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Edición Nº 1681 |
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¡Apúrate!
Decían los APUS
¿Soplo de los dioses o mero capricho de la naturaleza? Bastó que Alejandro Toledo tomara la palabra en la explanada del Santuario Machu Picchu. Apenas comenzaba a invocar a los Apus tutelares para que le "den fuerza y coraje" con el objeto de emprender la difícil tarea de gobernar. Ráfagas de viento provenientes del Antisuyo batieron los papeles del discurso y echaron a volar una de las ofrendas que los representantes de los Cuatro Suyos ubicaron a sus pies. ¿Acaso un signo de buen augurio? ¿Un mal presagio? No cabe duda de que la fortaleza y belleza de las palabras iniciales en quechua y castellano de la Primera Dama, Eliane Karp, pusieron en nota mística a más de uno de los presentes el domingo 29 en Machu Picchu, donde se realizó el ceremonial andino de pago a la tierra. "Yaqtayay (pueblo mío), apu Machu Picchu, apu Huayna Picchu, apu Salcantay, apu Ausangate", había dicho minutos antes. "Ahora se cierra el círculo, ahora regresan los buenos tiempos del buen orden. Aquellos que deseaba Túpac Amaru II Condorcanqui. Aquí para ti en tu recuerdo". "A los últimos resistentes de Vilcabamba. A todos aquellos que
resistieron durante tanto tiempo manteniendo su tradición viva.
A ustedes, los alto misayuq", invocó Karp. "A todos aquellos que
no permitieron que se borre la memoria colectiva de nuestro gran pueblo.
Que se mantenga la lengua, el sentir de la Pachamama y de los Apus, nuestras
vestimentas, nuestros bailes y nuestra extraordinaria música. A
la gran nación del Tahuantinsuyo que une el Qhapaq Ñan (camino
real de los incas) y que proyecta hacia el futuro la integración
de los pueblos y la modernidad democrática. Ha llegado el tiempo
de la chacana. Hemos cumplido".
Si hasta ese momento Su Alteza Real Felipe de Borbón no se dio por aludido, pronto optaría por clavar la mirada en el horizonte. Precisamente del horizonte llegaron los nuevos vientos. Y con ellos, la incertidumbre. No faltó quien empezara a otear el cielo nerviosamente, ante la posibilidad de que un frente tormentoso reemplazara al espléndido día y convirtiera la visita presidencial en una pesadilla logística, con los helicópteros anclados en el terruño y frustrando la programada evacuación de los 350 invitados de la comitiva presidencial. Ello sin duda hubiera convertido el espectacular golpe publicitario con el cual el régimen de Toledo dio inicio a su primer día de mandato, en una catástrofe de imagen, y las palabras de Eliane en lirismo puro. Porque no se equivocó el Presidente al decir que Machu Picchu es un símbolo de la peruanidad y del mundo andino. Pues en Machu Picchu y el distrito político del mismo nombre, la dualidad del mundo andino -hanan y hurin- es una palpable realidad. Si, arriba, el santuario de Machu Picchu, evoca el orden, abajo, el pueblo de Aguas Calientes, refleja el caos. Si arriba, Machu Picchu, representa la planificación y el bien común, abajo, Aguas Calientes, es la tierra de nadie.
Que el terminal de acceso a la principal atracción turística del país, y "una de las siete maravillas del planeta" según un deslumbrado Shimon Peres, sea lo que es, no es sino la expresión de la desorganización y la estrechez de miras de las autoridades nacionales. Justamente algo que Alejandro Toledo y su esposa han asumido el compromiso de cambiar. Y de raíz. La Primera Dama no pudo ser más elocuente: "Todos hemos traído el tiempo del décimo Pachacútec a la modernidad con equidad e igualdad para todos los pueblos del Tahuantinsuyo para que vuelva el trabajo y la alegría". Más pedestre, su marido dijo: "Prometo en estos cerros hacer todo lo que esté a mi alcance para poder compatibilizar estos dos objetivos. La modernidad, sí, la competitividad, sí, pero sin desgarrar los rasgos de nuestra identidad nacional". De acuerdo al arqueólogo Luis Lumbreras, otro de los invitados al ceremonial del pago de la tierra en Machu Picchu, Pachacútec quiere decir "revolver la tierra". Menuda chapa la que el Cholo Toledo se ha autoimpuesto. Ahora, después del hermoso ritual, del mensaje de integración cultural ("hagamos el cambio con todas las sangres") y compromiso democrático (la suscripción de la "Declaración de Machu Picchu", inciativa peruana firmada por los cinco Presidentes andinos) aparecen las urgentes demandas sociales. Algo para lo cual el Presidente Toledo requerirá del concurso de los mejores hombres y mujeres del país. Y, si acaso no fuera mucha molestia para los Apus, puntualmente.
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