Edición Nº 1680

 

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    ARTICULO

    26 de julio de 2001

    La Doctrina Paniagua
    "He sido profesor tanto tiempo que casi he perdido la memoria", expresó el Presidente Valentín Paniagua en San Marcos, en mayo. Ahora que sale por la puerta grande de Palacio camino a la vida llana y a la historia, se agranda la lección de sus ideas y su ejemplo.

    En el emotivo instante de recibir la Gran Cruz de una institución que ha respetado siempre.

    VALENTIN Paniagua llegó a Presidente por casualidad y hasta contra sus deseos. El martes 21 de noviembre del 2000, a las 10:43 p.m., el Congreso de la República había declarado la vacancia de la Presidencia por incapacidad moral de un mandatario que se fugó sin que nadie lo persiguiera o le hubiera abierto juicio.

    Por obra de ese individuo que había comunicado desde Japón y por fax su renuncia al cargo más alto de un país del que ahora se declara extraño, el Perú parecía al borde del caos.

    Lógico era que la primera magistratura la asumiera el primer vicepresidente Francisco Tudela, pero él había presentado su renuncia y ésta había sido aceptada incluso por algunos de sus partidarios, sumidos en la vergüenza de un régimen que se hundía en el escándalo.

    Pero la historia tiene sus astucias.

    "Había un largo proceso de lucha previo por la restauración de la democracia", nos evocó el martes último el congresista Henry Pease. "Los antecedentes directos fueron la Mesa de Diálogo y la huelga parlamentaria. Pero tras la vacancia presidencial, y luego de una censura a la presidenta del Congreso, Martha Hildebrandt, y varias renuncias oficialistas, había que cambiar la directiva del Congreso. El presidente de éste podía convertirse en Presidente de la República. Acción Popular y Unión por el Perú, una alianza que tenía seis congresistas en total, estaba planteando la candidatura Paniagua".

    Y aquí viene lo insólito. Recuerda Pease: "Paniagua me llamó por teléfono la víspera del día en que debía inscribirse la candidatura y me dijo: `La presidencia del Congreso le corresponde a Perú Posible, porque tiene la mayor representación parlamentaria'. Le dije: Está bien".

    "Pero hice lo contrario. Ocurre que él era el único que podía conseguir mayoría de votos, algunos incluso provenientes de fujimoristas que habían sido sus alumnos en la Universidad Católica". Por otra parte, el FIM se oponía a las candidaturas de Ferrero o de Luis Solari, pero aceptaba a Paniagua.

    Después de varios incidentes, los voceros de la oposición marcharon a casa de Toledo, a discutir la situación. El debate duró desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la madrugada. Los de Perú Posible salieron a consultar.

    Al final, el único que no estuvo presente en el Congreso fue Pease. "Estaba rendido por el cansancio y no había fijado el despertador", aclara.

    Carlos Ferrero, que había asumido la primera vicepresidencia del Congreso ante la renuncia de Absalón Vásquez, tenía la primera opción para la Presidencia de la República. Pero declinó a favor de Paniagua.

    "Hubo, pues, generosidad de Paniagua, pero también de Ferrero", concluye Pease.

    Fue así cómo el hombre que no quería ser presidente del Congreso volvióse, sin procurarlo, Presidente de la Nación.

    Y pensar que a inicios del 2000 ni siquiera deseaba ser candidato al Congreso. Se vio obligado a aceptar la lid por su condición de secretario general de Acción Popular.

     

    Valentín Paniagua y Carlos Ferrero estuvieron entre los forjadores de la transición.

    GOBIERNO PEQUEÑO,
    GRAN GOBIERNO

    Paniagua no era, en modo alguno, un improvisado. Cuando asumió la Presidencia, publicamos una síntesis de su vida (CARETAS 1646). Su clave está en la convicción de que la democracia es el camino más corto hacia la justicia.

    El Presidente que dentro de unas horas deja el cargo que ha honrado, nació en Cusco, el 23 de setiembre de 1936. Aunque vinculado a familia de terratenientes, fue desde temprano un luchador por los derechos democráticos y de los campesinos. Por eso fue elegido, antes de cumplir 23 años de edad, presidente de la Federación Universitaria del Cusco. A los 24 años presidió el agitado V Congreso Nacional Extraordinario de la Federación de Estudiantes del Perú, que se realizó en Cusco.

