Edición Nº 1682

 

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    ARTICULO

    9 de agosto de 2001

    El Primer Chachachá Del Cholo
    El recorrido por el sur destruido por el sismo fue un acierto político que también implica un compromiso.

    Un batallón sobre medida, de soldados bajitos, le presenta armas al llegar a Moquegua.

    EL recorrido del Presidente Alejandro Toledo y diez de sus ministros, el domingo, a la zona más afectada por el sismo del 23 de junio fue un acierto en varios sentidos: como gesto fraterno hacia compatriotas desamparados, como inicio de un programa de reconstrucción y como válvula de escape para un estado de ánimo que se estaba caldeando en extremo.

    El gesto envuelve un compromiso. Para indicar que lo ha asumido en serio, Toledo ordenó que permanecieran en el área el ministro de la Presidencia, Carlos Bruce; el de Transportes, Luis Chang; el jefe del Programa de Emergencia de Lucha contra la Pobreza, Pedro Francke, y el jefe del Instituto Nacional de Defensa Civil, almirante Víctor Potestá, quien además tendrá que permanecer allí tres días por semana.

    Buen paso, que se conjuga con la grata impresión que dejó la juramentación simbólica en Machu Picchu (en la que se olvidaron de mencionar que la música sinfónica de fondo correspondía a Armando Guevara Ochoa, y que el gran maestro fue asimismo el violinista que apareció como un desconocido para los programadores oficiales y los desaprensivos periodistas).

    No resultó feliz, al día siguiente de la vista al sur, una frase del Presidente en reunión con la prensa extranjera. "No quiero resultar pretencioso, pero pensé que iba a ser más difícil", dijo, refiriéndose a la función presidencial. O sea que la cosa le va saliendo suave.

    La desolación persiste en el rostro de esta campesina, semanas después del terremoto. Derecha: El ministro Chang tuvo que quedarse allá.

    Demasiado pronto para tanto optimismo. Sobre todo si la frase se pronuncia cuando todavía faltan casi cinco años completos para cumplir el período de su mandato.

    No sólo eso. Toledo tiene ante sí, en los próximos días, varias pruebas de fuego. Una muy importante será la presentación de su Gabinete ante el Congreso, para exponer y debatir la política general del gobierno, y el pedido de facultades legislativas para algunas medidas específicas.

    El martes último, el Presidente anunció que la presentación ministerial se produciría la próxima semana. Pero eso no parece posible. Hay una tarea pendiente, que exige atención y tiempo: la Cumbre Iberoamericana de Río, que tendrá lugar el viernes 17 y el sábado 18 de este mes. Los preparativos de un régimen recién estrenado para ese importante encuentro apenas han comenzado.

    EL SALARIO DEL MIEDO

    Toledo prometió el martes aumentos para maestros, trabajadores de la salud, Fuerzas Armadas y Policiales, y profesores universitarios. Será, precisó, un aumento "modesto pero importante", que, después de veinte años se incorporará al salario básico. Lo de importante puede referirse a este aspecto, más que al monto, que las apreturas fiscales no auguran prometedor. En este y otros aspectos, el frente laboral es un auténtico frente.

    Nicolás Lynch, ministro de Educación, parece haber probado los primeros sinsabores al respecto, cuando consideró que el Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación es intemperante.

     

    PPK, cerveza en mano, en el castigado sur. Derecha: Alvaro Quijandría, ministro de Agricultura, verificó la ruina del agro en la zona.

    Un sorprendente texto en La República, el domingo 5, que parecía inspirado por Lynch, presentaba al rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el historiador Manuel Burga, como un hombre encumbrado gracias al fujimontesinismo. La ironía de la historia -de la realidad- quiso que, pocas horas después, Lynch y otros ministros de Toledo provenientes de las canteras sanmarquinas fueran homenajeados por su Alma Máter. Burga, designado en elección democrática por voto secreto, selló la distinción a Lynch con un abrazo. Fue algo así como un desagravio.

    Un ministro que desentona con frecuencia es el del Interior, Fernando Rospigliosi. El tono destemplado de su respuesta a Martha Chávez, apenas ceñida la faja ministerial, no le va en zaga a su enérgico desmentido reciente sobre un reportaje de Canal 2 referente a granadas de guerra en espacios capitalinos. La información, difundida en el programa `Contrapunto', indica que la fuente era un documento de la Dirección contra el Terrorismo, la Dircote. Rospigliosi salió a desmentir, y atribuyó al Canal el aludir a una Dincote que ya no existe. El Canal le replicó que confiaba en su fuente y que en ningún momento había hablado de Dincote, sino de Dircote.

    No es tiempo todavía para que el Presidente sea pretencioso; pero sí va siendo tiempo de que algunos de sus ministros enmienden la puntería. Todos ellos deben medir sus palabras.


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