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Edición Nº 1680 |
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La Estrategia Del Escorpión
"No, doctor, ¿usted cree, usted cree que me voy a arriesgar por 50 mil dólares mensuales?...No, yo no, ni Hermoza tampoco...". Esta fue una de las respuestas esgrimidas por Vladimiro Montesinos durante una de las varias sesiones de interrogatorio a las que ha sido sometido desde que, el pasado 28 de junio, ingresó en calidad de reo a la Base Naval de El Callao. La frase, de tono contundente y convencido, fue lanzada cuando se le preguntó por uno de los procesos que se le ha abierto, de los 52 que tiene en total: aquel en el que Demetrio Chávez Peñaherrera (a) "Vaticano" lo sindica como la persona a la que le pagaba 50 mil dólares mensuales para poder seguir produciendo clorhidrato de cocaína. No, nada que ver, con él no era. El "Doc" trasunta una especie de sentimiento de superioridad que se sitúa por encima de los sencillos de este mundo. Suena lógico si se piensa en los millones que, cual mago de las finanzas, acumulaba con sólo emitir un decreto supremo, tener una conversa en la legendaria salita del SIN o llamar por teléfono. Fuentes judiciales, sin embargo, informaron a CARETAS que esta suerte de displicencia respondería más bien a una estrategia que, como en las épocas de los operativos psicosociales, el ex asesor estaría maquinando para salvarse de una larga condena. No hay que olvidar que es un abogado que alguna vez cultivó el arte de litigar. La vladidefensa tendría una dirección muy clara: de los 52 procesos que se le ha abierto, sólo 4 podrían mandarlo a prisión por varios años o de por vida; sobre estos últimos es que Montesinos habría decidido hacer un inteligente mutis, negando todo o, cuando mucho, dando explicaciones nebulosas. Así ha sido hasta ahora. Uno de estos procesos es justamente el que lo relaciona con "Vaticano". Los otros tres son el que lo involucra en el tráfico de armas a las FARC, el que investiga la Marcha de los Cuatro Suyos y el que lo relaciona con violaciones a los derechos humanos, léase el Grupo Colina. En ninguno de ellos tendría beneficios por colaborar, ni rebaja de pena. Sobre el tráfico de armas, por ejemplo, el "Doc" ha insistido en su tesis primigenia. Es decir, fueron los hermanos Aybar, el "Plan Siberia" desbarató la organización, etc. La legendaria conferencia de prensa del 21 de agosto del 2000, que marcó el comienzo de su fin, sigue siendo para él un argumento blindado, no obstante los reportajes que pulverizaron su versión. Lo mismo ocurre con la Marcha de los Cuatro Suyos, de la que no sabe no opina. La consecuencia, probable pero no definitiva, de esta estrategia podría ser inesperada. Todos los otros 48 procesos son por corrupción, de la más distinta laya, y en ningún caso implican penas mayores a 8 años de prisión efectiva. Y hasta permiten beneficios penitenciarios. Por supuesto, haciendo un ejercicio de ficción jurídica
el más notable procesado del Perú actual podría recibir
una pena de 8 años, acceder al 2 por 1 por trabajar en prisión,
pasar de pronto al régimen de libertad vigilada (fuera del penal)
o salir en escasos dos años. Todo un regalo del Estado de Derecho
para quien siempre lo basureó.
¿Es esto inevitable? Todavía hay mucho pan que rebanar y aunque el "Doc" parece seguir repasando los rollizos libros de Derecho que se llevó a prisión (la Constitución, el Código Penal, el Código de Procedimientos Penales), la Procuraduría vendría elaborando una estrategia que complicaría su puntillosa estrategia de defensa. Uno de los primeros pasos consistirá en concentrar, en 12 ó 15 rubros, las 163 investigaciones que se han echado a andar por obra y gracia de las corruptelas del "Doc". La red mafiosa era tan ancha que, al desbaratarse, generó un sinnúmero de pistas que, a veces en un sola ruta, pasaban por generales, narcotraficantes, secretarias, parientes. La dispersión se acabaría y uno de los rubros a crear sería -a propósito de las recientes, y apabullantes, revelaciones de Montesinos sobre los tránsfugas- la corrupción de congresistas. Paralelamente, un notable número de implicados estarían colaborando con la justicia, con el objeto de acogerse a los beneficios penitenciarios que la ley establece. Así, en el rubro Comisiones Ilegales (compra de armas, adquisiciones fraudulentas de todo tipo) estarían colaborando, con información importante, 6 personas; en el de Control Judicial (jueces, fiscales), 2; en el Control de Medios (televisión, prensa) también 2; en el de Campañas Ilegales (políticas y de otro tipo) 2; en Fraude Financiero, también 2. Algo muy interesante es que en el rubro Estructura de la Organización hay nada menos que 6 investigados que han decidido colaborar, lo cual podría significar un aporte sustancial. Serían personas que conocían no un retazo de la telaraña, sino la aceitada y eficiente organización global. Además, en el rubro Derechos Humanos, también estaría colaborando una persona. "Podemos continuar, doctora, no se preocupe", le dijo Montesinos a una magistrada, tras nueve horas de interrogatorio en el ambiente de la Base Naval que sirve de escenario para el histórico proceso. Afanoso, siempre apuesta por seguir y empieza a esparcir datos que involucran a decenas de personas, hoy atrapadas por el susto. Tal vez Montesinos, después de tantos años de permanecer en la sombra, pretende ahora que su palabra sea valorada, que funcione como un faro señero de lo que pasó en los últimos 10 años. En esa observación se han escudado las tres tristes parlamentarias fujimoristas que sobreviven en el nuevo Congreso, para proclamar su presunta inocencia. ¿Hay que creerle al ex hombre fuerte del SIN? Todo indica que está develando y ocultando a la vez, con una habilidad similar a la que usó durante años para convertir en títeres a militares, congresistas, empresarios, magistrados. Cuando, aproximadamente en setiembre, se presente en una primera audiencia pública quizá se pueda ver hasta dónde llegan sus hilos. Esa primera audiencia será, al parecer, con el juez Saúl Peña y nada menos que por el caso del vídeo en el que Alberto Kouri aparece ofreciendo sus votos y su decencia por un puñado de dólares. Las imágenes entonces volverán a hablar y quizás nos revelen la torva mirada del corrompido y el corruptor, que ahora aspira a maniatar, una vez más, a la justicia.
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