    Como militante del Partido Demócrata Cristiano, fue elegido diputado por el Cusco, para el período 1963-1968. Tenía 29 años de edad cuando fue designado ministro de Justicia y Culto del primer gobierno de Fernando Belaunde.

    Renunció al PDC cuando éste se acomodó con el gobierno militar e ingresó en Acción Popular cuando ese partido estaba en desgracia. Fue un cambio de partido no dictado por el oportunismo, ni por renuncia a sus convicciones socialcristianas.

    Varias veces congresista y dos veces ministro, su pasión principal ha sido la docencia, en particular del Derecho Constitucional. Sus antecedentes explican por qué ha podido presidir un régimen transitorio coronado por el respeto y la aprobación del país, como lo indican todas las encuestas. El suyo ha sido un Gobierno pequeño que se volvió un gran Gobierno.

     

    Los congresistas marchan a Palacio a condecorar a quien durante ocho meses honró el cargo.

    UNA IDEA EN MARCHA

    El 26 de mayo último, el doctor Valentín Paniagua dijo: "éste es tal vez el único honor que ambicioné secretamente a lo largo de toda mi vida".

    Se refería al doctorado honoris causa que le había conferido la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue en un texto leído, singularmente extenso, que, curiosamente, fue apenas glosado por los medios de comunicación y en algún caso hasta desfigurado. Un diario le hizo decir que siempre había soñado con ser Presidente de la República…

    Es un escrito que contiene la estructura y la marcha del pensamiento del mandatario saliente. Constituye una reflexión sobre el curso y el sino del Estado de Derecho y de la democracia en nuestro país, con el propósito, dijo, de fijar ideas para una nueva Constitución que el Congreso entrante debería dictar.

    El discurso encierra una requisitoria pormenorizada contra la injusticia y contra el militarismo, que una y otra vez ha interrumpido e imposibilitado el desarrollo del país.

    "¿Cabía igualdad", preguntó, "cuando el indio, sometido a la servidumbre y el pongueaje, vivió aherrojado a la tierra hasta 1964 en que se inicia la reforma agraria en el Perú? ¿Cabe igualdad, aún hoy, es decir, democracia, en una sociedad atravesada y agobiada por la pobreza, que es la expresión más característica de la inequidad? Conquistar la igualdad es sin duda el reto del futuro para construir una democracia verdadera y asegurar el desarrollo nacional".

    Esas vigas maestras de su pensamiento saltaron a la vista en las últimas semanas, pero han estado presentes en toda su etapa de Gobierno. No es casual que uno de sus últimos actos oficiales haya sido la entrega a Alejandro Toledo de los informes de la Iniciativa Nacional Anticorrupción presidida por monseñor Miguel Irízar, Obispo del Callao. En ese contexto se ubican asimismo realizaciones como la Comisión de la Verdad, la de Estudio de las Bases para la Reforma Constitucional, la Mesa de Lucha contra la Pobreza, la Comisión Nacional del Trabajo y la Comisión para la formulación del Plan Nacional de Educación.

    En suma, Paniagua deja un ejemplo de pulcritud, seriedad y, sí, orden. No ha necesitado del circo para ganarse la confianza de sus conciudadanos. Le ha bastado con poner en circulación ideas y ejemplos de honradez, afán democrático y rechazo a lo que en el discurso de San Marcos llamó "el desprecio a ciertos sectores, discriminados racial y culturalmente". Deja una cierta estabilidad en la economía, que no podía ser transformada en ocho meses de Gobierno. No hace falta aprobarlo en todo para saber que ha acertado.

    Para los tiempos que vienen, Paniagua ha recomendado la búsqueda de la concertación, que sólo puede brotar de eso que Federico more llamaba la honesta y libre discrepancia. (César Lévano).


    El Buen Asesor
    En las antípodas de Montesinos, Alberto Adrianzén, asesor de la Presidencia, traza con discreción el perfil de Paniagua.

     

    El politólogo que compartió ideas con Paniagua.

    LA democracia es un territorio de libre tránsito aunque tiene cotos infranqueables. Uno de ellos es Valentín Paniagua. No el presidente que coloca demandas en su agenda, que se carea con la prensa y despacha con cada uno de sus ministros; pero sí el político íntimo, formal, discretísimo, el que se prodiga en sus funciones pero se reserva sus comentarios.

