Edición Nº 1683

 

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    ARTICULO

    16 de agosto de 2001

    Lo Que Cuesta Aumentar
    Los dilemas que rodean -y el impacto real- de los anunciados, y muy esperados, aumentos de sueldos.

    Escriben
    RAFAEL HIDALGO Y
    VANESSA DE LOS RIOS

    ¡Aumento general de sueldos! Una frase de los años ochenta volvió a las primeras planas. La buena nueva le correspondió al ministro de Economía, Pedro Pablo Kuczynski que anunció un 9% de incremento para todos los servidores de la administración pública. Poniendo los números en cristiano, la cifra exhibe su modestia: un promedio mensual de S/. 42.80 que se basa en los S/.600 millones anuales de gasto adicional anunciados por PPK y que representa un aumento diario de aproximadamente S/.1.40 .

    Este monto desanima a muchos por lo insuficiente que puede representar para el consumo adicional diario. Alcanzaría para dos tazas más de arroz para la olla familiar.

    En agosto de 1985, inaugurando su mandato, Alan García decretó un aumento general de 15% para los servidores públicos y de 22% para el magisterio que, por la inflación, representó un incremento neto del 8%. Hoy, el asesor del ministro de Trabajo, Javier Mujica, reconoce que éste es insuficiente frente a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios en el sector público durante la década pasada (60%). "Sin embargo, como se trata de un primer aumento dentro de una secuencia de aumentos sucesivos, probablemente tenga una cierta razonabilidad" añade.

    Por su parte, el congresista José Luis Risco (Unidad Nacional) -de las filas combativas de Construcción Civil- pone la pierna fuerte acotando que "el aumento debería ser entre 20% y 40% con ánimo de recuperar el poder adquisitivo". Para los entendidos, un aumento plano (flat) no corrige las abismales diferencias de remuneraciones en la administración pública. Entre los S/. 35,000 que recibe mensualmente un ministro de Estado o un congresista, y los S/. 700 que percibe un maestro hay una diferencia como de 50 a uno.

    Si el objetivo era mejorar la redistribución del ingreso y acercarse a los parámetros de otros países (en Japón y Noruega los diferenciales entre el mejor salario y la menor remuneración es de 10 a uno y de 4 a uno, respectivamente), debería haberse aumentado más a los que menos ganan. No a todos por igual.

    El último incremento de la administración fujimorista correspondió al entonces titular de Economía, Víctor Joy Way quien, sin mucho trámite, dispuso un aumento al básico del 18%. El primer reajuste salarial del nuevo gobierno equivale a la mitad, pero compensa las dos últimas variaciones inflacionarias (3.5% en 1999 y 3.8% en el 2000). PPK ha señalado que en el incremento no están considerados los pensionistas, pero el asesor Mujica, aclara que si el aumento va referido al sueldo básico "esto no sólo beneficiará a los trabajadores en actividad, sino también a los pensionistas del sector".

    Al margen de esto sigue pendiente un fallo del Tribunal Constitucional a favor de los 80 mil jubilados de la cedula viva del régimen de la Ley 20530. Según esta resolución el Estado deberá cancelar el exorbitante monto de US$ 2,500 millones anuales a los pensionistas. Queda por ver cuál será el impacto de este incremento en el sector privado. Impedido de mejoras salariales por decreto, se espera que la reducción del IES del 5 al 2% se traslade integramente a las remuneraciones de los servidores de este sector. Lo que sí está claro es que la mayor parte del incremento se trasladará a alimentos (y el saldo si queda a la compra de cosméticos de las damas de la casa). Según estudios de mercado (La Fabril) ésa es la tendencia.

    CONTIENDA EN LA PANACA

    Este incremento salarial mediatizado refleja las contiendas al interior del gobierno entre monetaristas (fujimoristas reciclados como Pedro Sánchez y las guapas tecnócratas que rodean a PPK) y los no monetaristas (Kurt Burneo, Oscar Dancourt, Daniel Schydlowski), estos últimos ahora en franca minoría en el sector Economía.

    Para los monetaristas cualquier incremento salarial puede profundizar el déficit fiscal y espantar la inversión foránea. Toda expansión fiscal es una herejía. Su correlación favorita asegura que, a menor déficit fiscal, mayor inversión. Y a mayor déficit, menor inversión. Más o menos cómo declarar a Maynard Keynes enemigo de la Patria. Ciertamente este adagio no ha funcionado en el Perú en los últimos diez años. Llama la atención que la apuesta toledista de reactivar la economía por el lado de la demanda (con incremento de sueldos y reducción de impuestos) ahora tenga que ser aplicada, básicamente, por monetaristas arrepentidos.

    El miércoles 15 llegó una misión técnica del FMI para revisar las metas fiscales. PPK tenía proyectado negociar una flexibilización de la meta de déficit programada para este año de 1.5% a 2.5% del PBI. (Para este año el déficit fiscal bordeará el 2.2% del PBI según la viceministra Patricia Teullet). El titular de Economía parece compartir la opinión del presidente de la Comisión de Economía del Congreso, Jesús Alvarado (Perú Posible) para quien "el déficit fiscal es algo que no debe preocupar, los aumentos de sueldo se darán sin sacrificarlo. Si se perjudicó el déficit para salvar bancos, por qué no para atender las necesidades de la población y la reactivación de la economía" (Semana Económica 12.08.01).

    Mientras tanto, quedó fijada la fecha de presentación del Gabinete Dañino ante el Congreso para el próximo jueves 23. "Se ha decidido que la presentación sea siete días antes de la fecha que vence el plazo, porque hay un trabajo muy intenso que hacer. Se trata de un régimen que sentará las bases para los próximos años" anotó Dañino.

    El presidente del Consejo de Ministros restó importancia al pedido de delegación de facultades para que el Gobierno pueda legislar en materia tributaria. "Hay cuatro o cinco medidas tributarias que tienen que ver con el programa de reactivación. A esto se refieren las facultades, sin embargo esto no es lo sustantivo del plan de gobierno", explicó. Del mismo temperamento no parece ser la viceministra Teullet, para quien si el Congreso no le otorga facultades al Poder Ejecutivo "se pondría en riesgo la viabilidad del programa económico del Gobierno de Alejandro Toledo". Más allá del tremendismo, la economía permite avizorar un panorama inquietante.


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