Edición Nº 1683

 

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    ARTICULO

    16 de agosto de 2001

    Nuevos Mandos, ¿Nuevo Rostro?
    Gobierno cambia a los Comandantes Generales de las Fuerzas Arma das. Pero todavía no se divisan cambios sustanciales en el frente.

    Palacio de Gobierno, martes 14. Los nuevos Comandantes Generales flanqueados por el Presidente Toledo y por el ministro de Defensa, David Waisman. ¿Todo bien?

    NUEVAMENTE, por cuarta vez en menos de un año, el Ejecutivo puso en marcha un ritual que empieza a ser visto casi como una forma de exorcismo del poder civil: cambiar a los comandantes generales de las Fuerzas Armadas. El lunes 13 por la noche, tras varias horas de reunión, el ministro de Defensa, David Waisman, y el presidente Toledo anunciaron la decisión, tomada, según el comunicado 001 de la Secretaría de Prensa de Palacio de Gobierno, "en medio de un clima de normalidad absoluta".

    Así, en la Comandancia General del Ejército, el general José Cacho Vargas fue reemplazado por el general Víctor Bustamante Reátegui; en la Marina, el vicealmirante Alfredo Palacios Dongo ocupó el cargo de Comandante General que hasta ahora ejercía el vicealmirante Luis Vargas Cooban; y en la Fuerza Aérea el teniente general Miguel Medina Ramos -también jefe del Comando Conjunto de la Fuerza Armada- dejó la Comandancia General al teniente general Jorge Del Carpio Rivera.

    Normal nomás, es cierto, pero con algo de suspenso previo. El relevo que estaba cantado era el del teniente general FAP Miguel Medina, debido a la pública distancia que surgió entre él y Waisman durante la investigación que éste último, como congresista, llevó a cabo en junio pasado sobre la compra de tres aviones MiG 29 a Rusia. Entonces, Medina fue acusado de haber encubierto, mientras era Inspector General de la FAP, la presunta sobrevaluación en la compra de dichas aeronaves.

    Otra Comisión, presidida por el congresista Pedro Morales, no encontró responsabilidad en él, pero Waisman mantuvo su acusación, que hoy parece haberse trocado en la decisión del relevo. Lo curioso es que el reemplazante de Medina, el teniente general Del Carpio, no era jefe de Estado Mayor, como es el caso del general Bustamante y del vicealmirante Palacios, sino Jefe del Comando de Materiales, un puesto jerárquico menor. Esto significa que, para nivelar la jerarquía, otros altos oficiales también serían relevados.

    En el caso del Ejército, el cambio del general Cacho Vargas no era considerado inminente, debido a la buena gestión que estaba haciendo y a que estaba involucrado en el "Proyecto Ejército", una iniciativa surgida desde el interior de este instituto para promover su reforma. En todo caso, el general Bustamante estaba en línea de carrera, por su condición de jefe de Estado Mayor (segundo en jerarquía). Fue, además, el número uno del arma de Ingeniería de la Promoción 1969 ("Brea y Pariñas").

    En la Marina de Guerra, la situación es parecida. Palacios Dongo también pasó de la jefatura de Estado Mayor a la Comandancia General. Un hecho curioso es que Palacios fue Secretario General del Ministerio de Defensa durante la gestión del general Carlos Bergamino, lo que pudo haberle granjeado el mote de "montesinista". El nuevo Ejecutivo, sin embargo, no parece haber hecho cuestión de estado por eso y más bien optó por promoverlo.

    No es el maquillaje, aunque sea de campaña, el que producirá el cambio.

    Que Bustamante Reátegui y Palacios Dongo hayan sido antes jefes de Estado Mayor parece tener también otro significado. Fuentes militares informaron a CARETAS que una de las cosas que se vendría sería la desaparición del cargo de jefe del Comando Conjunto, o incluso el de Comandante General de cada institución. La idea sería seguir el modelo norteamericano, en el cual lo que existen son tres jefes de Estado Mayor que reportan al Presidente.

    La medida, de darse, apuntaría hacia el fortalecimiento del poder civil sobre las FF.AA. , pues los jefes de Estado Mayor sólo asesoran a su jefe inmediato, que en este modelo hipotético sería el Presidente, por ser el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas. Así ocurre en Estados Unidos con el Joint Chief of Staff, que reporta directamente al mandatario, o en España, donde el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas es el Rey Juan Carlos. Se evita así que la figura del jefe del Comando Conjunto crezca políticamente en exceso.

    Por el momento, se sigue hablando de los Comandantes Generales, pero no se especifica si supervivirá la figura del jefe del Comando Conjunto. Todo indica que no, pero además se habría previsto la fusión de algunas regiones militares, de modo que de las seis que existen actualmente se volvería a las cuatro de antes. La IV Región del Cusco sería subsumida por la III Región de Arequipa; y la VI Región de El Milagro (Bagua) sería asimilada a la V Región de Iquitos.

    Ambas medidas podrían conducir a un cuadro en el que el poder militar quedaría más diluido, en donde no habría un Comandante General, o jefe del Comando Conjunto, con mando de tropa, sino varios comandantes de regiones con cierta autonomía, pero bajo la coordinación de los jefes de Estado Mayor de cada arma o incluso de un Jefe de Estado Mayor Conjunto, elegido de entre ellos. Este a su vez reportaría al ministro de Defensa o al Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, es decir al Presidente de la República.

    Nada de esto, sin embargo, se divisa con claridad en el horizonte. Waisman ha dicho que, si por él fuera, haría los cambios en 180 días, cosa que es material y humanamente imposible. En Argentina, por ejemplo, el paso de los 70 generales que existían en la década de los '80 a los 39 que llegó a haber en 1997 -gracias en buena medida a la acción del Comandante General Martín Balza- fue gradual. Lo aconsejable es que los cambios de personal, que pueden implicar varios pases al retiro, se hagan con serenidad.

    Pero más importante que la reducción de personal, o la mejor administración de los recursos materiales, es saber qué pasos se va a dar para cambiar una cultura militar que aún está arraigada a ciertos valores en desuso. Las modernas concepciones de seguridad, como ya adelantamos en CARETAS 1682, transitan ahora por rutas distintas a la de la guerra entre Estados. Las nuevas amenazas son el narcotráfico, el deterioro ambiental, el tráfico de armas, el terrorismo internacional.

    Ante ello, las Fuerzas Armadas no pueden seguir diversificando sus funciones, invadiendo terrenos que no le son propios -la construcción de carreteras o la lucha contra el terrorismo, por citar dos casos- o encerrándose en ghettos sociales que les impiden abrirse no sólo a los civiles sino al mundo. El Ejecutivo, por su parte, haría bien en dejar el misterio y anunciar en los próximos días en qué más consistirá la tan mentada "reestructuración de las Fuerzas Armadas". (Ramiro Escobar).


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