    Pocos tienen opción de abordarlo sin previo anuncio y pescarlo in fraganti, dudando entre una decisión y otra, comentando todo, lanzando ironías. Uno de ellos es Alberto Adrianzén, su principal asesor político (el entorno lo completan sus asesores Gilberto Muñiz, Manuel Córdova y Pedro Planas, su secretario personal José Elice, el jefe de la Casa Militar César Reynoso, el secretario de prensa Mario Razzeto, y su familia).

    Adrianzén, sociólogo de la Universidad Católica con posgrado en ciencias políticas en el Colegio de México, era un académico experto en temas internacionales antes que la política interna lo absorbiera del todo. Fue candidato perdedor por la UPP en 1995, quedó como asesor de Alfonso Grados hasta 1998 y en el 2000 fue asesor-coordinador de la alianza AP-UPP, ocasión en que conoció a Paniagua y se convirtió en su colaborador de cabecera.

    El precio de la confianza presidencial es la discreción absoluta. Pero ella no está reñida con los halagos y con apreciaciones políticas sobre la transición. ¿Qué hace un asesor? Acompañar al Presidente, hacer lo necesario para que duerma bien y gobierne tranquilo. Para eso recibo de él muchos encargos, desde políticos hasta personales. ¿Por ejemplo? Atender relaciones con medios, con intelectuales, con políticos, a veces la gente que viene a protestar a la Plaza de Armas acaba reunida conmigo. Siempre cuidando de no decidir por él. El asesor no debe invadir al asesorado.

    ¿Un caso especial? El ataque de Lúcar. Yo recibí la información horas antes y nos reunimos en Palacio con el Presidente, Manuel Córdova y dos de sus hijos. Luego llegó Razzeto y el equipo de prensa. En plena crisis decidimos hacer un mensaje a la nación. En ese momento pensamos que era necesario afirmar la imagen y la autoridad del Presidente. Luego ya no fue necesario.

    ¿Es un presidente discutidor? Sí. ¿Duda mucho? Más que dudar, escucha argumentos antes de tomar decisiones. ¿Puede dar marcha atrás? Difícilmente, a menos que escuche argumentos de mucho peso. ¿Cede a presiones? No acepta presiones de intereses particulares. ¿Algunos implicados en vladivideos lo buscaron? Algunos. ¿Y las presiones de la opinión pública? Cuando empezó lo de los videos pensamos que lo normal era que opinara, lo extraordinario era no hacerlo y así fue. Ha opinado muy poco. No es un presidente que se arrulle en la bandera para lanzar discursos. ¿Y las presiones de los desempleados, de los que llegan en marcha de sacrificio? Eso sí es duro. Yo he atendido a gente que lloraba. Hay demandas que sabes que no se pueden satisfacer en mucho tiempo.

    ¿En lo privado Paniagua sí opina y discute? Sí, mucho. Es mitad político, mitad intelectual, se da tiempo para leer libros. Por ejemplo me ha comentado su lectura de Norberto Bobbio, de un libro de Flores Galindo que le pasé, de "El arte del engaño" de Fernando Rospigliosi. Me encantaría que la gente perciba que su comportamiento deriva de una concepción, de una visión del país, de su idea de la República. ¿Cuál es ésta? Es una idea de la democracia enraizada en el país. De ella quiero rescatar su sentido de la austeridad, no hablo de tacañería y menos de paquetazos, sino de la austeridad republicana, del sentido de la responsabilidad y la discreción, del saber que tus actos tienen consecuencias profundas. Fíjense en su discurso a los boy-scouts. Ahí dice que para gobernar no basta ser inteligente sino que hay que ser bondadoso, doblemente bueno, como profesional y como persona. Hannah Arendt dijo que el autoritarismo era convertir la maldad en algo cotidiano, la democracia es lo contrario.

    El entusiasmo de Adrianzén se extiende a la transición. Este ha sido un gobierno raro desde muchos ángulos. No fue una transición pactada pues el Presidente anterior se fugó, cuando llegamos a Palacio sólo nos recibieron los edecanes. Luego, la sociedad se ha autocontrolado. Ha hecho demandas pero no se ha desbordado. ¿Además de la virtud del autocontrol no habrá miedos y represiones? Las dos cosas. Es que el fujimorismo ha sido un hecho traumático y aún no sabemos hasta dónde llegan sus efectos, cómo nos ha cambiado. El fujimorismo es un acontecimineto que rompe con la tradición y obliga a repensar muchas cosas. De todos modos creo que estamos a las puertas de una revolución democrática que podría ser pacífica. En el Perú todo puede pasar, creo que nos adelantamos a muchas cosas, José Aricó dijo que eramos las Islas Galápagos de la política. Políticamente no estamos rezagados pues Venezuela, Ecuador o Colombia, por ejemplo, podrían pasar por lo mismo que nosotros.

