Edición Nº 1681

 

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    ARTICULO

    2 de agosto de 2001

    Niseis en la Encrucijada
    La comunidad peruano-japonesa, sus dilemas, y una culpa que no debería cargar: los delitos de Fujimori, Aritomi y compañía

    La vida de las familias niseis estaba ligada al trabajo y la honestidad. De esa figura se aprovechó Fujimori.

    Alberto Fujimori y Víctor Aritomi tienen en común su ascendencia japonesa y un prontuario judicial con cargos como enriquecimiento indebido, asociación ilícita para delinquir, mal uso de donaciones, complicidad en crímenes de lesa humanidad, respectivamente. Ello no implica que lo primero sea lo causante de lo otro. Luego de la noticia de que Japón los ha vuelto sus súbditos otra vez -complicando con ello sus extradiciónes-, ha vuelto a la luz esta reite-rada confusión. Ahora, cuando los muros de la embajada nipona han caído, los ánimos se han encendido. CARETAS conversó con respetados miembros de la comunidad nisei. Ellos deslindan responsabilidades y piden -con justicia- que no se les culpe por delitos que ellos no cometieron, ni por los errores de una nación que no es la suya.

    AUGUSTO Kague, nacido en Chulucanas, partió hacia un campo de concentración norteamericano en 1943. Tenía 13 años y fue a alcanzar a su padre que ya estaba allí. Regresó a los dos años y vio cómo el negocio familiar en su tierra había desaparecido. Nunca le tuvo resentimiento al Perú. Actualmente está reclamando la indemnización que el gobierno norteamericano le debe. Administra un restaurante de comida peruana ubicado en La Perla. En él alguna vez recibió a comensales como Víctor Aritomi. "Lo conocí cuando él trabajaba como gerente en Matushita y venía a comer acá. Era muy amable. No avizoraba que sería lo que sería". No tiene reparos en cuestionar la actitud del Japón de adoptar como ciudadano al ex embajador peruano. "Sí él se portó mal. El se portó mal. No tienen por qué meter a la colonia en el mismo saco. El Presidente Prado, en su época le hizo mucho daño a los japoneses y sus descendientes. Pero no por ello culpamos a todos los peruanos. Cuando salió Fujimori, todo estaba bien. Todos los japoneses éramos honestos, honrados, trabajadores. Esa generalización positiva ahora es negativa. Mira con quiénes nos comparan".

    En Japón la situación es escabrosa. Fujimori aparece cotidianamente en los canales de televisión. Pero no en los de noticias, sino más bien en los de entretenimiento y entrevistas. Y los japoneses sólo escuchan una version -parcial y amorfa- de su gobierno. Los intelectuales no lo defienden. Pero, hay un sector de la aristocracia política conservadora que lo mira con buenos ojos. Es la mirada del hijo pródigo, del que consiguió el éxito y regresó. E intentan mantener esa perspectiva de la realidad.

    Cuando Yoshiro Mori perdió, en abril de este año, su puesto como Primer Ministro de Japón, por corrupción y un pésimo manejo de la economía, la balanza se inclinó por el reformista e íntegro Junishiro Koisumi. Las expectativas de los peruano-japoneses en él eran altas. Se esperaba que no permitiese la presencia de un personaje como Fujimori en Tokio. Ello a dispar de Ryutaro Hashimoto, el entonces rival de Koisumi por el puesto, quien era -y es- amigo personal del ex Presidente peruano. Koisumi decepcionó.

    Los mensajes de furia, aunque mal escritos, no deben mostrar -no lo hacen hasta ahora- un sentimiento xenófobo. Derecha: Niño nisei de los cuarenta. En esos años se les "obligaba" a saludar a los símbolos peruanos.

    Los cuadros de Sandra Gamarra Heshiki tienen influencia oriental. Tanto en los motivos como en el estilo. Su origen -por el lado materno- aflora siempre. Eso no le impide ser crítica con los actos de un país que no considera suyo. "En realidad, Japón hace lo que le da la gana. El caso Aritomi es sospechoso, pues, cuando un peruano de origen japonés pretende nacionalizarse, necesita un trámite larguísimo, casi imposible y el trato es pésimo". "Todos tienen derecho a quejarse. Pero es injusto que en el afán por protestar lo hagan por igual frente al Centro Cultural Peruano-Japonés que ante la Embajada de Japón. Es como si, ante los delitos de Montesinos, la gente atacase al Club Departamental de Arequipa. Yo iré a las manifestaciones pero se debe mantener la cordura".

    Por el cambio de mando, varios importantes corresponsales de la prensa japonesa arribaron a nuestro país. Quedaron asombrados con la imagen del tractor derribando el muro que protegía la embajada de Japón. Ellos aún mantienen la imagen del Presidente que consiguió sacar sanos y salvos a los rehenes. Esa imagen impresa en la retina les impedía asimilar el desprecio actual. Intentaron reunirse con los máximos representantes de la colectividad peruano-japonesa y no lo consiguieron. Tampoco con el embajador. La respuesta de otros diplomáticos fue tajante. "Estamos muy preocupados". El tema apunta a agravarse pues existe la sensación de que Japón no dará marcha atrás. Y los peruanos tampoco.

    La trayectoria de José Watanabe es impecable. El poeta, guionista y ahora encargado de las riendas de Canal 7 es tajante con este tema. "Me indigna muchísimo lo que sucede y por ser descendiente de japoneses me siento aún más afectado. No lo justifico. Si mi padre estuviera tampoco estaría de acuerdo". Eduardo Tokeshi, respetado artista plástico y cuya última individual tuvo como eje principal la bandera peruana, resume su opinión con una sola frase: "los delincuentes no tienen nacionalidad". (Martín Mucha)


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