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Edición Nº 1683 |
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Timón de Acero
EL paro de transporte público del martes 14, fue apenas la nariz de un ómnibus que circula sin freno desde hace años. Los transportistas piteaban porque el alcalde de Lima, Alberto Andrade, había anunciado una exhaustiva campaña de fiscalización y cobranza de la deuda por infracciones de tránsito la semana previa. "Nada de amnistías", dijo. E hizo bien. La factura acumulada por multas de tránsito desde 1996 asciende a la astronómica cifra de S/. 170, 544 millones. De ésta, 93,796 placas corresponden a unidades de transporte público que registran 320,228 papeletas. Es decir, un promedio de cuatro papeletas por vehículo, aunque se tienen casos dignos de Castro Castro. Un tal Víctor Alberto Valenzuela, por ejemplo, se ha dado maña para que le claven 194 papeletas en ese período, y adeuda S/. 91,646. Le pisa el guardafango Raúl Oncihuay Mendoza con 170 papeletas y una deuda de S/. 74,294. Y así una larga lista de locos del volante. La naturaleza de las infracciones (ver cuadro) explican por qué el paro de transportistas mereció la repulsa popular. De hecho, a mediodía del martes, cuatro de seis gremios de transporte público se allanaron ante la autoridad municipal. Primeros resultados: la creación de una comisión especial de trabajo que presidirá la regidora Maruja Valcárcel, titular de la Comisión de Transporte de la MML; la caducidad de las multas previas a 1997, excepto para las líneas piratas; y facilidades de pago de las papeletas: el 79 % de éstas son menores de S/. 500. `Es la primera vez que la Municipalidad de Lima puede ejercer su autoridad para ordenar el tránsito gracias a que ahora existe un gobierno democrático', ha dicho Andrade. Sin duda, en víspera del anunciado paro, tanto el Ministerio de Transportes y Comunicaciones como el del Interior dieron su respaldo a la comuna limeña. ¡Baja en el paradero! (Sonia Sullón B.)
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