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Edición Nº 1682 |
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ANTES, y al inmediato comienzo de su presidencia, Alejandro Toledo ha demostrado tener un temperamento innovador: primero fue la creación y puesta en acción de la contundente Marcha de los Cuatro Suyos -a la que le debemos la democracia-, después la ceremonia en Machu Picchu, que en su momento pareció tan aventurada y resultó teniendo tanto éxito, e inmediatamente la de Sacsayhuamán, en la que se inauguró como cantante vernacular. Ahora, ya en su situación de Presidente, esta página le sugiere otro paso de avanzada, paso tan o más innovador y democrático que los anteriores: salir a la calle, dejarse ver como un ciudadano cualquiera -con la protección debida, claro, aunque no excesiva-. Que un sábado de éstos vaya en compañía de amigos a cenar a un restaurante de barrio, como un hijo de vecino más, y pagar su cuenta por supuesto (de su peculio, si fuera posible). Esa será una innovación que comentará y apreciará todo el mundo (en especial el dueño del restaurante), y aun aquellos mortales que no estén presentes en la ocasión.. ¡Vamos, Cholo, tú sí puedes! Sé un Presidente diferente. Desde que se iniciaron los sucesos protagonizados en Génova por jóvenes que manifestaban contra la globalización, he venido leyendo con bastante detenimiento numerosos textos aparecidos en diarios de diversos países del mundo en los que se buscaba explicar el tema. Y me he dado cuenta de que, en verdad, si hoy tuviese dieciocho o veinte años, probablemente hubiese estado entre aquellos jóvenes que protestan contra la globalización como si se tratase de la Hidra de diez cabezas a punto de devorarnos. En mis épocas de joven, cuando pensaba más con el corazón que con la cabeza, también protesté contra muchas cosas simplemente porque ser joven lleva a ello, a ser disconforme. Así manifesté también, en calles y plazas de Lima contra la asunción al mando de Prado, que finalmente resultó siendo más o menos un buen presidente. Y los jóvenes de mayo del '98 en París casi incendian la Ciudad Luz por causas de las que ya nadie se acuerda, ni siquiera ellos mismos. Joven que no proteste no es un joven. Pero ocurre que como han pasado los años y hoy pienso más con la cabeza que con el corazón (ese viejo camarada que latía tanto), por más que he leído ardorosos artículos "progres" en favor y defensa de la antiglobalización, hasta ahora no he encontrado una sola razón plausible que justifique el sacrificio de ese joven caído por la brutal y excesiva represión policial a las protestas. No he leído ningún argumento sólido que me explique por qué estar contra ella, sobre todo en este tiempo en que el Internet, la televisión y la ciencia lo globalizan todo. Estar contra la globalización se parece a la actitud de los Amish, que han suprimido la modernidad en sus vidas, o a lo que hacen los Talibanes en Afganistán, que están contra todo lo que parezca occidental. Yo, por mi parte, estoy a favor de la globalización, al punto que esta página la envío por correo electrónico. No entiendo la antiglobalización: ¿Será que he pasado al grupo de los adultos mayores? No sé si se tratará de una forma de globalización, pero considero extraordinario el esfuerzo exitoso de la Pontificia Universidad Católica del Perú de haber logrado realizar el Quinto Encuentro Latinoamericano de Cine, que se desarrolla actualmente en El Cine del Centro Cultural PUCP, en la Filmoteca de Lima, en los cines Planet y en el Centro Cultural de España, incluyendo la exhibición de filmes del Perú, Chile, Brasil, Argentina, Cuba, Haití, México, Uruguay y Venezuela, muchos de los cuales se verán por primera y probablemente por última vez en el Perú. Los países latinoamericanos, tan desunidos por lo general, han encontrado en este Quinto Encuentro una vía de conocerse por encima de los protocolos y los discursos en los que se les menciona como países hermanos en forma absolutamente retórica y banal, además de falsa. Porque los hermanos de verdad deben conocerse, y en ello se centra el admirable empeño de la Católica. Felicitaciones a sus organizadores, que hasta han invitado al Perú a cineastas, actrices y actores para confraternizar, en un esfuerzo verdaderamente descomunal, que esta página aplaude calurosamente. Y hablando de cine, voy a repetir un ruego que hice recientemente: ¡Por favor, señores de Cable Mágico, no repitan ni una sola vez más "Rescatando al soldado Ryan", filme que lo pasan cinco de cada siete días de la semana desde hace por lo menos dos meses, a veces hasta en dos ocasiones el mismo día! ¡Ya nos lo sabemos de memoria! Al igual que otras películas que también suelen repetir hasta el cansancio. Ya sé que ustedes desean incentivar que la gente deje de ver televisión -lo que me parece muy loable-, pero ¡no exageren! porque de repente ocurre. Me enteré por El Comercio de que al parecer, cuando estaba en la cima del poder, Montesinos, cual pachá, visitaba a Abimael Guzmán y a Elena Iparraguirre y los sacaba a pasear en barco, como si estuviese en Pucusana. Evidentemente Dios los crió y ellos se juntaron ¡en bote! Pearl Harbor otra vez: Fujimori y su cuñado Aritomi, los peruanos bamba, se confabularon para traicionar al Perú y extraer ya no sólo los millones que sospechamos se llevaron, sino también, como acaba de descubrir y denunciar el científico peruano Noel Palais, el tubérculo andino y peruanísimo denominado llacón (o yacón), extraído subrepticiamente para ser llevado al Japón, en donde seguramente será industrializado aprovechando sus cualidades medicinales. El Centro Internacional de la Papa, que selecciona y estudia todos esos tubérculos andinos de singular valor nutricio y medicinal, protestó en su momento, pero los dos tránsfugas estaban más interesados en sus negocios que en proteger un bien nacional. Lo sustrajeron del Perú sin vergüenza alguna, traicionando los intereses del país y de los peruanos. Algún día tendrán su merecido. "Mis ojos son rasgados y parecen cerrados" -dice el nipón fugado en su última página web que elucubra desde su guarida en Tokio-, "pero están bien abiertos".¡"Bien abiertos" el pez por la boca muere! Razón para creer que siempre fue cómplice de Montesinos. ¿O entonces cerraba los ojos?
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