    ¿Qué ha demostrado este gobierno? Que se puede gobernar democráticamente en circunstancias excepcionales, con soluciones constitucionales, sin necesidad de caudillos, pero sí con un equipo de buenos profesionales. Paniagua ha hecho pedagogía con el gobierno. (F. Vivas)


    Prensa de Transición
    Sobre método y metas.

     

    Razzeto valora la maestría verbal del mandatario.

    EL Presidente, necesita, por decreto y por imperiosa necesidad de comunicación, un secretario de prensa. Pasaron varias semanas hasta que por fin, los asesores Pedro Planas y Fernando Rospigliosi (se retiró poco después para dedicarse a la campaña de Toledo) recomendaron a Mario Razzeto Zavala.

    Filólogo y lingüista con estudios de posgrado en Cuba y Francia, Razzeto regresó al Perú en los '70 a dirigir la revista Textual del INC y luego se dedicó a la docencia de periodismo en la Universidad de Lima donde ha formado a centenas de comunicadores.

    Razzeto resume su cargo: El plazo corto ha definido mi trabajo. En ningún momento he sentido la necesidad de buscar a un periodista para decirle que el Presidente está interesado en una noticia o algo por el estilo. ¿Los discursos? Los hace don Valentín en su casa. Aquí sólo le damos insumos, información específica. ¿Lo informan de todo? Le damos un boletín con las noticias del día, subrayadas con resaltador. Además, estamos listos para cualquier dato específico que quiera. Grabamos todos los programas periodísticos y políticos de TV ¿Prensa amarilla? Sólo Expreso.

    El hombre de prensa coincide con Adrianzén cuando evoca un momento clave. El caso Lúcar. Ahí demostramos que teníamos un manejo profesional. Era verano y el Presidente estaba de sport. Don Valentín tiró el teléfono y éste rebotó sobre el aparato, es la única vez que lo he visto así. En 30min tuvimos listo el módulo para el mensaje a la nación y le conseguimos un saco y corbata. Le dimos un block para que apunte algunas ideas y así, con no más de 10 líneas, improvisó, sin titubear, su primer mensaje en cadena. Me preocupé por sentar la diferencia con Fujimori, como éste generalmente aparecía con una banderita y un mapa, esta vez acercamos la bandera hasta que se veía en flou. Al día siguiente se había trastocado el panorama político.

    ¿El balance? Si algo tenía claro el Presidente es que los plazos y las elecciones tenían que cumplirse rigurosamente. A los hombres del Presidente nos gratifica que haya sido así.


    Bajo el Imperio de la Ley
    El legado legislativo del gobierno de Valentín Paniagua.

    VISTA comparativamente, la producción legislativa durante el breve gobierno de Valentín Paniagua (8 meses) no ha diferido mayormente del promedio registrado a lo largo de la última década: 11,934 normas legales versus alrededor de 13 mil, respectivamente.

    Sin embargo, hay diferencias obvias entre ésta y aquella acción legislativa. Para empezar, sólo entre las 2,800 normas con rango de ley correspondientes al período 1992-2000 se han identificado 250 violatorias de la Constitución (CARETAS 1678). Bajo el mandato del constitucionalista Paniagua, ninguna.

    Pero no sólo ha habido apego riguroso al imperio de la ley de leyes en los últimos ocho meses, sino también resuelta decisión de devolver al país al cauce de la institucionalidad y, al mismo tiempo, emprender una paradigmática política contra la corrupción y en favor de la transparencia. De hecho, el ciclo del gobierno de transición se abre con la promulgación del paquete de leyes que han permitido procesar a los involucrados en la red de Vladimiro Montesinos, y se cierra con la aprobación de la ley que permitió la conformación de la Comisión de la Verdad (D.S. 065-2001-PCM).

    Ciertamente, la labor legislativa es prerrogativa, sobre todo, del Congreso. Pero es habitual que la mayoría de normas dictadas correspondan al Ejecutivo y el gobierno de Paniagua no ha sido la excepción. De otro lado, como se sabe el Ejecutivo tiene la posibilidad de observar las leyes del Congreso, y esto no ha ocurrido en los últimos ocho meses.

     


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