Edición Nº 1681

 

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    2 de agosto de 2001

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Preguntas de Príncipe


    AY hija, qué trajines los de estos días, porque eso de andar paseando por Lima a un Príncipe Borbón no es igual que llevar al Parque de las Leyendas a tu primo el Erwin, no sé si me entiendes. Pero bueno, es tan lindo el Felipe, ¿tú sabías que es ahijado de mi hermana Catalina, la mayor de todos los Tudela Loveday? Lo que pasa es que, pucha, desde que el marido la dejó por una puta argentina, o sea, la pobre no hace sino esperar reloj en mano la hora para tomarse su Zoloft, y ya te podrás imaginar que en esas condiciones no podía atender al ahijadito y claro, me lo enchufó a mí pero regio, todo salió de lo más bien.

    El último día antes de que se fuera, Felipín me llamó a ver si podíamos tomar el té juntos y me lo llevé al Country. Bueno, qué té ni qué niño muerto: el chico se pidió un scotch triple de campeonato, que lo hizo recuperar los colores y le dio el valor para hacerme algunas preguntas, como por ejemplo, o sea, "¿quiénes son, tía Lorena, esas tres horteras con facha de colipoterras de Goya, que el día de la juramentación en el Congreso escribían unos cartelones así de grandes?" "Ah", le dije, "las chanchas cochinas... ésas son un poco de relleno sanitario que los barrenderos del hemiciclo dejaron olvidado de lo puro descuidados..." Pero insistió, "es que una de ellas, que me va a disculpar tía pero es más fea que un moro recién levantado, me propuso cenar en su casa (`un ajicito de gallina' me dijo) y presentarme a su niña, a la que llama `la bebe', ¿de qué va eso?" "Ay hijito, ni aunque fueras el penúltimo ser humano de la Tierra y estuvieras más carretón que un astronauta de gira anual, se te vaya ocurrir ir a la casa de Martucha, ag, porque de ahí sales casado con la famosa `bebe', y ése sería un castigo que no se merece ni el propio japonés hijo de la jijunay, ¿te imaginas yendo tú los domingos a hacer parrillada al Club El Bosque?" "Pues que no entiendo..." "Tú no estás acá para entender sino para cuidar de tu alcurnia..." "Muy bien tía, y ahora explícame por qué la señora Eliane se viste de esa manera, ¿es que al Perú aún no han llegado los espejos? Extraño, porque yo recuerdo que en casa hay unos que sobraron de un lote que en el siglo XVII mis tíos Aubsburgo mandaban por acá para cambiarlos por ídolos de oro, de modo que no entiendo qué le dio a la dama por embutirse en semejantes reculetes". Pucha, me hizo la pregunta de los quinientos mil dólares el muchacho porque yo, la verdad, cuando la vi a la doña primero en el Congreso -de sastre azul-me-pasó-la-corriente- y luego en su fiesta de disfraces de Machu Picchu -de mangas acampanadas y cinturón con plumas rojas de la boutique Me Zurro en la Elegancia- llegué a echar de menos la cabecita ladeada y la cartera Gucci colgada del hombro de Pilar Nores, aunque con otro al costado, obviamente. Por eso, pucha, ante la atónita pregunta de mi sobrino Felipe de Asturias sólo atiné a responderle, para proteger la imagen del Perú, lo siguiente: "Ay hijo, ella está haciendo su tesis de antropóloga, tú sabes cómo son esas cosas". Juá, otro scotch triple para su Alteza Real.

    Bueno, así las cosas, pucha, y a la hora de las confidencias, el chico me contó que durante el discurso de Pachi Toledo estaba tan aburrido que se puso a calcular a qué parte de la rodilla le llegaba el orador si se midieran juntos, cuando en eso voltea y ve "al ministro aquél que parece muñequito de pastel de bodas, frotándole la pierna por debajo de la mesa a una embajadora europea que por decencia no puedo mencionar..." "¿Cuál ministro?", salté como accionada por un resorte. "Pues coño, es que todos se parecen entre ellos, creo que es el Canciller..." Hija, qué té ni qué nada: lo dejé al ahijado de mi hermana sembrado con el pedido y la cuenta y me fui a llorar a la Costa Verde, dispuesta a suicidarme si era necesario, de ver qué tan mal comienza un gobierno, hija, que tiene todo para ser feliz pero el trolaloquismo que los peruanos llevan dentro lo va a llevar por la pendiente del fracaso, el autoritarismo, la corrupción, la miseria, el abandono, el aislamiento internacional, la ingobernabilidad y la concha de su madre, so maricón cabrón. Chau, chau. (Rafo León)


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