiende pero jamás convencerá como reina de un gossipshow. Una cosa es actuar de tonta ante las provocaciones de Cacho, otra es ser tonta como para creer que Magaly Medina la entrevista porque la opinión pública está conmovida por su talento e inteligencia de comunicadora.
|
||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||